Jesús sana al siervo de un centurión
1 Después que terminó todas sus palabras al pueblo que lo oía, entró en Capernaúm. 2 Y el siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.** Siervo: La palabra griega significa propiamente esclavo.Centurión: oficial romano al mando de cien soldados.3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo.* Ancianos: esto es, dirigentes de la comunidad judía.4 Ellos se acercaron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: --Es digno de que le concedas esto, 5 porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga.* Posiblemente se trata de un prosélito o extranjero que había ayudado económicamente a los judíos; cf. Hch 10.2.6 Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: --Seńor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo, 7 por lo que ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, 8 pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace. 9 Al oir esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: --Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud.* Naín: una pequeńa población cerca de Nazaret.12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13 Cuando el Seńor la vio, se compadeció de ella y le dijo: --No llores. 14 Acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: --Joven, a ti te digo, levántate. 15 Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16 Todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado a su pueblo».* Dios ha visitado: es decir, Dios ha venido a ayudar; véase Lc 1.68 n.17 Y se extendió la fama de él por toda Judea y por toda la región de alrededor.* Judea: Aquí puede significar todo el país de los judíos.
Los mensajeros de Juan el Bautista
18 Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,* Según Mt, esto ocurrió cuando Juan el Bautista estaba en la cárcel (Mt 11.2).19 y los envió a Jesús para preguntarle: «żEres tú el que había de venir o esperaremos a otro?».* El que había de venir: el Cristo.20 Cuando, pues, los hombres vinieron a él, le dijeron: --Juan el Bautista nos ha enviado a ti para preguntarte: “żEres tú el que había de venir o esperaremos a otro?”. 21 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades, plagas y espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22 Respondiendo Jesús, les dijo: --Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio;** Cf. Is 29.18-19; 35.5-6.Cf. Is 26.19; 61.1; cf. también Lc 4.16-21.23 y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. 24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a la gente: --żQué salisteis a ver al desierto? żUna cańa sacudida por el viento? 25 żO qué salisteis a ver? żA un hombre cubierto de vestiduras delicadas? Pero los que tienen vestidura preciosań 7.25Vestidura preciosa: o lujosa, en contraste con la ropa corriente y áspera que vestía Juan el Bautista (Mt 3.4).y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. 26 Entonces żqué salisteis a ver? żA un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 27 Este es de quien está escrito:
»“Yo envío mi mensajero%delante de tu faz,
el cual preparará tu camino%delante de ti”.* Mal 3.1; cf. Ex 23.20. (Citado también en Mt 11.10; Mc 1.2; Lc 1.76.)28 »Os digo que entre los nacidos de mujeres no hay mayor profeta que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeńo en el reino de Dios es mayor que él. 29 El pueblo entero que lo escuchó, incluso los publicanos, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y los intérpretes de la Ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, y no quisieron ser bautizados por Juan.* Mt 21.32; Lc 3.7,12.31 Agregó el Seńor: --żA qué, pues, compararé a los hombres de esta generación? żA qué son semejantes? 32 Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que se gritan unos a otros y dicen: “Os tocamos flauta, y no bailasteis; os entonamos canciones de duelo y no llorasteis”.* Es decir, no hacen a su debido tiempo lo que deberían hacer. Es la imagen de unos nińos que juegan en la plaza a bodas y funerales, pero sin lograr ponerse de acuerdo.33 Vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: “Demonio tiene”.* Juan llevaba una vida austera; véase Lc 1.15 nota i.34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores”.* Lc 15.2.35 Pero la sabiduría es justificada por todos sus hijos.* Por todos sus hijos: otra posible traducción: Por los que la aceptan. Cf. Mt 11.19.
Jesús en el hogar de Simón, el fariseo
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiera con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.* Fariseo: Véase Concordancia temática.37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;** Pecadora: Posiblemente la mujer era una prostituta, aunque el texto no lo dice (véase Mt 9.10 nota h).Alabastro: Véase Mc 14.3 nota e.38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume.* En ciertas ocasiones de carácter formal, los judíos, para comer, se recostaban en divanes con los pies descalzos y alejados de la mesa; de ese modo la mujer pudo acercarse a los pies de Jesús.39 Cuando vio esto el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: «Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora». 40 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: --Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: --Di, Maestro. 41 --Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta.* Un denario equivalía al salario de un día.42 No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, żcuál de ellos lo amará más?* Aquí y en el v. 47 el verbo amar tiene un matiz de agradecimiento.43 Respondiendo Simón, dijo: --Pienso que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: --Rectamente has juzgado. 44 Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón: --żVes esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies.* Simón había brindado a Jesús únicamente las cortesías mínimas, sin darle las atenciones debidas a un huésped de honor (cf. Gn 18.4; Sal 23.5).47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: --Tus pecados te son perdonados. 49 Los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: --żQuién es este, que también perdona pecados?* Lc 5.20-21 y paralelos.50 Pero él dijo a la mujer: --Tu fe te ha salvado; ve en paz.* Lc 8.48; 17.19; 18.42.
© 1995 Sociedades Bíblicas Unidas