Jesús sana al criado de un oficial romano\fm a\fm*
Mujeres que ayudaban a Jesús
Jesús instruye y envía a los apóstoles
Los setenta y dos enviados
1 Cuando Jesús terminó de hablar a la gente, se fue a Cafarnaún. 2 Vivía allí un centurión romano,bcuyo criado,cal que quería mucho, se encontraba a punto de morir. 3 Habiendo oído hablar de Jesús, el centurión envió a unos ancianos de los judíosda rogarle que fuera a sanar a su criado.Parábola del sembrador
4 Ellos se presentaron a Jesús y le rogaron mucho, diciendo: –Este centurión merece que le ayudes, 5 porque ama a nuestra nación. Él mismo hizo construir nuestra sinagoga.e 6 Jesús fue con ellos, pero cuando ya estaban cerca de la casa el centurión le envió unos amigos a decirle: –Seńor, no te molestes, porque yo no merezco que entres en mi casa.La incertidumbre de Herodes\fm d\fm*
7 Por eso, ni siquiera me atreví a ir en persona a buscarte. Solamente da la orden y mi criado se curará. 8 Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando a uno de ellos le digo que vaya, va; cuando a otro le digo que venga, viene; y cuando ordeno a mi criado que haga algo, lo hace.El porqué de las parábolas
9 Al oir esto, Jesús se quedó admirado, y mirando a la gente que le seguía dijo: –Os aseguro que ni aun en Israel he encontrado tanta fe como en este hombre.Jesús da de comer a una multitud\fm g\fm*
(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)
10 Al regresar a la casa, los enviados encontraron que el criado ya estaba sano.Jesús resucita al hijo de una viuda\fm f\fm*
Jesús explica la parábola del sembrador
11 Después de esto se dirigió Jesús a un pueblo llamado Naín.gIba acompańado de sus discípulos y de mucha otra gente. 12 Al acercarse al pueblo vio que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Mucha gente del pueblo la acompańaba.Reproches contra las ciudades incrédulas
13 Al verla, el Seńor tuvo compasión de ella y le dijo: –No llores. 14 En seguida se acercó y tocó la camilla,hy los que la llevaban se detuvieron. Jesús dijo al muerto: –Muchacho, a ti te digo, ˇlevántate! 15 Entonces el muerto se sentó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a la madre.El símil de la lámpara
16 Al ver esto, todos tuvieron miedo y comenzaron a alabar a Dios diciendo: –Un gran profeta ha aparecido entre nosotros. También decían: –Dios ha venido a ayudaria su pueblo.El regreso de los setenta y dos
17 Y por toda Judeajy sus alrededores corrió la noticia de lo que había hecho Jesús.Los enviados de Juan el Bautista
Pedro declara que Jesús es el Mesías
18 Juan se enteró de todas estas cosas,kporque sus seguidores se las contaron. Llamó a dos de ellosLa madre y los hermanos de Jesús
19 y los envió a Jesús, a preguntarle si él era el que había de venirlo si debían esperar a otro. 20 Los enviados de Juan se acercaron, pues, a Jesús y le dijeron: –Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si tú eres el que había de venir o si debemos esperar a otro.Sólo el Hijo sabe quién es el Padre
21 En aquel mismo momento sanó Jesús a muchas personas de sus enfermedades y sufrimientos, y de los espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos.La tempestad apaciguada
Jesús anuncia su muerte
22 Luego les contestó: –Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen,mlos muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia.n 23 ˇY dichoso el que no pierde su confianza en mí! 24 Cuando los enviados de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: –żQué salisteis a ver al desierto? żUna cańa sacudida por el viento?Parábola del buen samaritano
25 Y si no, żqué salisteis a ver? żUn hombre lujosamente vestido?ńLos que se visten con lujo y viven entre placeres están en los palacios de los reyes.El endemoniado de Gerasa
26 En fin, żqué salisteis a ver? żUn profeta? Sí, verdaderamente: y a uno que es mucho más que profeta. 27 Juan es aquel de quien dice la Escritura:‘Yo envío mi mensajero delante de ti,
para que te prepare el camino.’o
Transfiguración de Jesús\fm s\fm*
