Misión de los doce discípulos
1 Reuniendo a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.* Cf. Mc 3.14-15.3 Les dijo: --No toméis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas.* Ni llevéis dos túnicas: es decir, ropa de repuesto.4 En cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5 Dondequiera que no os reciban, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.* Cf. Lc 10.4-11. Sacudid el polvo de vuestros pies: en seńal de rechazo; cf. Mt 10.14; Hch 13.51.6 Y saliendo, pasaban por todas las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Muerte de Juan el Bautista
7 Herodes, el tetrarca, oyó de todas las cosas que hacía Jesús, y estaba perplejo, porque decían algunos: «Juan ha resucitado de los muertos»;* Se trata de Herodes Antipas, tetrarca o gobernador de Galilea; véase Mt 14.1 n.8 otros: «Elías ha aparecido»; y otros: «Algún profeta de los antiguos ha resucitado».* Cf. Mt 16.14 y paralelos. Los judíos creían que el profeta Elías había de regresar antes del día del Seńor (Mal 4.5-6).9 Y dijo Herodes: --A Juan yo lo hice decapitar; żquién, pues, es este de quien oigo tales cosas? Y procuraba verlo.* Este deseo de Herodes finalmente se cumplió, aunque en otras circunstancias; cf. Lc 23.8-12.
Alimentación de los cinco mil
(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)
10 Al regresar los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.** Al regresar: es decir, de la misión narrada en 9.1-6.Betsaida: población situada en la orilla nordeste del Mar de Galilea.11 Cuando la gente lo supo, lo siguió; y él los recibió, les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que necesitaban ser curados. 12 Pero el día comenzaba a declinar. Acercándose los doce, le dijeron: --Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor y se alojen y encuentren alimentos, porque aquí estamos en lugar desierto. 13 Él les dijo: --Dadles vosotros de comer. Dijeron ellos: --No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. 14 Eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: --Hacedlos sentar en grupos de cincuenta. 15 Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. 16 Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente.* Los bendijo: Véase Mt 14.19 n.17 Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que les sobró: doce cestas de pedazos.* Cf. 2 R 4.43-44.
La confesión de Pedro
18 Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: --żQuién dice la gente que soy yo? 19 Ellos respondieron: --Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.* Cf. Mt 14.1-2 y paralelos. Elías: Véase 9.7-8 n.20 Él les dijo: --żY vosotros, quién decís que soy? Entonces, respondiendo Pedro, dijo: --El Cristo de Dios.* Jn 6.68-69. El Cristo: título griego equivalente al hebreo Mesías; véase Concordancia temática. De Dios: o enviado por Dios.
Jesús anuncia su muerte
21 Pero él les mandó que a nadie dijeran esto,ń 9.21Que a nadie dijeran: Véase Mc 1.34 nota i.encargándoselo rigurosamente, 22 y diciendo: --Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día.* Mc 9.31; 10.32-34; Lc 9.44; 18.31-33.23 Y decía a todos: --Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. 24 Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará,* Mt 10.38-39; Lc 14.27; 17.33; Jn 12.24-25. Tome su cruz: Sobre el sentido de esta frase, véase Mt 10.38 n.25 pues, żqué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y se destruye o se pierde a sí mismo?, 26 porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre y de los santos ángeles.* Mt 10.33; Lc 12.9; 2 Ti 2.12.27 Pero en verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.* Sobre las diferentes interpretaciones de esta declaración, véase Mt 16.28 n.
