← Aurrekoa Eclesiástico 51

4. Epílogo (51)

Salmo de alabanza\fm a\fm*

1 Yo te alabo, oh Dios, mi salvador,
te doy gracias, Dios y Padre mío.b
Voy a proclamar tu nombre,
2 refugio de mi vida,
porque me salvaste de la muerte,
porque libraste mi cuerpo de la tumba,
porque no dejaste que cayera en el reino de la muerte.
Me salvaste de las malas lenguas,
de las calumnias de los mentirosos.
3 Por tu gran amor me ayudaste,
te pusiste a mi lado contra mis enemigos,
contra los que querían quitarme la vida.
Me salvaste de grandes aflicciones,
4 de angustias que me cercaban como fuego,
de una hoguera que no podía apagarse,
5 del fondo del abismo,
de labios pérfidos y llenos de mentira,
6 de las flechas de lenguas traicioneras.
Ya estaba yo cerca de la muerte,
y mi vida casi en lo más hondo del abismo;
7 miré alrededor, y no había quien me ayudara;
busqué un apoyo, pero no lo había.
8 Entonces me acordé de la misericordia del Seńor
y de su amor, que es eterno.
El Seńor salva a quienes a él se acogen,
y los libra de todo mal.c
9 Alcé la voz desde la tierra,
grité desde las puertas del sepulcro
10 y oré: “Seńor, tú eres mi padre,
tú tienes poder para salvarme;
no me abandones en el momento del peligro,
en la hora del terror y la desolación.
Te alabaré continuamente
y te invocaré en mis oraciones.”
11 Entonces el Seńor oyó mi voz,
escuchó mi súplica
y me libró de todo mal;
me salvó en el momento del peligro.
12 ń ˇÉl ha dado poder a su pueblo!
Alabanza de todos sus fieles,
de los israelitas, su pueblo cercano.
ˇAlabado sea el Seńor!

La búsqueda de la sabiduría

13 Cuando yo era joven, antes de irme a recorrer mundo,
deseaba ardientemente recibir sabiduría.f
14 Y ella vino a mí con toda su belleza;
yo la busqué hasta que di por fin con ella.
15 Estaba en su punto, como racimo maduro,
y en ella se alegró mi corazón.
Y seguí fielmente su camino,
porque desde pequeńo la había aprendido.
16 En el poco tiempo que estuve escuchándola,
aprendí muchas cosas.
17 Someterme a ella fue un honor para mí;
por eso doy gracias a quien me la enseńó.
18 Decidí alcanzar algún bien
y no cambiarlo por nada cuando lo encontrara.
19 Me enamoré de ella,
y en ella tuve siempre fija la mirada.
Abrí la puerta de su casa
para abrazarla y contemplarla.
20 La deseé con toda mi alma
y la encontré con toda su pureza.
Desde el primer momento me enamoré de ella,
y por eso no la abandonaré,
jamás me apartaré de ella.
21 Mi corazón ardía como un horno al contemplarla;
por eso la adquirí, ˇqué gran tesoro!
22 El Seńor me concedió lo que le pedía;
por eso le daré gracias en voz alta.
23 Gente ignorante: venid a mí
y vivid en mi escuela.
24 żHasta cuándo queréis privaros de todo esto
y seguir sufriendo esa terrible sed?
25 Esto os digo acerca de la sabiduría:
adquiridla gratuitamente,
26 someteos a ella,
aceptad las tareas que os impone.
Ella está cerca de quienes la buscan;
el que se empeńe, la encontrará.
27 Ved con vuestros propios ojos qué poco he trabajado
y qué gran descanso he logrado encontrar.
28 Escuchad todos lo que aprendí en mi juventud,
y así adquiriréis oro y plata.
29 ˇAlegraos en mi escuela!
ˇNo os avergoncéis de mis enseńanzas!
30 Llevad una vida recta
y Dios os dará oportunamente el premio.
ˇBendito sea el Seńor eternamente,
y alabado sea su nombre por todas las edades!