28 Os digo que ninguno entre todos los hombres ha sido más grande que Juan; sin embargo, el más pequeńo en el reino de Dios es más grande que él. 29 Todos los que oyeron a Juan, incluso los que cobraban impuestos para Roma, se hicieron bautizar por él, reconociendo así que Dios es justo; 30 pero los fariseos y los maestros de la ley no se hicieron bautizar por Juan, y de ese modo despreciaron lo que Dios había querido hacer en favor de ellos.p 31 “żA qué compararé la gente de este tiempo? żA qué se parece? 32 Se parece a los nińos que se sientan a jugar en la plaza y gritan a sus compańeros: ‘Tocamos la flauta y no bailasteis; cantamos canciones tristes y no llorasteis.’q 33 Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino,ry decís que tiene un demonio. 34 Luego ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís que es un glotón y bebedor, amigo de gente de mala fama y de los que cobran los impuestos para Roma.s 35 Pero la sabiduría de Dios se demuestra por todos sus resultados.”tJesús en casa de Simón el fariseo\fm u\fm*
36 Un fariseovinvitó a Jesús a comer, y Jesús fue a su casa. Estaba sentado a la mesa,Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro
37 cuando una mujer de mala famawque vivía en el mismo pueblo y que supo que Jesús había ido a comer a casa del fariseo, llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume.xJesús en casa de Marta y María
38 Llorando, se puso junto a los pies de Jesúsyy comenzó a bańarlos con sus lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó sobre ellos el perfume. 39 Al ver esto, el fariseo que había invitado a Jesús pensó: “Si este hombre fuera verdaderamente un profeta se daría cuenta de quién y qué clase de mujer es esta pecadora que le está tocando.”La hija de Jairo y la mujer enferma
40 Entonces Jesús dijo al fariseo: –Simón,ztengo algo que decirte. –Dímelo, Maestro –contestó el fariseo. 41 Jesús siguió: –Dos hombres debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta:a 42 pero, como no le podían pagar, el prestamista perdonó la deuda a los dos. Ahora dime: żcuál de ellos le amará más?b 43 Simón le contestó: –Me parece que aquel a quien más perdonó. Jesús le dijo: –Tienes razón.Jesús anuncia por segunda vez su muerte
44 Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: –żVes esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; en cambio, esta mujer me ha bańado los pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.żQuién es el más importante?
46 No derramaste aceite sobre mi cabeza, pero ella ha derramado perfume sobre mis pies.c 47 Por esto te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien poco se perdona, poco amor manifiesta. 48 Luego dijo a la mujer: –Tus pecados te son perdonados.Contra nosotros o a nuestro favor
49 Los otros invitados que estaban allí comenzaron a preguntarse: –żQuién es este que hasta perdona pecados?d 50 Pero Jesús ańadió, dirigiéndose a la mujer: –Por tu fe has sido salvada. Vete tranquila.eJesús sana al criado de un oficial romano\fm a\fm*
Mujeres que ayudaban a Jesús
Jesús instruye y envía a los apóstoles
Los setenta y dos enviados
1 Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas proclamando y anunciando el reino de Dios. Le acompańaban los doce apóstoles 2 y algunas mujeresaque él había librado de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaba María, la llamada Magdalena,bde la que habían salido siete demonios; 3 también Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes;cy Susana, y otras muchas que los ayudaban con lo que tenían.Parábola del sembrador
4 Mucha gente que estaba allí, más otra llegada de los pueblos, se reunió junto a Jesús, y él les contó esta parábola: 5 “Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de ella cayó en el camino, y fue pisoteada y las aves se la comieron. 6 Otra parte cayó entre las piedras, y brotó, pero se secó por falta de humedad.dLa incertidumbre de Herodes\fm d\fm*
7 Otra parte cayó entre espinos, y al nacer juntamente los espinos, la ahogaron. 8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.” Esto dijo Jesús, y ańadió con voz fuerte: “ˇLos que tienen oídos, oigan!”El porqué de las parábolas
9 Los discípulos preguntaron a Jesús qué significaba aquella parábola.Jesús da de comer a una multitud\fm g\fm*
(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)
10 Él les dijo: “A vosotros, Dios os daea conocer los secretos de su reino;fpero a los otros les hablo por medio de parábolas, para que por mucho que miren no vean y por mucho que oigan no entiendan.gJesús resucita al hijo de una viuda\fm f\fm*
Jesús explica la parábola del sembrador
