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Jueces 15 15 de 21 capítulos

Sansón en Gaza

3. APÉNDICES (17.1--21.25)

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Micaía y los hombres de Dan

El levita y su concubina

1 Aconteció después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, que Sansón visitó a su mujer con un cabrito. Al llegar dijo: --Entraré para ver a mi mujer en la alcoba. Pero el padre de ella no lo dejó entrar,*** Véase Jue 17.1-13 n.A la mujer del levita se la llama concubina, término que para nosotros es equívoco porque sugiere la idea de una unión ilegal. En realidad, se trataba de una esposa de rango inferior, autorizada por las costumbres de la época.Belén de Judá: Véase Rt 1.1-2 nota b.2 sino que le dijo: --Pensé que la aborrecías, y la di a tu compańero. Pero su hermana menor, żno es más hermosa que ella? Tómala, pues, en lugar de la mayor.* Le fue infiel: según la versión griega (LXX): Se enojó con él.3 Entonces le dijo Sansón: --Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos, si les hago mal.

Sansón y Dalila

4 Fue Sansón y cazó trescientas zorras, tomó antorchas, juntó cola con cola y puso una antorcha entre cada dos colas. 5 Después, encendiendo las antorchas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos y quemó las mieses amontonadas y en pie, y las vińas y olivares. 6 Los filisteos preguntaron: --żQuién hizo esto? Les contestaron: --Sansón, el yerno del timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compańero. Vinieron luego los filisteos y los quemaron a ella y a su padre. 7 Entonces Sansón les dijo: --Ya que esto habéis hecho, juro que no descansaré hasta que me haya vengado de vosotros. 8 Y los hirió de tal manera que hizo estragos entre ellos. Después se fue a vivir a la cueva de la peńa de Etam.

Sansón derrota a los filisteos en Lehi

9 Los filisteos subieron, acamparon en Judá y se extendieron por Lehi. 10 Los de Judá les preguntaron: --żPor qué habéis subido contra nosotros? Ellos respondieron: --A apresar a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho.* La ciudad de Jerusalén se llamaba también Jebús, porque en ella habitaban los jebuseos (cf. Jos 15.8; 18.16,28; Jue 1.21). No fue conquistada por los israelitas sino hasta los tiempos de David (2 S 5.6-9).11 Al oir esto, vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peńa de Etam y dijeron a Sansón: --żNo sabes que los filisteos dominan sobre nosotros? żPor qué nos has hecho esto? Él les respondió: --Yo les he hecho como ellos me hicieron. 12 Entonces los de Judá le dijeron: --Nosotros hemos venido a prenderte y entregarte en manos de los filisteos. Sansón les respondió: --Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Ellos le respondieron: --No; solamente te prenderemos y te entregaremos en sus manos, pero no te mataremos. Lo ataron luego con dos cuerdas nuevas y lo hicieron salir de la peńa. 14 Cuando llegaron a Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el espíritu de Jehová vino sobre él y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego y las ataduras se cayeron de sus manos. 15 Al ver una quijada de asno, fresca aún, extendió la mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. 16 Entonces Sansón dijo:
«Con la quijada de un asno,
un montón, dos montones;
con la quijada de un asno
maté a mil hombres».
*
Como en Gn 19, el que ofrece hospitalidad a los visitantes no es un nativo del lugar. En este caso, el anfitrión es un compatriota del levita, que también vivía en un lugar no especificado de los montes de Efraín.17 Al terminar de decir esto, arrojó la quijada y llamó a aquel lugar Ramat-lehi. 18 Como tenía mucha sed, clamó a Jehová: «Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo, żcómo dejarás que muera yo ahora de sed y caiga en manos de estos incircuncisos?». 19 Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi, y salió de allí agua. Sansón bebió, recobró su espíritu y se reanimó. Por esto llamó a aquel lugar (que está en Lehi hasta el día de hoy) En-hacore. 20 Y juzgó Sansón a Israel veinte ańos, en los días en que dominaban los filisteos.

