3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En los montes de Efraín vivía un hombre que se llamaba Micaía, 2 el cual dijo a su madre: --Los mil cien siclos de plata que te robaron, por los cuales maldijiste y de los cuales me hablaste, están en mi poder; yo tomé ese dinero. Entonces la madre dijo: --ˇBendito seas de Jehová, hijo mío! 3 Cuando él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre, esta dijo: --En verdad, por mi hijo he dedicado el dinero a Jehová, para hacer una imagen de talla y una de fundición; pero ahora te lo devuelvo. 4 Cuando él devolvió el dinero a su madre, ella tomó doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo con ellos una imagen de talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía. 5 Este hombre Micaía tuvo así un lugar donde adorar a sus dioses. Hizo un efod y unos terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos días no había rey en Israel y cada cual hacía lo que bien le parecía. 7 Había un joven de Belén de Judá, el cual era levita y forastero allí. 8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar un lugar. En su viaje llegó a los montes de Efraín, a la casa de Micaía.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.9 Micaía le preguntó: --żDe dónde vienes? El levita le respondió: --Soy de Belén de Judá y voy a vivir donde pueda encontrar lugar. 10 Micaía le propuso: --Quédate en mi casa, y para mí serás padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por ańo, vestidos y comida. Y el levita se quedó. 11 Le agradó, pues, al levita quedarse con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos. 12 Micaía consagró al levita; aquel joven le sirvió de sacerdote y permaneció en casa de Micaía. 13 Entonces Micaía pensó: «Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo a un levita por sacerdote».
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En aquellos días no había rey en Israel. La tribu de Dan buscaba un territorio propio donde habitar, porque hasta entonces no había obtenido su heredad entre las tribus de Israel. 2 Por eso los hijos de Dan enviaron desde Zora y Estaol cinco hombres de su tribu, hombres valientes, para que reconocieran y exploraran bien la tierra. Y les dijeron: «Id y reconoced la tierra». Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron. 3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita y, llegándose allá, le preguntaron: --żQuién te ha traído acá? żQué haces aquí? żQué buscas tú por aquí? 4 Él les respondió: --De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. 5 Ellos le pidieron entonces: --Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de irnos bien en este viaje que hacemos. 6 El sacerdote les respondió: --Id en paz: delante de Jehová está el camino en que andáis. 7 Salieron luego aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que el pueblo que habitaba en esa ciudad estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región los perturbara en cosa alguna, ni nadie se enseńoreara sobre ellos. Estaban lejos de los sidonios y no tenían negocios con nadie. 8 Cuando los cinco hombres regresaron a sus hermanos de Zora y Estaol, estos les preguntaron: --żQué hay? Ellos respondieron:* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.9 --Levantaos, subamos contra ellos, porque hemos explorado la región y hemos visto que es muy buena. żNo haréis vosotros nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra. 10 Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta cosa alguna que haya en la tierra. 11 Entonces salieron de Zora y de Estaol seiscientos hombres de la familia de Dan provistos de armas de guerra. 12 Fueron y acamparon en Quiriat-jearim, en Judá, por lo cual aquel lugar, que está al occidente de Quiriat-jearim, se llama hasta hoy el campamento de Dan. 13 De allí pasaron al monte de Efraín y llegaron hasta la casa de Micaía. 14 Aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron entonces a sus hermanos: «żNo sabéis que en estas casas hay un efod y terafines, una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de hacer». 15 Cuando llegaron allá, entraron a donde vivía el joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16 Los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados con sus armas de guerra a la entrada de la puerta. 17 Subiendo luego los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras se quedaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados con armas de guerra. 18 Entraron, pues, aquellos hombres en la casa de Micaía y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. El sacerdote les dijo: --żQué hacéis vosotros? 19 Ellos le respondieron: --Calla, pon la mano sobre tu boca y ven con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. żEs acaso mejor ser sacerdote en la casa de un solo hombre que serlo de una tribu y de una familia de Israel?* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Se alegró el corazón del sacerdote, quien tomó el efod, los terafines y la imagen, y se fue con el pueblo. 21 Ellos iniciaron la marcha y partieron llevando delante a los nińos, el ganado y el bagaje. 22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la de él se juntaron y siguieron a los hijos de Dan. 23 Les gritaron, y los de Dan, volviendo sus rostros, dijeron a Micaía: --żQué tienes, que has juntado gente?* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Él respondió: --Os apoderasteis de los dioses que yo hice y de mi sacerdote. Vosotros os vais, y a mí żqué más me queda? żPor qué, pues, me preguntáis: “żQué tienes?”. 25 Los hijos de Dan contestaron: --No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y regresó a su casa. 27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, un pueblo tranquilo y confiado, hirieron a sus habitantes a filo de espada y quemaron la ciudad. 28 No hubo quien los defendiera, porque se hallaban lejos de Sidón y no tenían negocios con nadie. Lais estaba situada en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad y habitaron en ella. 29 Y pusieron a aquella ciudad el nombre de Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, aunque antes la ciudad se llamaba Lais. 30 Allí los hijos de Dan levantaron, para adorarla, la imagen de talla. Y Jonatán hijo de Gersón hijo de Moisés, y sus hijos, fueron los sacerdotes en la tribu de Dan hasta el día del cautiverio de la tierra. 31 Así, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo, tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía había hecho.
