1. PRIMERA PARTE DE LAS MEMORIAS DE NEHEMÍAS: RECONSTRUCCIÓN DEL MURO DE JERUSALÉN (1.1--7.73a)
Oración de Nehemías por Jerusalén
1 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el ańo veinte, que estando yo en Susa, capital del reino,*** El nombre de Nehemías, que en hebreo significa Jehová consuela, era bastante corriente en el antiguo Israel (cf. Esd 2.1-2; Neh 3.16).Ańo veinte: Aunque no se da el nombre del rey, resulta evidente, por Neh 2.1 y 5.14, que se trata de Artajerjes (465-423 a.C.). La fecha indicada corresponde a noviembre-diciembre (heb. Quisleu) del ańo 445 a.C.Susa: una de las residencias reales de los monarcas persas (Est 1.1; 2.5; Dn 8.2). Véase Índice de mapas.2 vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá. Entonces les pregunté por los judíos que habían escapado, los que se habían salvado de la cautividad, y por Jerusalén. 3 Ellos me dijeron: «El resto, los que se salvaron de la cautividad, allí en la provincia, están en una situación muy difícil y vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego».** En la provincia: es decir, en Palestina, que después de la caída de Babilonia había sido anexada al imperio persa (véase Is 41.2 n.).Probablemente se alude a sucesos más recientes que el incendio y la destrucción de la ciudad durante las campańas militares de Nabucodonosor, acaecidas unos ciento cuarenta ańos antes, en el ańo 587 a.C. (2 R 25.1-17).4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos.* En esta oración de confesión, Nehemías reconoce los pecados de Israel, pero al mismo tiempo apela a la palabra del Seńor, que había prometido tomar en cuenta el arrepentimiento de su pueblo. Cf. oraciones semejantes en Esd 9.6-15; Neh 9.32-37.5 Y le dije: «Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; 6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oir la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo. 8 Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés, tu siervo, diciendo: “Si vosotros pecáis, yo os dispersaré por los pueblos;* Cf. Lv 26.33; Dt 28.64.9 pero si os volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra, aunque vuestra dispersión sea hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”.* De allí os recogeré... mi nombre: Cf. Dt 30.1-5. Aunque muchos judíos se adaptaron a las nuevas condiciones de vida en Babilonia, muchos otros se negaron a aceptar el destierro como algo definitivo. Cf. Sal 137 n.10 »Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.* Cf. Dt 9.29.11 Te ruego, Jehová, que esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo y dale gracia delante de aquel hombre». En aquel entonces servía yo de copero al rey.* Los coperos asistían al rey en las comidas, sirviéndole el vino. Eran personas de mucha confianza, que actuaban a veces como consejeros reales. Este alto cargo da una idea de la posición que habían alcanzado algunos judíos en el exilio.
© 1995 Sociedades Bíblicas Unidas