Sansón en Gaza

3. APÉNDICES (17.1--21.25)

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Micaía y los hombres de Dan

El levita y su concubina

1 Fue Sansón a Gaza y vio allí a una prostituta y se llegó a ella.*** Véase Jue 17.1-13 n.A la mujer del levita se la llama concubina, término que para nosotros es equívoco porque sugiere la idea de una unión ilegal. En realidad, se trataba de una esposa de rango inferior, autorizada por las costumbres de la época.Belén de Judá: Véase Rt 1.1-2 nota b.2 Cuando les dijeron a los de Gaza: «Sansón ha venido acá», lo rodearon y acecharon durante toda la noche a la puerta de la ciudad. Se mantuvieron callados toda aquella noche, diciéndose: «Cuando aclare el día, entonces lo mataremos».* Le fue infiel: según la versión griega (LXX): Se enojó con él.3 Pero Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó y, tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.

Sansón y Dalila

4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer llamada Dalila, que vivía en el valle de Sorec. 5 Fueron a visitarla los príncipes de los filisteos y le dijeron: --Engáńalo y descubre en qué consiste su gran fuerza y cómo podríamos vencerlo. Así podremos atarlo y dominarlo, y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. 6 Entonces Dalila dijo a Sansón: --Yo te ruego que me digas en qué consiste tu gran fuerza y cómo hay que atarte para que seas dominado. 7 Sansón le respondió: --Si me atan con siete mimbres verdes que aún no estén secos, entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. 8 Los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban secos, y ella lo ató con ellos.

Sansón derrota a los filisteos en Lehi

9 Como ya había situado hombres al acecho en el aposento, Dalila le gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Él rompió los mimbres como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza. 10 Entonces Dalila dijo a Sansón: --Tú me has engańado, me has dicho mentiras. Descúbreme, ahora, te ruego, cómo hay que atarte.* La ciudad de Jerusalén se llamaba también Jebús, porque en ella habitaban los jebuseos (cf. Jos 15.8; 18.16,28; Jue 1.21). No fue conquistada por los israelitas sino hasta los tiempos de David (2 S 5.6-9).11 Él le respondió: --Si me atan fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado, yo me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. 12 Dalila tomó cuerdas nuevas, lo ató con ellas y gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Otra vez los espías estaban en el aposento, pero él las rompió con sus brazos como un hilo. 13 Dalila dijo a Sansón: --Hasta ahora me has engańado, y me has mentido. Descúbreme, pues, ahora, cómo hay que atarte. Él entonces le indicó: --Entretejiendo siete guedejas de mi cabeza con hilo de tejer y asegurándolas con la estaca. 14 Ella las aseguró con la estaca, y luego gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Despertando él de su sueńo, arrancó la estaca del telar junto con la tela. 15 Dalila se lamentó: --żCómo dices: “Yo te amo”, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engańado tres veces y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. 16 Y aconteció que, presionándolo ella cada día con sus palabras e importunándolo, el alma de Sansón fue reducida a mortal angustia.* Como en Gn 19, el que ofrece hospitalidad a los visitantes no es un nativo del lugar. En este caso, el anfitrión es un compatriota del levita, que también vivía en un lugar no especificado de los montes de Efraín.17 Le descubrió, pues, todo su corazón y le dijo: --Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareo para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres. 18 Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: «Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón». Los principales de los filisteos vinieron a ella trayendo en sus manos el dinero. 19 Hizo ella que Sansón se durmiera sobre sus rodillas y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza. Entonces comenzó ella a afligirlo, pues su fuerza se había apartado de él. 20 Y gritó de nuevo: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Sansón despertó de su sueńo y pensó: «Esta vez me escaparé como las otras». Pero no sabía que Jehová ya se había apartado de él. 21 Enseguida los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos, lo llevaron a Gaza y lo ataron con cadenas para que trabajara en el molino de la cárcel. 22 Pero el cabello de su cabeza comenzó a crecer después que fue rapado.* Lo conozcamos: Véase Gn 19.5 n.