11 “Esto significa la parábola: La semilla representa el mensaje de Dios. 12 La parte que cayó por el camino representa a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo y se lo quita del corazón para que no crean y se salven.Reproches contra las ciudades incrédulas
13 La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero luego, a la hora de la prueba, fallan. 14 La semilla que cayó entre espinos representa a los que oyen, pero poco a poco se dejan ahogar por las preocupaciones, las riquezas y los placeres, de modo que no llegan a dar fruto. 15 Pero la semilla que cayó en buena tierra representa a las personas que con corazón bueno y dispuesto oyen el mensaje y lo guardan, y permaneciendo firmes dan una buena cosecha.El símil de la lámpara
16 “Nadie enciende una lámpara para taparla con una olla o ponerla debajo de la cama, sino que la pone en altohpara que tengan luz los que entran.El regreso de los setenta y dos
17 De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a conocerse y ponerse en claro.iLos enviados de Juan el Bautista
Pedro declara que Jesús es el Mesías
18 “Así que oíd bien, pues al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que cree tener se le quitará.”jLa madre y los hermanos de Jesús
19 La madre y los hermanos de Jesús acudieron a donde él estaba, pero no pudieron acercársele porque había mucha gente. 20 Alguien avisó a Jesús: –Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.kSólo el Hijo sabe quién es el Padre
21 Él contestó: –Los que oyen el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, esos son mi madre y mis hermanos.lLa tempestad apaciguada
Jesús anuncia su muerte
22 Un día, Jesús entró en una barca con sus discípulos y les dijo: –Pasemos a la otra orilla del lago.mPartieron, pues, 23 y mientras cruzaban el lago, Jesús se quedó dormido. De pronto se desató una fuerte tormenta de viento sobre el lago; la barca se llenaba de agua y corrían peligro de hundirse. 24 Fueron a despertar a Jesús, diciéndole: –ˇMaestro, Maestro, nos estamos hundiendo! Jesús se levantó, dio una orden al viento y a las olas y todo se calmó y quedó tranquilo.Parábola del buen samaritano
25 Después dijo a sus discípulos: –żQué pasa con vuestra fe? Pero ellos, asustados y asombrados, se preguntaban unos a otros: –żQuién es este, que da órdenes al viento y al agua y le obedecen?nEl endemoniado de Gerasa
26 Por fin llegaron a la tierra de Gerasa,ńque está al otro lado del lago, frente a Galilea. 27 Al bajar Jesús a tierra, un hombre que estaba endemoniado salió del pueblo y se le acercó. Hacía mucho tiempo que andaba sin ropas y que no vivía en una casa, sino entre las tumbas.oTransfiguración de Jesús\fm s\fm*
28 Cuando vio a Jesús, cayó de rodillas delante de él gritando: –ˇNo te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ˇTe ruego que no me atormentes! 29 Dijo esto porque Jesús había ordenado al espíritu impuro que saliese de aquel hombre. Muchas veces el demonio se había apoderado de él, y aunque la gente le sujetaba las manos y los pies con cadenas para tenerle seguro, él las rompía y el demonio le hacía huir a lugares desiertos. 30 Jesús le preguntó: –żCómo te llamas? –Me llamo Legión –contestó, porque eran muchos los demonios que habían entrado en él,p 31 los cuales pidieron a Jesús que no los mandara al abismo.q 32 Como allí, en el monte, estaba paciendo una gran piara de cerdos,rlos espíritus le rogaron que los dejara entrar en ellos. Jesús les dio permiso. 33 Los demonios salieron entonces del hombre y entraron en los cerdos, y estos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y se ahogaron. 34 Al ver lo sucedido, los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y fueron a contarlo en el pueblo y por los campos. 35 La gente salió a ver lo que había pasado. Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, encontraron sentado a sus pies, vestido y en su cabal juicio, al hombre de quien habían salido los demonios; y tuvieron miedo.Jesús en casa de Simón el fariseo\fm u\fm*
36 Los que habían visto lo sucedido, les contaron cómo había sido curado aquel endemoniado.Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro
37 Toda la gente de la región de Gerasa comenzó entonces a rogar a Jesús que se marchara de allí, porque tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue.Jesús en casa de Marta y María