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que vivía como forastero en la parte más remota de los montes de Efraín. Había tomado para sí, como concubina, a una mujer de Belén de Judá; 2 pero su concubina le fue infiel, lo abandonó y se fue a casa de su padre, en Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses. 3 Se levantó su marido y fue tras ella para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevaba consigo un criado y un par de asnos. La mujer lo hizo entrar en la casa de su padre. 4 Al verlo, el padre de la joven salió a recibirlo gozoso. Lo detuvo su suegro, el padre de la joven, y se quedó en su casa tres días, comiendo, bebiendo y alojándose allí. 5 Al cuarto día, cuando se levantaron de mańana, se levantó también el levita para irse, pero el padre de la joven dijo a su yerno: --Conforta tu corazón con un bocado de pan y después os iréis. 6 Se sentaron ellos dos juntos, comieron y bebieron. El padre de la joven pidió al hombre: --Te ruego que pases aquí la noche, y de seguro se alegrará tu corazón. 7 Se levantó el hombre para irse, pero insistió su suegro y volvió a pasar la noche allí. 8 Al quinto día, levantándose de mańana para irse, le dijo el padre de la joven: --Conforta ahora tu corazón y aguarda hasta que decline el día. Y ambos comieron juntos.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.9 Luego el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: --Ya el día declina y va a anochecer; te ruego que paséis aquí la noche. Puesto que el día se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón. Mańana os levantaréis temprano y os pondréis en camino, y te irás a tu casa. 10 Pero el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se levantó y se fue. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos ensillados y su concubina. 11 Estando ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a su seńor: --Ven ahora, vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche. 12 Su seńor le respondió: --No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel, sino que seguiremos hasta Gabaa. Y ańadió: 13 --Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. 14 Así, pues, siguieron adelante, y cuando se les puso el sol estaban junto a Gabaa, ciudad de la tribu de Benjamín. 15 Entonces se apartaron del camino y entraron en Gabaa para pasar allí la noche, pero se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiera en su casa para pasar la noche. 16 Llegó entonces un hombre viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual era de los montes de Efraín y vivía como forastero en Gabaa, pues los habitantes de aquel lugar eran hijos de Benjamín. 17 Alzando el viejo los ojos vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: --żA dónde vas y de dónde vienes? 18 Él respondió: --Venimos de Belén de Judá y vamos a la parte más remota de los montes de Efraín, de donde soy. Estuve en Belén de Judá, pero ahora voy a la casa de Jehová y no hay quien me reciba en su casa. 19 Tenemos paja y forraje para nuestros asnos; también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo. No nos falta nada.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 El hombre anciano le dijo entonces: --La paz sea contigo. Tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza. 21 Los trajo a su casa y dio de comer a sus asnos; se lavaron los pies, y comieron y bebieron. 22 Pero cuando estaban gozosos, los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpearon a la puerta y le dijeron al anciano dueńo de la casa: --Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23 Salió a su encuentro el dueńo de la casa y les dijo: --No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal. Puesto que este hombre es mi huésped, no hagáis esta maldad.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Aquí está mi hija virgen y la concubina de él; yo os las sacaré ahora: humilladlas y haced con ellas como os parezca, pero no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Pero ellos no lo quisieron oir. Así que el levita tomó a su concubina y la sacó. Aquellos hombres entraron a ella, abusaron de ella toda la noche hasta la mańana y la dejaron cuando apuntaba el alba.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Cuando ya amanecía, vino la mujer y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su seńor estaba, hasta que fue de día. 27 Se levantó por la mańana su seńor, abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino, pero allí estaba su concubina tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral. 28 El levita le dijo: --Levántate y vámonos. Pero ella no respondió. Entonces aquel hombre la levantó y, echándola sobre su asno, se fue a su lugar. 29 Al llegar a su casa, tomó un cuchillo, echó mano de su concubina, la partió por sus huesos en doce partes y la envió por todo el territorio de Israel. 30 Y todo el que veía aquello decía: «Jamás se ha hecho ni visto tal cosa desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo y hablad».
