Purificación de la parturienta
1 Habló Jehová a Moisés y le dijo: 2 «Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer, cuando conciba y dé a luz un hijo varón, quedará impura durante siete días; como en los días de su menstruación será impura.* Quedará impura: Las impurezas mencionadas en esta sección no siempre presuponían una falta moral, como lo indica claramente esta referencia a la menstruación de la mujer. Se trataba de la impureza “cultual” o “legal”, que incapacitaba a las personas para participar en el culto y las obligaba a practicar ciertos ritos de purificación. Esta impureza podía contraerse de distintas maneras y hasta por razones totalmente ajenas a la voluntad, como en el caso de algunas enfermedades (cf., p.e., Lv 13.8; 15.2-3,25).3 Al octavo día se circuncidará al nińo.* Sobre este mandamiento, cf. Gn 17.12; Lc 2.21.4 Pero ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre. Ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario hasta que se cumplan los días de su purificación. 5 Si da a luz una hija, quedará impura durante dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre. 6 »Cuando los días de su purificación se cumplan, ya sea por un hijo o una hija, llevará al sacerdote un cordero de un ańo para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del Tabernáculo de reunión. 7 El sacerdote los ofrecerá delante de Jehová y hará expiación por ella. Así quedará limpia del flujo de su sangre». Esta es la ley para la que da a luz un hijo o una hija. 8 Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación. El sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia.* Cf. Lc 2.24.
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