Muerte de Sansón

23 Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón, su dios, y para alegrarse. Y decían:
«Nuestro dios entregó en nuestras manos
a Sansón, nuestro enemigo».
24 Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo:
«Nuestro dios entregó en nuestras manos%a nuestro enemigo,
al destructor de nuestra tierra,
el cual ha dado muerte%a muchos de entre nosotros».
*
Esta propuesta es tan sorprendente como la de Lot en Gn 19.7-8. En el antiguo Oriente el honor de una mujer era considerado menos valioso que el sagrado deber de la hospitalidad, que obligaba a defender a cualquier precio la vida y la dignidad del huésped.25 Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: «Traed a Sansón para que nos divierta». Trajeron de la cárcel a Sansón y les sirvió de juguete. Luego lo pusieron entre las columnas. 26 Entonces Sansón dijo al joven que lo guiaba de la mano: «Acércame y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas». 27 La casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí. En el piso alto había como tres mil hombres y mujeres que estaban mirando el escarnio de Sansón. 28 Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: «Seńor Jehová, acuérdate ahora de mí y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos». 29 Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra.* Esta acción del levita es análoga a la que realizó Saúl, con la diferencia de que aquí es el cuerpo de la mujer, y no el cadáver de un animal, el que es descuartizado y enviado a todo Israel en demanda de justicia (cf. 1 S 11.7).30 Y gritó Sansón: «ˇMuera yo con los filisteos!». Después se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida. 31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, lo tomaron, se lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte ańos.* Acerca del santuario de Silo, véase Jer 7.12 n., y cf. Jer 26.6,9.

Sansón en Gaza

3. APÉNDICES (17.1--21.25)

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Micaía y los hombres de Dan

El levita y su concubina

1 En los montes de Efraín vivía un hombre que se llamaba Micaía,*** Véase Jue 17.1-13 n.A la mujer del levita se la llama concubina, término que para nosotros es equívoco porque sugiere la idea de una unión ilegal. En realidad, se trataba de una esposa de rango inferior, autorizada por las costumbres de la época.Belén de Judá: Véase Rt 1.1-2 nota b.2 el cual dijo a su madre: --Los mil cien siclos de plata que te robaron, por los cuales maldijiste y de los cuales me hablaste, están en mi poder; yo tomé ese dinero. Entonces la madre dijo: --ˇBendito seas de Jehová, hijo mío!* Le fue infiel: según la versión griega (LXX): Se enojó con él.3 Cuando él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre, esta dijo: --En verdad, por mi hijo he dedicado el dinero a Jehová, para hacer una imagen de talla y una de fundición; pero ahora te lo devuelvo.

Sansón y Dalila

4 Cuando él devolvió el dinero a su madre, ella tomó doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo con ellos una imagen de talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía. 5 Este hombre Micaía tuvo así un lugar donde adorar a sus dioses. Hizo un efod y unos terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos días no había rey en Israel y cada cual hacía lo que bien le parecía. 7 Había un joven de Belén de Judá, el cual era levita y forastero allí. 8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar un lugar. En su viaje llegó a los montes de Efraín, a la casa de Micaía.

Sansón derrota a los filisteos en Lehi

9 Micaía le preguntó: --żDe dónde vienes? El levita le respondió: --Soy de Belén de Judá y voy a vivir donde pueda encontrar lugar. 10 Micaía le propuso: --Quédate en mi casa, y para mí serás padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por ańo, vestidos y comida. Y el levita se quedó.* La ciudad de Jerusalén se llamaba también Jebús, porque en ella habitaban los jebuseos (cf. Jos 15.8; 18.16,28; Jue 1.21). No fue conquistada por los israelitas sino hasta los tiempos de David (2 S 5.6-9).11 Le agradó, pues, al levita quedarse con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos. 12 Micaía consagró al levita; aquel joven le sirvió de sacerdote y permaneció en casa de Micaía. 13 Entonces Micaía pensó: «Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo a un levita por sacerdote».

