Jesús sana a un paralítico
1 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.* Su ciudad: Capernaúm (Mc 2.1), en la orilla noroeste del lago. Jesús parece haber establecido allí su domicilio durante un tiempo prolongado (cf. Mt 4.13).2 Y sucedió que le llevaron un paralítico tendido sobre una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: --Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.* Tus pecados te son perdonados: Lc 7.48; véase Mc 2.5 n.3 Entonces algunos de los escribas se decían a sí mismos: «Este blasfema».* «Este blasfema»: Según Mc 2.7, opinaban así porque Jesús declaraba perdonados los pecados, acto que solo le corresponde a Dios.4 Conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: --żPor qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 żQué es más fácil, decir: “Los pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados --dijo entonces al paralítico--: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7 Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8 La gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.* Como se creía que la enfermedad era causada por el pecado, la gente vio en la curación una prueba de que Jesús tenía autoridad divina, incluso para perdonar pecados.
Llamamiento de Mateo
9 Saliendo Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: --Sígueme. Él se levantó y lo siguió. 10 Aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, muchos publicanos y pecadores, que habían llegado, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.*** En la casa: Puede entenderse como la de Mateo, o la de Jesús mismo (véase 9.1 n.).Publicanos: Véanse Mt 5.46 n. y la Concordancia temática.Pecadores: Los fariseos llamaban pecadores (v. 11) a los que no interpretaban la Ley como ellos o ejercían profesiones poco honrosas. Para los fariseos, comer con los pecadores constituía un gesto de amistad y de aceptación. Cf. Lc 15.1-2; Jn 7.49.11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: --żPor qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oir esto Jesús, les dijo: --Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificios”, porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.*** Os 6.6, citado también en Mt 12.7. Oseas había insistido en que los actos de compasión y bondad son más importantes que ofrecer sacrificios en el Templo; cf. también Mt 5.23-24.A llamar a justos: Véase Lc 15.7 nota g.En diversos ms. no aparece: al arrepentimiento.
La pregunta sobre el ayuno
14 Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: --żPor qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?* Respecto al ayuno, véase Mt 6.16 n.15 Jesús les dijo: --żAcaso pueden los que están de boda tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado,ń 9.15El esposo les será quitado: Jesús alude figuradamente a su propia muerte.y entonces ayunarán.* Los que están de bodas: lit. los hijos del salón de bodas, expresión semítica.16 Nadie pone remiendo de pańo nuevo en vestido viejo, porque tal remiendo tira del vestido y se hace peor la rotura. 17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, el vino se derrama y los odres se pierden; pero echa el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.** Odres: o cueros, generalmente de piel de cabra. Eran recipientes para vino y otros líquidos.Con las imágenes usadas en estos v., se indica que lo nuevo, o sea el evangelio, requiere una actitud nueva de parte de la persona.
La hija de Jairo, y la mujer con flujo de sangre
18 Mientras él les decía estas cosas, llegó un dignatario y se postró ante él, diciendo: --Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.* Pon tu mano sobre ella: Véase Mc 5.23 n.19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 20 En esto, una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce ańos se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto,* Flujo de sangre: hemorragias causadas por una irregularidad menstrual, que además del sufrimiento hacía a la mujer ritualmente impura (cf. Lv 15.25-30).21 porque se decía a sí misma: «Con solo tocar su manto, seré salva». 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: --Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. 23 Cuando entró Jesús en la casa del dignatario y vio a los que tocaban flautas y a la gente que hacía alboroto,* Cuando alguien moría, era costumbre contratar flautistas y plańideras profesionales (mujeres a quienes se pagaba para llorar). Así se acentuaba el ambiente de duelo.24 les dijo: --Apartaos, porque la nińa no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él. 25 Pero cuando la gente fue echada fuera, entró y tomó de la mano a la nińa, y ella se levantó. 26 Y se difundió esta noticia por toda aquella tierra.
Dos ciegos reciben la vista
27 Cuando salió Jesús, lo siguieron dos ciegos, diciéndole a gritos: --ˇTen misericordia de nosotros, Hijo de David!* Hijo de David: título aplicado por los judíos al Mesías, quien había de ser descendiente del rey David (véase Mt 1.1 n.). Cf. el relato similar en Mt 20.29-34.28 Al llegar a la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: --żCreéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: --Sí, Seńor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: --Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: --Mirad que nadie lo sepa.* Que nadie lo sepa: Véase Mc 1.34 nota i.31 Pero cuando salieron, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Un mudo habla
32 Tan pronto ellos salieron, le trajeron un mudo endemoniado. 33 Una vez expulsado el demonio, el mudo habló. La gente se maravillaba y decía: --Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. 34 Pero los fariseos decían: --Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.* Mt 10.25; 12.24; Mc 3.22; Lc 11.15. Príncipe de los demonios: Véase Mt 12.24 n.
La mies es mucha
35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseńando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.** Del Reino: es decir, del reino de Dios.Mt 4.23; Mc 1.39; Lc 4.44.36 Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.* Cf. Nm 27.16-17; Jer 50.6-7; Ez 34.5; Zac 10.2; Mc 6.34.37 Entonces dijo a sus discípulos: «A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Seńor de la mies, que envíe obreros a su mies».* Lc 10.2; Jn 4.35.
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