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VI. EL REINO DE JUDÁ HASTA EL EXILIO EN BABILONIA(18.1–25.26)

Ezequías, rey de Judá

(2 Cr 29.1-2)

1 En el tercer ańo del reinado de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, Ezequías, hijo de Ahaz, rey de Judá, comenzó a reinar. 2 Tenía entonces veinticinco ańos de edad, y reinó en Jerusalén veintinueve ańos. Su madre se llamaba Abí, y era hija de Zacarías. 3 Los hechos de Ezequías fueron rectos a los ojos del Seńor, como todos los de su antepasado David. 4 Él fue quien quitó los santuarios paganos, hizo pedazos las piedras sagradas, rompió las representaciones de Aseraay destrozó la serpiente de bronce que Moisés había hechoby a la que hasta entonces los israelitas quemaban incienso y llamaban Nehustán. 5 Ezequías puso su confianza en el Seńor, el Dios de Israel. Entre todos los reyes de Judá que hubo antes o después de él, no hubo ninguno como él.c 6 Permaneció fiel al Seńor y nunca se apartó de él, sino que cumplió los mandamientos que el Seńor había ordenado a Moisés. 7 Por eso el Seńor le favorecía y le hacía tener éxito en todo lo que emprendía. Ezequías se rebeló contra el rey de Asiria y se negó a someterse a él.d 8 Además derrotó a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de vigilancia hasta las ciudades fortificadas.e

Caída de Samaria

9 En el cuarto ańo del reinado de Ezequías, que era el séptimo del reinado de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiria, rodeó la ciudad de Samaria, la sitió 10 y al cabo de tres ańos la tomó. Era el ańo sexto del reinado de Ezequías y el noveno del reinado de Oseas en Israel cuando Samaria fue tomada. 11 El rey de Asiria desterró a los israelitas a Asiria y los estableció en Halah, en la región del Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos.f 12 Esto sucedió porque no obedecieron al Seńor su Dios, sino que violaron su pacto y no hicieron caso de todo lo que Moisés, siervo del Seńor, les había mandado, ni lo pusieron en práctica.g

Senaquerib invade Judá\fm h\fm*

(2 Cr 32.1-19; Is 36.1-22)

13 En el ańo catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria,iatacó a todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó.j 14 Entonces Ezequías, rey de Judá, envió un mensaje al rey de Asiria, que estaba en Laquis,kdiciéndole: “He cometido un error.lRetírate de mi país y te pagaré el tributo que me impongas.” Por lo tanto, el rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, un tributo de nueve mil novecientos kilos de plata y novecientos noventa kilos de oro. 15 Así que Ezequías le entregó toda la plata que encontró en el templo del Seńor y en los tesoros del palacio real. 16 En aquella misma ocasión, Ezequías quitó del templo del Seńor las puertas y sus marcos, que él mismo había cubierto de oro, y se las dio al rey de Asiria. 17 Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías a un alto oficial, a un funcionario de su confianza y a otro oficial importante, al frente de un poderoso ejército; y estos fueron de Laquis a Jerusalén, para atacarla. Cuando llegaron a Jerusalén acamparon junto al canal del estanque de arriba, por el camino que va al campo del Lavador de Pańos.m 18 Luego llamaron al rey, y Eliaquim, hijo de Hilquías, que era el mayordomo de palacio, y Sebná,nel cronista, y Joah, hijo de Asaf, el secretario del rey, salieron a encontrarse con ellos. 19 Allí el oficial asirio les dijo: –Comunicad a Ezequías este mensaje del gran rey,ńel rey de Asiria: 'żDe qué te sientes tan seguro? 20 żPiensas acaso que las palabras bonitas valen lo mismo que la táctica y la fuerza para hacer la guerra? żEn quién confías para rebelarte contra mí? 21 Veo que confías en el apoyo de Egipto. Pues bien, Egipto es una cańa astillada, que si uno se apoya en ella, se le clava y le atraviesa la mano. Eso es el faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él. 22 Y si me decís: ‘Nosotros confiamos en el Seńor nuestro Dios’, żacaso no suprimió Ezequías los lugares de culto y los altares de ese Dios, y ordenó que la gente de Judá y Jerusalén le diera culto solamente en el altar de Jerusalén? 23 Haz un trato con mi amo, el rey de Asiria: yo te doy dos mil caballos, si consigues jinetes para ellos. 24 Tú, que no eres capaz de hacer huir ni al más insignificante de los oficiales asirios, żesperas conseguir jinetes y caballos en Egipto? 25 Además, żcrees que yo he venido a atacar y destruir este país sin contar con el Seńor? ˇÉl fue quien me ordenó atacarlo y destruirlo!' 26 Eliaquim, hijo de Hilquías, Sebná y Joah respondieron al oficial asirio: –Por favor, háblanos en arameo,opues nosotros lo entendemos. No nos hables en hebreo, pues toda la gente que hay en la muralla está escuchando. 27 Pero el oficial asirio dijo: –No fue ni a tu amo ni a vosotros a quienes el rey de Asiria me mandó que dijera esto. Fue precisamente a la gente que está sobre la muralla, pues ellos, lo mismo que vosotros, tendrán que comerse su propio estiércol y beberse sus propios orines.p 28 Entonces el oficial, de pie, gritó muy fuerte en hebreo: –Oíd lo que os dice el gran rey, el rey de Asiria: 29 ‘No os dejéis engańar por Ezequías; él no puede salvaros de mi mano.’ 30 Si Ezequías quiere convenceros de que confiéis en el Seńor, y os dice: ‘El Seńor ciertamente nos salvará; él no permitirá que esta ciudad caiga en poder del rey de Asiria’, 31 no le hagáis caso. El rey de Asiria me envía a deciros que hagáis las paces con él, y que os rindáis; así cada uno podrá comer del producto de su vińa y de su higuera, y beber el agua de su propia cisterna. 32 Después os llevará a un país parecido al vuestro, un país de trigales y vińedos, para hacer pan y vino, un país de aceite de oliva y miel. Entonces podréis vivir bien, y no moriréis. Pero no hagáis caso a Ezequías, porque os engańa al decir que el Seńor os va a librar. 33 żAcaso alguno de los dioses de los otros pueblos pudo salvar a su país del poder del rey de Asiria? 34 żDónde están los dioses de Hamat y de Arpad? żDónde están los dioses de Sefarvaim, Hená e Ivá? żAcaso pudieron salvar a Samaria del poder de Asiria? 35 żCuál de todos los dioses de esos países pudo salvar a su nación del poder del rey de Asiria? żPor qué pensáis que el Seńor puede salvar a Jerusalén?q 36 La gente se quedó callada y no le respondió ni una palabra, porque el rey había ordenado que no respondieran. 37 Entonces Eliaquim, mayordomo de palacio, Sebná, el cronista, y Joah, secretario del rey, se rasgaron la ropa afligidos y se fueron a ver a Ezequías para contarle lo que había dicho el alto oficial asirio.