Sansón en Gaza

3. APÉNDICES (17.1--21.25)

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Micaía y los hombres de Dan

El levita y su concubina

1 En aquellos días no había rey en Israel. La tribu de Dan buscaba un territorio propio donde habitar, porque hasta entonces no había obtenido su heredad entre las tribus de Israel.*** Véase Jue 17.1-13 n.A la mujer del levita se la llama concubina, término que para nosotros es equívoco porque sugiere la idea de una unión ilegal. En realidad, se trataba de una esposa de rango inferior, autorizada por las costumbres de la época.Belén de Judá: Véase Rt 1.1-2 nota b.2 Por eso los hijos de Dan enviaron desde Zora y Estaol cinco hombres de su tribu, hombres valientes, para que reconocieran y exploraran bien la tierra. Y les dijeron: «Id y reconoced la tierra». Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron.* Le fue infiel: según la versión griega (LXX): Se enojó con él.3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita y, llegándose allá, le preguntaron: --żQuién te ha traído acá? żQué haces aquí? żQué buscas tú por aquí?

Sansón y Dalila

4 Él les respondió: --De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. 5 Ellos le pidieron entonces: --Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de irnos bien en este viaje que hacemos. 6 El sacerdote les respondió: --Id en paz: delante de Jehová está el camino en que andáis. 7 Salieron luego aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que el pueblo que habitaba en esa ciudad estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región los perturbara en cosa alguna, ni nadie se enseńoreara sobre ellos. Estaban lejos de los sidonios y no tenían negocios con nadie. 8 Cuando los cinco hombres regresaron a sus hermanos de Zora y Estaol, estos les preguntaron: --żQué hay? Ellos respondieron:

Sansón derrota a los filisteos en Lehi

9 --Levantaos, subamos contra ellos, porque hemos explorado la región y hemos visto que es muy buena. żNo haréis vosotros nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra. 10 Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta cosa alguna que haya en la tierra.* La ciudad de Jerusalén se llamaba también Jebús, porque en ella habitaban los jebuseos (cf. Jos 15.8; 18.16,28; Jue 1.21). No fue conquistada por los israelitas sino hasta los tiempos de David (2 S 5.6-9).11 Entonces salieron de Zora y de Estaol seiscientos hombres de la familia de Dan provistos de armas de guerra. 12 Fueron y acamparon en Quiriat-jearim, en Judá, por lo cual aquel lugar, que está al occidente de Quiriat-jearim, se llama hasta hoy el campamento de Dan. 13 De allí pasaron al monte de Efraín y llegaron hasta la casa de Micaía. 14 Aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron entonces a sus hermanos: «żNo sabéis que en estas casas hay un efod y terafines, una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de hacer». 15 Cuando llegaron allá, entraron a donde vivía el joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16 Los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados con sus armas de guerra a la entrada de la puerta.* Como en Gn 19, el que ofrece hospitalidad a los visitantes no es un nativo del lugar. En este caso, el anfitrión es un compatriota del levita, que también vivía en un lugar no especificado de los montes de Efraín.17 Subiendo luego los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras se quedaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados con armas de guerra. 18 Entraron, pues, aquellos hombres en la casa de Micaía y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. El sacerdote les dijo: --żQué hacéis vosotros? 19 Ellos le respondieron: --Calla, pon la mano sobre tu boca y ven con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. żEs acaso mejor ser sacerdote en la casa de un solo hombre que serlo de una tribu y de una familia de Israel? 20 Se alegró el corazón del sacerdote, quien tomó el efod, los terafines y la imagen, y se fue con el pueblo. 21 Ellos iniciaron la marcha y partieron llevando delante a los nińos, el ganado y el bagaje. 22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la de él se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.* Lo conozcamos: Véase Gn 19.5 n.

