Misión de los setenta
1 Después de estas cosas, el Seńor designó también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.* Setenta: otros ms. dicen: setenta y dos. Es una posible alusión simbólica a la evangelización del mundo pagano, ya que tradicionalmente se hablaba de 70 (ó 72) naciones en el mundo (las naciones enumeradas en Gn 10 son 70 en el texto hebreo y 72 en la versión griega, LXX).2 Y les dijo: «La mies a la verdad es mucha, pero los obreros pocos; por tanto, rogad al Seńor de la mies que envíe obreros a su mies.* Mt 9.37-38; Jn 4.35.3 Id; yo os envío como corderos en medio de lobos.* Mt 10.16.4 No llevéis bolsa ni alforja ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.* Y a nadie saludéis por el camino: Cf. 2 R 4.29. Los intercambios ceremoniales de salutación en el oriente podían ocupar bastante tiempo. Los discípulos debían dedicarse enteramente a su misión.5 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: “Paz sea a esta casa”.* Paz sea a esta casa: saludo tradicional judío.6 Si hay allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 7 Quedaos en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.* El obrero es digno de su salario: Mt 10.10; cf. 1 Co 9.14; 1 Ti 5.18.8 En cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan delante 9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios”. 10 Pero en cualquier ciudad donde entréis y no os reciban, salid por sus calles y decid: 11 “ˇAun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros! Pero sabed que el reino de Dios se ha acercado a vosotros”.* Cf. Mt 10.7-14; Mc 6.8-11; Lc 9.3-5. ˇAun el polvo... contra vosotros!: Ademán de rechazo (Mt 10.14); cf. Hch 13.51.12 Os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para aquella ciudad.* Sodoma: Gn 19.24-28; Mt 11.24; véase Mt 10.15 n.
Ayes sobre las ciudades impenitentes
13 »ˇAy de ti, Corazín! ˇAy de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentadas en ceniza y con vestidos ásperos, se habrían arrepentido.* Corazín y Betsaida, así como Capernaúm (v. 15), eran pueblos de Galilea donde Jesús había anunciado su mensaje. Tiro y Sidón eran ciudades paganas, al norte de Galilea (Is 23; Ez 26--28; Am 1.9-10). Vestidos ásperos y ceniza eran seńales de arrepentimiento.14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras. 15 Y tú, Capernaúm, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.* Is 14.13-15. El Hades: nombre griego del lugar de los muertos; véase Reino de la muerte en la Concordancia temática.16 »El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió».* Mt 10.40; Mc 9.37; Lc 9.48; Jn 5.23; 13.20.
Regreso de los setenta
17 Regresaron los setenta con gozo, diciendo: --ˇSeńor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre! 18 Les dijo: --Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.* Cf. Jn 12.31; Ro 16.20; Ap 20.1-3,10.19 Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dańará.* Sal 91.13; Mc 16.18; Hch 28.3-6.20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.ń 10.20Cf. Dn 12.1; Flp 4.3; Ap 3.5; 13.8; 17.8; 20.12.
Jesús se regocija
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: «Yo te alabo, Padre, Seńor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los nińos. Sí, Padre, porque así te agradó.* Cf. 1 Co 1.26-28.22 »Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar».** Jn 3.35.Jn 1.18; 6.65; 10.14-15.23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: --Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis, 24 pues os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.* Cf. Heb 11.13; 1 P 1.10-12.
El buen samaritano
25 Un intérprete de la Ley se levantó y dijo, para probarlo: --Maestro, żhaciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: --żQué está escrito en la Ley? żCómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: --Amarás al Seńor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.** Dt 6.5.Lv 19.18.28 Le dijo: --Bien has respondido; haz esto y vivirás.* Lv 18.5.29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: --żY quién es mi prójimo?* Según Lv 19.18,33-34, el deber de amar al prójimo se extendía a los israelitas y a los extranjeros establecidos en Israel.30 Respondiendo Jesús, dijo: --Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto.* El camino de Jerusalén a Jericó, que en solo 25 km. baja unos 1000 m. hasta llegar al valle del Jordán, pasa por lugares desiertos y era notorio por los frecuentes asaltos de bandidos a viajeros. Los oyentes de Jesús darían por supuesto que el hombre de esta parábola era un judío (véase 10.33 n.).31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y al verlo pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, al verlo pasó de largo.* Levita: miembro de la tribu de Leví que servía en el culto del Templo.33 Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él y, al verlo, fue movido a misericordia.* Con fina ironía, Jesús pone a un samaritano (véase 9.52-53 n.), a quien los judíos consideraban extranjero y prácticamente pagano, como ejemplo de alguien que cumplió con el mandamiento de amar al prójimo.34 Acercándose, vendó sus heridas echándoles aceite y vino, lo puso en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él.* Aceite de oliva y vino eran remedios caseros comunes.35 Otro día, al partir, sacó dos denarios, los dio al mesonero y le dijo: “Cuídamelo, y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando regrese”.* Dos denarios: el equivalente al salario obrero de dos días. Véase Tabla de pesas, medidas y monedas.36 żQuién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?* Jesús insinúa que el samaritano no se detuvo a preguntarse si el otro era su prójimo (según la opinión común no lo era), sino que se hizo prójimo del necesitado al brindarle su ayuda.37 Él dijo: --El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: --Ve y haz tú lo mismo.
Jesús visita a Marta y a María
38 Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.* Jn 11.1; 12.2-3. Sentarse a los pies del maestro es una posición característica del discípulo. Cf. Mt 5.1; Hch 22.3.40 Marta, en cambio, se preocupaba con muchos quehaceres y, acercándose, dijo: --Seńor, żno te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: --Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
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