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Entonces salieron todos los hijos de Israel, y delante de Jehová, en Mizpa, se reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad. 2 Los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaban presentes en la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3 Los hijos de Benjamín supieron entonces que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Preguntaron los hijos de Israel: --Decid cómo fue esta maldad. 4 El levita, marido de la mujer muerta, respondió: --Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina para pasar allí la noche, 5 pero se levantaron contra mí los de Gabaa, rodearon la casa donde pasaba la noche, con la idea de matarme, y a mi concubina la humillaron de tal manera que murió. 6 Luego la tomé, la corté en pedazos y la envié por todo el territorio de la posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7 Puesto que todos vosotros sois hijos de Israel, dad ahora vuestro parecer y consejo. 8 Como un solo hombre, todo el pueblo se levantó y dijo: --Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni volverá ninguno de nosotros a su casa.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.9 Esto es ahora lo que haremos con Gabaa: contra ella subiremos por sorteo. 10 Tomaremos diez hombres de cada ciento de todas las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil, que lleven víveres para el pueblo, para que, yendo este a Gabaa de Benjamín, le hagan conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel. 11 Se juntaron, pues, todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre. 12 Y las tribus de Israel enviaron hombres por toda la tribu de Benjamín, diciendo: «żQué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? 13 Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en Gabaa, para que los matemos y quitemos el mal de Israel». Pero los de Benjamín no quisieron oir la voz de sus hermanos los hijos de Israel, 14 sino que los de Benjamín, de todas las ciudades, se juntaron en Gabaa para salir a pelear contra los hijos de Israel. 15 Fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín, de las ciudades, y eran veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin contar los setecientos hombres escogidos que vivían en Gabaa. 16 Entre toda aquella gente había setecientos hombres escogidos que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello y no erraban. 17 También se contaron los hombres de Israel, fuera de Benjamín, y sumaban cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 18 Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: --żQuién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Jehová respondió: --Judá será el primero. 19 Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la mańana, contra Gabaa.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín, y los hombres de Israel le presentaron batalla junto a Gabaa. 21 Pero los hijos de Benjamín salieron de la ciudad y derribaron por tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22 Reanimándose el pueblo, los hombres de Israel volvieron a darles batalla en el mismo lugar donde la habían presentado el primer día, 23 pues los hijos de Israel habían subido y llorado delante de Jehová hasta la noche, y habían consultado a Jehová diciendo: --żVolveremos a pelear con los hijos de Benjamín, nuestros hermanos? Jehová les respondió: --Subid contra ellos.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Por lo cual se acercaron por segunda vez los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín. 25 Pero aquel segundo día salieron los de Benjamín de Gabaa contra ellos y derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Entonces subieron todos los hijos de Israel, todo el pueblo, y fueron a la casa de Dios. Lloraron, se sentaron allí en presencia de Jehová, ayunaron aquel día hasta la noche y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. 27 Los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues el Arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días, 28 y Finees hijo de Eleazar hijo de Aarón ministraba delante de ella en aquellos días): --żSaldremos de nuevo contra los hijos de Benjamín, nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Jehová dijo: --Subid, porque mańana yo os los entregaré. 29 Entonces puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30 Al tercer día subieron entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín y presentaron batalla delante de Gabaa, como las otras veces. 31 Salieron a su encuentro los hijos de Benjamín, alejándose de la ciudad, y comenzaron a herir a algunos del pueblo, matándolos como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el y el otro a Gabaa. Así mataron en el campo a unos treinta hombres de Israel. 32 Los hijos de Benjamín decían: «Están vencidos ante nosotros, como la vez anterior». Pero los hijos de Israel decían: «Huiremos y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos». 33 Entonces se levantaron todos los de Israel de su lugar y se pusieron en orden de batalla en Baal-tamar. También los emboscados de Israel salieron de sus escondites en la pradera de Gabaa. 34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, lo cual hizo que la batalla arreciara; pero los de Benjamín no sabían que ya el desastre se cernía sobre ellos. 35 Jehová derrotó a Benjamín delante de Israel: aquel día mataron los hijos de Israel a veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada. 36 Los hijos de Benjamín vieron entonces que estaban siendo derrotados, y los hijos de Israel cedieron terreno a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37 Los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a Gabaa, avanzaron y pasaron a filo de espada a toda la ciudad. 