Muerte de Sansón

23 Les gritaron, y los de Dan, volviendo sus rostros, dijeron a Micaía: --żQué tienes, que has juntado gente? 24 Él respondió: --Os apoderasteis de los dioses que yo hice y de mi sacerdote. Vosotros os vais, y a mí żqué más me queda? żPor qué, pues, me preguntáis: “żQué tienes?”.* Esta propuesta es tan sorprendente como la de Lot en Gn 19.7-8. En el antiguo Oriente el honor de una mujer era considerado menos valioso que el sagrado deber de la hospitalidad, que obligaba a defender a cualquier precio la vida y la dignidad del huésped.25 Los hijos de Dan contestaron: --No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos. 26 Prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y regresó a su casa. 27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, un pueblo tranquilo y confiado, hirieron a sus habitantes a filo de espada y quemaron la ciudad. 28 No hubo quien los defendiera, porque se hallaban lejos de Sidón y no tenían negocios con nadie. Lais estaba situada en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad y habitaron en ella. 29 Y pusieron a aquella ciudad el nombre de Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, aunque antes la ciudad se llamaba Lais.* Esta acción del levita es análoga a la que realizó Saúl, con la diferencia de que aquí es el cuerpo de la mujer, y no el cadáver de un animal, el que es descuartizado y enviado a todo Israel en demanda de justicia (cf. 1 S 11.7).30 Allí los hijos de Dan levantaron, para adorarla, la imagen de talla. Y Jonatán hijo de Gersón hijo de Moisés, y sus hijos, fueron los sacerdotes en la tribu de Dan hasta el día del cautiverio de la tierra. 31 Así, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo, tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía había hecho.* Acerca del santuario de Silo, véase Jer 7.12 n., y cf. Jer 26.6,9.

Sansón en Gaza

3. APÉNDICES (17.1--21.25)

Las imágenes y el sacerdote de Micaía

Micaía y los hombres de Dan

El levita y su concubina

1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que vivía como forastero en la parte más remota de los montes de Efraín. Había tomado para sí, como concubina, a una mujer de Belén de Judá;*** Véase Jue 17.1-13 n.A la mujer del levita se la llama concubina, término que para nosotros es equívoco porque sugiere la idea de una unión ilegal. En realidad, se trataba de una esposa de rango inferior, autorizada por las costumbres de la época.Belén de Judá: Véase Rt 1.1-2 nota b.2 pero su concubina le fue infiel, lo abandonó y se fue a casa de su padre, en Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses.* Le fue infiel: según la versión griega (LXX): Se enojó con él.3 Se levantó su marido y fue tras ella para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevaba consigo un criado y un par de asnos. La mujer lo hizo entrar en la casa de su padre.

Sansón y Dalila

4 Al verlo, el padre de la joven salió a recibirlo gozoso. Lo detuvo su suegro, el padre de la joven, y se quedó en su casa tres días, comiendo, bebiendo y alojándose allí. 5 Al cuarto día, cuando se levantaron de mańana, se levantó también el levita para irse, pero el padre de la joven dijo a su yerno: --Conforta tu corazón con un bocado de pan y después os iréis. 6 Se sentaron ellos dos juntos, comieron y bebieron. El padre de la joven pidió al hombre: --Te ruego que pases aquí la noche, y de seguro se alegrará tu corazón. 7 Se levantó el hombre para irse, pero insistió su suegro y volvió a pasar la noche allí. 8 Al quinto día, levantándose de mańana para irse, le dijo el padre de la joven: --Conforta ahora tu corazón y aguarda hasta que decline el día. Y ambos comieron juntos.