La transfiguración
28 Como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.* Mt 14.23; Lc 6.12.29 Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió y su vestido se volvió blanco y resplandeciente.* La apariencia de su rostro cambió: Cf. Ex 34.29-35.30 Y dos varones hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías.* Moisés y Elías: Dt 18.15; Mal 4.5-6; véase Mt 17.3 n.31 Estos aparecieron rodeados de gloria; y hablaban de su partida, que Jesús iba a cumplir en Jerusalén.* Su partida: lit. éxodo, término que parece incluir su muerte y su ascensión al cielo (Lc 24.50-53), y que recuerda el éxodo o salida de los israelitas de Egipto.32 Pedro y los que lo acompańaban estaban rendidos de sueńo; pero, permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con él. 33 Y sucedió que, mientras estos se alejaban de él, Pedro dijo a Jesús: --Maestro, bueno es para nosotros estar aquí. Hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés y una para Elías. Pero no sabía lo que decía. 34 Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube.* En el AT la nube se relacionaba con la presencia de Dios y con el éxodo; véanse 9.31 n.; Mt 17.5 nota d y Lc 1.35 nota v.35 Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo amado; a él oíd».* Gn 22.2; Sal 2.7; Is 42.1; Mt 3.17; 12.18; Mc 1.11; Lc 3.22. Amado: La expresión a él oíd recuerda a Dt 18.15.36 Cuando cesó la voz, Jesús se encontraba solo. Ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.* Cuando cesó la voz, Jesús se encontraba solo: también puede traducirse: Cuando se escuchó esa voz, Jesús quedó solo.
Jesús sana a un muchacho endemoniado
37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro. 38 Y un hombre de la multitud clamó diciendo: --Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; 39 y sucede que un espíritu lo toma y, de repente, lo hace gritar, lo sacude con violencia, lo hace echar espuma y, estropeándolo, a duras penas se aparta de él.* Los síntomas son semejantes a los que hoy se conocen como característicos de la epilepsia; cf. Mt 17.15 n.40 Rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron. 41 Respondiendo Jesús, dijo: --ˇGeneración incrédula y perversa! żHasta cuándo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.* Cf. Dt 32.5.42 Mientras se acercaba el muchacho, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 43 Y todos se admiraban de la grandeza de Dios. Estando todos maravillados de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
Jesús anuncia por segunda vez%su muerte
44 --Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras, porque acontecerá que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.* Lc 9.22; 18.31-33.45 Pero ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendieran; y temían preguntarle sobre esas palabras.
żQuién es el mayor?
46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.* Lc 22.24.47 Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un nińo, lo puso junto a sí* Un nińo: Véase Mt 18.3 n.48 y les dijo: --Cualquiera que reciba a este nińo en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió, porque el que es más pequeńo entre todos vosotros, ese es el más grande.* Mt 10.40; Lc 10.16; Jn 13.20.
El que no está contra nosotros, por nosotros está
49 Entonces respondiendo Juan, dijo: --Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50 Jesús le dijo: --No se lo prohibáis, porque el que no está contra nosotros, por nosotros está.* Mt 12.30; Lc 11.23.
4. EL VIAJE A JERUSALÉN (9.51--19.27)
Jesús reprende a Jacobo y a Juan
51 Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53 Pero no lo recibieron, porque su intención era ir a Jerusalén.* Samaritanos: de Samaria, región entre Galilea y Judea. Los judíos no se llevaban bien con los samaritanos (véase Jn 4.9 n.), y estos negaban su ayuda a los peregrinos judíos que iban de paso hacia Jerusalén.54 Al ver esto, Jacobo y Juan, sus discípulos, le dijeron: --Seńor, żquieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?** Cf. 2 R 1.9-16En diversos ms. no aparece: como hizo Elías.55 Entonces, volviéndose él, los reprendió diciendo: --Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, 56 porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
Los que querían seguir a Jesús
57 Yendo por el camino, uno le dijo: --Seńor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Jesús le dijo: --Las zorras tienen guaridas y las aves de los cielos nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.* Zorras: Véase Lc 13.32 n.59 Y dijo a otro: --Sígueme. Él le respondió: --Seńor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: --Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú vete a anunciar el reino de Dios.* Deja que los muertos entierren a sus muertos: Véase Mt 8.22 n.61 Entonces también dijo otro: --Te seguiré, Seńor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Jesús le contestó: --Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrásń 9.62Frase proverbial, basada en el hecho de que quien ara con una yunta de bueyes no puede trazar un surco recto si mira hacia atrás (cf. Flp 3.13; Heb 12.1-2).es apto para el reino de Dios.
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