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Miqueas 3 3 de 7 capítulos

Acusación contra los dirigentes de Israel

1 Después dije:
«Oíd ahora, príncipes de Jacob,
y jefes de la casa de Israel:
żNo concierne a vosotros saber%lo que es justo?
2 Pero vosotros aborrecéis lo bueno%y amáis lo malo,
le quitáis a la gente la piel
y la carne de encima de sus huesos;
*
Is 1.17; 5.20; Am 5.15.3 asimismo coméis la carne de mi pueblo,
arrancáis la piel de sobre ellos,
les quebráis los huesos
y los despedazáis como para el caldero,
como si fuera carne en la olla.
4 Un día clamaréis a Jehová,
pero él no os responderá,
antes esconderá de vosotros%su rostro en ese tiempo,
por cuanto hicisteis obras malvadas.
*
Is 1.15.5 »Así ha dicho Jehová%acerca de los profetas
que hacen errar a mi pueblo,
y claman: “ˇPaz!”, %cuando tienen algo que comer,
y al que no les da de comer,
le declaran la guerra:
6 »Por eso, de la profecía se os hará noche,
y oscuridad del adivinar.
Sobre los profetas se pondrá el sol,
el día se oscurecerá sobre ellos.
7 Serán avergonzados los profetas
y se confundirán los adivinos.
Todos ellos cerrarán sus labios,
porque no hay respuesta de Dios.
8 Mas yo estoy lleno%del poder del espíritu de Jehová,
de juicio y de fuerza,
para denunciar a Jacob su rebelión
y a Israel su pecado.
*
A diferencia de los profetas que vendían su mensaje, Miqueas habla y actúa bajo la inspiración del espíritu del Seńor. Cf. Is 6; 61.1-3; Jer 1.4-8; Ez 1--2.9 »Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob
y capitanes de la casa de Israel,
que abomináis el juicio
y pervertís todo derecho,
10 que edificáis a Sión con sangre
y a Jerusalén con injusticia.
*
Estos v. presentan metafóricamente la sangre, o sea, el crimen, y la injusticia como el cimiento sobre el que se edifica la ciudad. Cf. Ex 23.1-3,6-8; Lv 19.15; Dt 16.18-20; Am 5.7,10-15; Hab 2.12.11 Sus jefes juzgan por cohecho,
sus sacerdotes enseńan por precio,
sus profetas adivinan por dinero,
y se apoyan en Jehová, diciendo:
“żNo está Jehová entre nosotros?
No vendrá sobre nosotros ningún mal”.
12 Por eso, a causa de vosotros,
Sión será un campo arado,
Jerusalén se convertirá%en montones de ruinas
y el monte de la Casa%se cubrirá de bosque».
*
Aquí se predice por primera vez la destrucción de la ciudad de Jerusalén, que, por ser la ciudad de Dios y lugar de su morada, era considerada inviolable e indestructible (Sal 46.4-5; 48.1-3; Jer 7.4). Este texto sería citado un siglo más tarde para salvar la vida del profeta Jeremías (cf. Jer 26.18).