Sansón derrota a los filisteos en Lehi

9 Luego el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: --Ya el día declina y va a anochecer; te ruego que paséis aquí la noche. Puesto que el día se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón. Mańana os levantaréis temprano y os pondréis en camino, y te irás a tu casa. 10 Pero el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se levantó y se fue. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos ensillados y su concubina.* La ciudad de Jerusalén se llamaba también Jebús, porque en ella habitaban los jebuseos (cf. Jos 15.8; 18.16,28; Jue 1.21). No fue conquistada por los israelitas sino hasta los tiempos de David (2 S 5.6-9).11 Estando ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a su seńor: --Ven ahora, vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche. 12 Su seńor le respondió: --No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel, sino que seguiremos hasta Gabaa. Y ańadió: 13 --Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. 14 Así, pues, siguieron adelante, y cuando se les puso el sol estaban junto a Gabaa, ciudad de la tribu de Benjamín. 15 Entonces se apartaron del camino y entraron en Gabaa para pasar allí la noche, pero se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiera en su casa para pasar la noche. 16 Llegó entonces un hombre viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual era de los montes de Efraín y vivía como forastero en Gabaa, pues los habitantes de aquel lugar eran hijos de Benjamín.* Como en Gn 19, el que ofrece hospitalidad a los visitantes no es un nativo del lugar. En este caso, el anfitrión es un compatriota del levita, que también vivía en un lugar no especificado de los montes de Efraín.17 Alzando el viejo los ojos vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: --żA dónde vas y de dónde vienes? 18 Él respondió: --Venimos de Belén de Judá y vamos a la parte más remota de los montes de Efraín, de donde soy. Estuve en Belén de Judá, pero ahora voy a la casa de Jehová y no hay quien me reciba en su casa. 19 Tenemos paja y forraje para nuestros asnos; también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo. No nos falta nada. 20 El hombre anciano le dijo entonces: --La paz sea contigo. Tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza. 21 Los trajo a su casa y dio de comer a sus asnos; se lavaron los pies, y comieron y bebieron. 22 Pero cuando estaban gozosos, los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpearon a la puerta y le dijeron al anciano dueńo de la casa: --Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.* Lo conozcamos: Véase Gn 19.5 n.

Muerte de Sansón

23 Salió a su encuentro el dueńo de la casa y les dijo: --No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal. Puesto que este hombre es mi huésped, no hagáis esta maldad. 24 Aquí está mi hija virgen y la concubina de él; yo os las sacaré ahora: humilladlas y haced con ellas como os parezca, pero no hagáis a este hombre cosa tan infame.* Esta propuesta es tan sorprendente como la de Lot en Gn 19.7-8. En el antiguo Oriente el honor de una mujer era considerado menos valioso que el sagrado deber de la hospitalidad, que obligaba a defender a cualquier precio la vida y la dignidad del huésped.25 Pero ellos no lo quisieron oir. Así que el levita tomó a su concubina y la sacó. Aquellos hombres entraron a ella, abusaron de ella toda la noche hasta la mańana y la dejaron cuando apuntaba el alba. 26 Cuando ya amanecía, vino la mujer y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su seńor estaba, hasta que fue de día. 27 Se levantó por la mańana su seńor, abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino, pero allí estaba su concubina tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral. 28 El levita le dijo: --Levántate y vámonos. Pero ella no respondió. Entonces aquel hombre la levantó y, echándola sobre su asno, se fue a su lugar. 29 Al llegar a su casa, tomó un cuchillo, echó mano de su concubina, la partió por sus huesos en doce partes y la envió por todo el territorio de Israel.* Esta acción del levita es análoga a la que realizó Saúl, con la diferencia de que aquí es el cuerpo de la mujer, y no el cadáver de un animal, el que es descuartizado y enviado a todo Israel en demanda de justicia (cf. 1 S 11.7).30 Y todo el que veía aquello decía: «Jamás se ha hecho ni visto tal cosa desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo y hablad».