38 El hombre de quien habían salido los demonios le rogó que le permitiera ir con él, pero Jesús le ordenó que se quedase. Le dijo: 39 –Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti. El hombre se fue y contó por todo el pueblo lo que Jesús había hecho por él.sLa hija de Jairo y la mujer enferma
40 Cuando Jesús regresó al otro lado del lago,tla gente le recibió con alegría, porque todos le estaban esperando. 41 En esto llegó uno llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Este hombre se echó a los pies de Jesús suplicándole que fuera a su casa, 42 porque su única hija, que tenía unos doce ańos, estaba a punto de morir. Mientras Jesús iba, se sentía oprimido por la multitud. 43 Entre la gente había una mujer que desde hacía doce ańos estaba enferma, con hemorragias.uHabía gastado en médicos todo lo que tenía,vpero ninguno la había podido sanar.Jesús anuncia por segunda vez su muerte
44 Esta mujer se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de su capa, y en el acto se detuvo su hemorragia. 45 Entonces Jesús preguntó: –żQuién me ha tocado? Como todos negaban haberlo hecho, Pedro dijo: –Maestro, la gente te oprime y empuja por todos los lados.wżQuién es el más importante?
46 Pero Jesús insistió: –Alguien me ha tocado, porque he notado que de mí ha salido poder para sanar. 47 La mujer, al ver que no podía ocultarse, fue temblando a arrodillarse a los pies de Jesús. Le confesó delante de todos por qué razón le había tocadoxy cómo había sido sanada en el acto. 48 Jesús le dijo: –Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila.yContra nosotros o a nuestro favor
49 Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó un mensajero que dijo al jefe de la sinagoga: –Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro. 50 Pero Jesús lo oyó y le dijo: –No tengas miedo. Solamente cree y tu hija se salvará.IV. CAMINO DE JERUSALÉN (9.51–19.27)\fm h\fm*
Jesús reprende a Santiago y Juan
51 Al llegar a la casa, no dejó entrar con él a nadie más que a Pedro, Santiago y Juan, junto con el padre y la madre de la nińa. 52 Todos lloraban y se lamentaban por ella, pero Jesús les dijo: –No lloréis. La nińa no está muerta, sino dormida.z 53 La gente se burlaba de él, viendo que estaba muerta. 54 Entonces Jesús tomó de la mano a la nińa y dijo con voz fuerte: –ˇMuchacha, levántate! 55 Ella volvió a la vida, y al punto se levantó; y Jesús mandó que le dieran de comer. 56 Sus padres estaban impresionados, pero Jesús les ordenó que no contaran a nadiealo que había sucedido.Jesús sana al criado de un oficial romano\fm a\fm*
Mujeres que ayudaban a Jesús
Jesús instruye y envía a los apóstoles
Los setenta y dos enviados
1 Reunió Jesús a sus doce discípulos y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y sanar enfermedades. 2 Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.a 3 Les dijo: –No llevéis nada para el camino: ni bastón ni bolsa ni pan ni dinero ni ropa de repuesto.bParábola del sembrador
4 En cualquier casa donde entréis, quedaos hasta que os vayáis del lugar. 5 Y si en algún pueblo no os quieren recibir, salid de él y sacudíos el polvo de los pies, para que les sirva de advertencia.c 6 Salieron, pues, y fueron por todas las aldeas anunciando la buena noticia y sanando enfermos.La incertidumbre de Herodes\fm d\fm*
7 El rey Herodes oyó hablar de Jesús y de todo lo que hacía. Y no sabía qué pensar, porque unos decían que era Juan, que había resucitado; 8 otros, que había aparecido el profeta Elías, y otros, que era alguno de los antiguos profetas que había resucitado.eEl porqué de las parábolas
9 Pero Herodes dijo: –Yo mismo mandé que cortaran la cabeza a Juan. żQuién, pues, será este de quien oigo contar tantas cosas? Por eso Herodes tenía ganas de ver a Jesús.fJesús da de comer a una multitud\fm g\fm*
(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)
10 Cuando los apóstoles regresaron,hcontaron a Jesús lo que habían hecho. Él, tomándolos aparte, los llevó a un pueblo llamado Betsaida.iJesús resucita al hijo de una viuda\fm f\fm*
Jesús explica la parábola del sembrador
11 Pero cuando la gente lo supo, le siguieron; y Jesús los recibió, les habló del reino de Dios y sanó a los enfermos. 12 Cuando ya comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce discípulos y le dijeron: –Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida por las aldeas y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada.Reproches contra las ciudades incrédulas