38 La seńal concertada entre los hombres de Israel y las emboscadas era que hicieran subir una gran humareda de la ciudad. 39 Luego que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a herir, y mataron como a treinta hombres de Israel, por lo que decían: «Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla». 40 Pero cuando la columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los de Benjamín miraron hacia atrás, y vieron que el humo de la ciudad subía al cielo. 41 Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor, porque vieron que el desastre había caído sobre ellos. 42 Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel y huyeron hacia el camino del desierto; pero la batalla los alcanzó y los que salían de las ciudades les cortaban el paso y los mataban. 43 Así cercaron a los de Benjamín, los acosaron y atropellaron desde Menúha hasta frente a Gabaa, hacia donde nace el sol. 44 Cayeron dieciocho mil hombres de Benjamín, todos ellos hombres de guerra. 45 Los demás se volvieron y huyeron hacia el desierto, a la peńa de Rimón; pero de ellos cayeron abatidos cinco mil hombres en los caminos; después los persiguieron aun hasta Gidom y mataron de ellos a dos mil hombres.* Rimón: heb. el granado, a 9 km. al norte de Gabaa.46 Todos los que de Benjamín murieron aquel día fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 47 Pero seiscientos hombres se volvieron y huyeron al desierto, a la peńa de Rimón, y se quedaron cuatro meses en la peńa de Rimón. 48 Los hombres de Israel volvieron a atacar a los otros hijos de Benjamín y pasaron a filo de espada tanto a los hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que hallaban a su paso. Asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que encontraron.
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Los hombres de Israel habían hecho este juramento en Mizpa: «Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer». 2 Pero luego fue el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron allí hasta la noche en presencia de Dios. Alzando su voz, lloraron mucho: 3 «Jehová, Dios de Israel, żpor qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu?». 4 Al día siguiente, el pueblo se levantó de mańana; edificaron allí un altar y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz. 5 Y se preguntaban: «żQuién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión delante de Jehová?». Porque se había hecho un gran juramento contra el que no subiera a Jehová en Mizpa, diciendo: «Sufrirá la muerte». 6 Los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín, su hermano, y decían: «Eliminada es hoy de Israel una tribu. 7 żCómo daremos mujeres a los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras hijas por mujeres». 8 Y preguntaban: «żHay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en Mizpa?». Entonces se acordaron de que ninguno de Jabes-galaad había venido al campamento, para la reunión.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.9 Porque fue contado el pueblo y ninguno de los habitantes de Jabes-galaad respondió. 10 Así que la congregación envió allá a doce mil hombres de los más valientes, y los mandaron, diciendo: «Id y pasad a filo de espada a los que viven en Jabes-galaad, con las mujeres y los nińos. 11 Pero haréis de esta manera: mataréis a todo hombre y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón». 12 Entre los que habitaban en Jabes-galaad hallaron cuatrocientas doncellas que no habían conocido varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán. 13 Toda la congregación envió luego un mensaje a los hijos de Benjamín que estaban en la peńa de Rimón, y los llamaron en paz. 14 Volvieron entonces los de Benjamín, y ellos les dieron por mujeres las que habían traído vivas de Jabes-galaad; pero no les bastaron. 15 El pueblo tuvo compasión de Benjamín, porque Jehová había abierto una brecha entre las tribus de Israel. 16 Entonces los ancianos de la congregación se preguntaron: «żQué haremos para dar mujeres a los que han quedado?». Porque habían sido exterminadas las mujeres de Benjamín. 17 Dijeron, pues: «Tenga Benjamín herencia en los que han escapado, para que no sea exterminada una tribu de Israel. 18 Pero nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: “Maldito el que dé mujer a los benjaminitas”». 19 Y ańadieron: «Ahora bien: Cada ańo hay una fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona».* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Mandaron, pues, a los hijos de Benjamín, diciendo: «Id, poned emboscadas en las vińas 21 y estad atentos. Cuando veáis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las vińas, arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo y luego id a tierra de Benjamín. 22 Si vienen los padres o los hermanos de ellas a demandárnoslas, nosotros les diremos: “Hacednos la merced de concedérnoslas, ya que en la guerra nosotros no tomamos mujeres para todos. Además, no sois vosotros los que se las disteis, para que ahora seáis culpados”». 23 Los hijos de Benjamín lo hicieron así y tomaron mujeres conforme a su número, robándolas de entre las que danzaban. Luego se fueron, volvieron a su heredad, reedificaron las ciudades y habitaron en ellas.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, y cada uno salió hacia su heredad. 25 En aquellos días no había rey en Israel y cada cual hacía lo que bien le parecía.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.
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