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Jueces 11 11 de 21 capítulos

1 Jefté, el galaadita, era esforzado y valeroso. Era hijo de una ramera y de un hombre llamado Galaad.** Jefté es la transcripción de un nombre hebreo que significa (Dios) abre o libera. Cf. Heb 11.32.El nombre Galaad se emplea casi siempre para designar una región, pero aquí, según parece, se refiere al antepasado común de todos los habitantes de aquel lugar. Como el padre de Jefté era probablemente un desconocido, el texto bíblico lo presenta simplemente como hijo de aquel antepasado común.2 Pero también la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: «No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer». 3 Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y se fue a vivir en tierra de Tob, donde reunió una banda de hombres ociosos que salían con él.* Tob: región y ciudad al norte de Galaad, cuyo nombre parece haber sobrevivido en el de el-Tayibah, lugar situado al oriente del Jordán, cerca de las fuentes del río Jarmuk. Cf. 2 S 10.6.4 Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel.* Los amonitas habitaban en Transjordania, un poco más al este del territorio ocupado por las tribus israelitas que se habían instalado en aquella región. Cf. Jos 1.12-17; Jue 11.13.5 Cuando ello sucedió, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob, 6 y le dijeron: --Ven, para que seas nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón. 7 Jefté respondió a los ancianos de Galaad: --żNo me aborrecisteis vosotros y me echasteis de la casa de mi padre? żPor qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8 Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: --Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros a pelear contra los hijos de Amón y a ser el caudillo de todos los que vivimos en Galaad. 9 Jefté dijo entonces a los ancianos de Galaad: --Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová los entrega delante de mí, żseré yo vuestro caudillo? 10 Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: --Jehová sea testigo entre nosotros si no hacemos como tú dices. 11 Fue, pues, Jefté con los ancianos de Galaad y el pueblo lo eligió como su caudillo y jefe. En Mizpa, Jefté repitió todas sus palabras delante de Jehová,* El acuerdo entre Jefté y los ancianos de Galaad es ratificado solemnemente en el santuario de Mizpa, nombre que significa puesto de guardia (cf. Gn 31.49). Allí el Seńor fue testigo del pacto (cf. v. 10) y desde allí vigilaba la observancia o el incumplimiento de las obligaciones contraídas.12 y envió mensajeros al rey de los amonitas, diciendo: --żQué tienes tú conmigo, para venir a hacer guerra contra mi tierra? 13 El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: --Por cuanto Israel, cuando subió de Egipto, tomó mi tierra, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán, devuélvela tú ahora en paz. 14 Jefté envió otros mensajeros al rey de los amonitas, 15 con el siguiente mensaje: --Jefté ha dicho esto: “Israel no tomó tierra de Moab ni tierra de los hijos de Amón. 16 Porque cuando Israel subió de Egipto y anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, llegó a Cades. 17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: ‘Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra’, pero el rey de Edom no los escuchó. También envió mensajeros al rey de Moab, el cual tampoco quiso. Israel, por tanto, se quedó en Cades.* La llegada de los israelitas a Cades y la negativa del rey de Edom se relatan más detalladamente en Nm 20.14-21.18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab y, viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, pero no entró en territorio de Moab, porque Arnón es territorio de Moab.* Nm 21.4.19 Asimismo envió Israel mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: ‘Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar’. 20 Pero Sehón no se fió de Israel para darle paso por su territorio, sino que reuniendo toda su gente acampó en Jahaza y peleó contra Israel.* Jahaza: Dt 2.32.21 Pero Jehová, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrotó. De esta manera se apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país. 22 También se apoderó de todo el territorio del amorreo desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.* Nm 21.21-24.23 Así que, żpretendes tú apoderarte de lo que Jehová, Dios de Israel, le quitó al amorreo en favor de su pueblo Israel? 24 Lo que te haga poseer Quemos, tu dios, żno lo poseerías tú? Así, todo lo que Jehová, nuestro Dios, nos ha dado, nosotros lo poseeremos.* Solo en este texto se presenta a Quemos como dios de los amonitas (cf. v. 14). En todos los otros pasajes del AT, él es el dios de Moab (1 R 11.7,33; 2 R 23.13; Jer 48.7) y Moab es llamado pueblo de Quemos (Nm 21.29; Jer 48.46). El dios de los amonitas era Milcom (1 R 11.5,33; 2 R 23.13; Jer 49.1).25 żEres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? żTuvo él alguna reclamación contra Israel o hizo guerra contra nosotros?* Nm 22.1-6.26 Ya hace trescientos ańos que Israel habita en Hesbón y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que están en el territorio del Arnón, żpor qué no las habéis recobrado en todo ese tiempo? 27 Así que, yo en nada he pecado contra ti, pero tú haces mal peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón”. 28 Pero el rey de los hijos de Amón no atendió a estas razones que Jefté le había enviado. 29 Entonces el espíritu de Jehová vino sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés. De allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.** El espíritu de Jehová vino sobre: Respecto de esta expresión, véase Jue 3.10 n.Galaad y Manasés: Véase Jos 13.29 n.30 Entonces Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: «Si entregas a los amonitas en mis manos, 31 cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová y lo ofreceré en holocausto».ń 11.31Jefté promete ofrecer en sacrificio una víctima humana, pensando que de ese modo realizaba un acto agradable a Dios. 32 Jefté fue a pelear contra los hijos de Amón, y Jehová los entregó en sus manos. 33 Desde Aroer y hasta llegar a Minit conquistó veinte ciudades, y hasta la Vega de las vińas los derrotó con gran estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel. 34 Cuando volvió Jefté a Mizpa, a su casa, su hija salió a recibirlo con panderos y danzas. Ella era sola, su hija única; fuera de ella no tenía hijo ni hija.* Cf. Ex 15.19-21; 1 S 18.6.35 Cuando él la vio, rasgó sus vestidos, diciendo: --ˇAy, hija mía!, en verdad que me has afligido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor, porque le he dado mi palabra a Jehová y no podré retractarme.* Cf. Nm 30.1-2.36 Ella entonces le respondió: --Padre mío, si le has dado tu palabra a Jehová, haz conmigo conforme a lo que prometiste, ya que Jehová te ha permitido vengarte de tus enemigos, los hijos de Amón. 37 Y ańadió: --Concédeme esto: déjame que por dos meses vaya y descienda por los montes a llorar mi virginidad junto con mis compańeras.* En el antiguo Israel, como en muchos otros pueblos, se consideraba una desgracia y un deshonor el que una mujer no tuviera hijos. Cf. Gn 16.1-5; 30.23; 1 S 1.11; Véase Lc 1.25 n.38 Jefté le respondió: --Ve. La dejó por dos meses. Fue con sus compańeras y lloró su virginidad por los montes. 39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien cumplió el voto que había hecho. La hija de Jefté nunca conoció varón.* La ley de Moisés prohibía terminantemente los sacrificios humanos (Lv 18.21; 20.2-5; Dt 12.31), pero los israelitas los practicaron ocasionalmente (2 R 16.3; 21.6; cf. Jer 7.31; 19.5; 32.35), lo mismo que sus vecinos (2 R 3.26-27). En este caso, el texto bíblico no pronuncia ningún juicio sobre la calidad moral de la acción realizada por Jefté, sino que se limita a referir el hecho.40 Por eso es costumbre en Israel que todos los ańos vayan las doncellas de Israel a llorar a la hija de Jefté, el galaadita, durante cuatro días.