13 Jesús les dijo: –Dadles vosotros de comer. Contestaron: –No tenemos más que cinco panes y dos peces, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente. 14 Eran unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: –Haced que se sienten en grupos, como de cincuenta en cincuenta. 15 Así lo hicieron, y se sentaron todos.El símil de la lámpara
16 Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos peces, y mirando al cielo dio gracias a Dios,jlos partió y los dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente.El regreso de los setenta y dos
17 La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía llenaron doce canastas con los trozos que sobraron.kLos enviados de Juan el Bautista
Pedro declara que Jesús es el Mesías
18 Un día estaba Jesús orando,lél solo. Luego sus discípulos se le reunieron, y él les preguntó: –żQuién dice la gente que soy yo?La madre y los hermanos de Jesús
19 Ellos contestaron: –Unos dicen que Juan el Bautista; otros dicen que Elías, y otros, que uno de los antiguos profetas, que ha resucitado.m 20 –Y vosotros, żquién decís que soy? –les preguntó. Pedro le respondió: –El Mesías de Dios.nSólo el Hijo sabe quién es el Padre
21 Pero Jesús les encargó mucho que no se lo dijeran a nadie.ńLa tempestad apaciguada
Jesús anuncia su muerte
22 Les decía Jesús: –El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho, y será rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Lo van a matar, pero al tercer día resucitará.o 23 Después dijo a todos: –El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.pParábola del buen samaritano
25 żDe qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?El endemoniado de Gerasa
26 Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la gloria de su Padre y de los santos ángeles.q 27 Os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto el reino de Dios.rTransfiguración de Jesús\fm s\fm*
28 Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un monte a orar,tacompańado de Pedro, Santiago y Juan. 29 Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostrouy sus ropas se volvieron muy blancas y brillantes. 30 Y aparecieron dos hombres conversando con él: eran Moisés y Elías,v 31 que estaban rodeados de un resplandor glorioso y hablaban de la partida de Jesús de este mundow, que iba a tener lugar en Jerusalén. 32 Aunque Pedro y sus compańeros tenían mucho sueńo, permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 33 Cuando aquellos hombres se separaban ya de Jesús, Pedro le dijo: –Maestro, ˇqué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pero Pedro no sabía lo que decía. 34 Mientras hablaba, una nube los envolvió en sombra; y al verse dentro de la nube, tuvieron miedo.x 35 Entonces de la nube salió una voz que dijo: “Este es mi Hijo, mi elegido. Escuchadle.”yJesús en casa de Simón el fariseo\fm u\fm*
36 Después que calló la voz, vieron que Jesús estaba solo.zEllos guardaron esto en secreto, y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto.Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro
37 Al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud salió al encuentro de Jesús.Jesús en casa de Marta y María
38 En esto, un hombre de en medio de la gente gritó con voz fuerte: –ˇMaestro, por favor, mira a mi hijo, el único que tengo! 39 Un espíritu se apodera de él, y de repente le hace gritar, retorcerse violentamente y echar espuma por la boca. Lo está destrozando, porque apenas se separa de él.aLa hija de Jairo y la mujer enferma
40 He rogado a tus discípulos que expulsen ese espíritu, pero no han podido. 41 Jesús contestó: –ˇOh gente sin fe y perversa!bżHasta cuándo tendré que estar con vosotros y soportaros? Trae aquí a tu hijo. 42 Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo arrojó al suelo y le hizo retorcerse con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y lo devolvió a su padre. 43 Todos se quedaron admirados de la grandeza de Dios. Mientras todos seguían asombrados por lo que Jesús había hecho, dijo él a sus discípulos:Jesús anuncia por segunda vez su muerte
44 –Oíd bien esto y no lo olvidéis: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.c 45 Pero ellos no entendían estas palabras, pues Dios no les había permitido entenderlo. Además tenían miedo de pedirle a Jesús que se las explicase.żQuién es el más importante?
46 Por aquel entonces, los discípulos se pusieron a discutir quién de ellos sería el más importante.d 47 Jesús, al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un nińo,elo puso junto a él 48 y les dijo: –El que recibe a este nińo en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió.fPor eso, el más insignificante entre todos vosotros, ese será el más importante.Contra nosotros o a nuestro favor
49 Juan le dijo: –Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero como no es de los nuestros se lo hemos prohibido. 50 Jesús le contestó: –No se lo prohibáis, porque el que no está contra nosotros está a nuestro favor.gIV. CAMINO DE JERUSALÉN (9.51–19.27)\fm h\fm*
Jesús reprende a Santiago y Juan
51 Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén. 52 Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para prepararle alojamiento; 53 pero los samaritanos no quisieron recibirle, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén.i 54 Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto le dijeron: –Seńor, si quieres, diremos que baje fuego del cielojpara que acabe con ellos. 55 Pero Jesús se volvió y los reprendió.k 56 Luego se fueron a otra aldea.Los que querían seguir a Jesús
57 Mientras iban de camino, un hombre dijo a Jesús: –Seńor, deseo seguirte adondequiera que vayas. 58 Jesús le contestó: –Las zorrasltienen cuevas y las aves nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza. 59 Jesús dijo a otro: –Sígueme. Pero él respondió: –Seńor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. 60 Jesús le contestó: –Deja que los muertos entierren a sus muertos.mTú ve y anuncia el reino de Dios. 61 Otro le dijo: –Seńor, quiero seguirte, pero deja que primero me despida de los míos. 62 Jesús le contestó: –El que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás,nno sirve para el reino de Dios.Jesús sana al criado de un oficial romano\fm a\fm*
Mujeres que ayudaban a Jesús
Jesús instruye y envía a los apóstoles
Los setenta y dos enviados
1 Después de esto escogió también el Seńor a otros setenta y dos,ay los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir. 2 Les dijo: “Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedidle al Dueńo de la mies que mande obreros a recogerla.b 3 Andad y ved que os envío como a corderos en medio de lobos.cParábola del sembrador
4 No llevéis bolsa ni monedero ni sandalias, y no os detengáis a saludar a nadie en el camino.d 5 Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: ‘Pazea esta casa.’ 6 Si en ella hay gente de paz, vuestro deseo de paz se cumplirá; si no, no se cumplirá.La incertidumbre de Herodes\fm d\fm*
7 Y quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, pues el obrero tiene derecho a su salario.fNo andéis de casa en casa. 8 Al llegar a un pueblo donde os reciban bien, comed lo que os ofrezcan;El porqué de las parábolas
9 y sanad a los enfermos del lugar y decidles: ‘El reino de Dios ya está cerca de vosotros.’Jesús da de comer a una multitud\fm g\fm*
(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)
10 Pero si llegáis a un pueblo y no os reciben, salid a las calles diciendo: