Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Después de Abimelec, se levantó para librar a Israel Tola hijo de Fúa hijo de Dodo, hombre de Isacar, el cual habitaba en Samir, en los montes de Efraín. 2 Tola juzgó a Israel veintitrés ańos. Murió y fue sepultado en Samir. 3 Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a Israel veintidós ańos.
Sansón y Dalila
4 Tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos; y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad. 5 Murió Jair y fue sepultado en Camón.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová y sirvieron a los baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos. Abandonaron a Jehová y no lo sirvieron. 7 Se encendió entonces la ira de Jehová contra Israel, y los entregó en manos de los filisteos y de los hijos de Amón,
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo durante dieciocho ańos, a todos los hijos de Israel que vivían en Galaad, al otro lado del Jordán, en tierra del amorreo.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá, contra Benjamín y contra la casa de Efraín, y sufrió Israel gran aflicción. 10 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: --Nosotros hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios y servido a los baales. 11 Jehová respondió a los hijos de Israel: --żNo habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos, 12 de los de Sidón, de Amalec y de Maón? Y cuando clamasteis a mí, żno os libré de sus manos? 13 Pero vosotros me habéis dejado y habéis servido a dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más. 14 Andad y clamad a los dioses que habéis elegido; que ellos os libren en el tiempo de vuestra aflicción. 15 Los hijos de Israel respondieron a Jehová: --Hemos pecado; haz con nosotros como bien te parezca. Solo te rogamos que nos libres en este día. 16 Quitaron, pues, de en medio de ellos los dioses ajenos y sirvieron a Jehová. Y él se angustió a causa de la aflicción de Israel. 17 Entonces se juntaron los hijos de Amón y acamparon en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel y acamparon en Mizpa. 18 Y los príncipes y el pueblo de Galaad se dijeron unos a otros: «żQuién comenzará la batalla contra los hijos de Amón? El que lo haga será el caudillo de todos los que habitan en Galaad».
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Jefté, el galaadita, era esforzado y valeroso. Era hijo de una ramera y de un hombre llamado Galaad. 2 Pero también la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: «No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer». 3 Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y se fue a vivir en tierra de Tob, donde reunió una banda de hombres ociosos que salían con él.
Sansón y Dalila
4 Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel. 5 Cuando ello sucedió, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob,
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 y le dijeron: --Ven, para que seas nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón. 7 Jefté respondió a los ancianos de Galaad: --żNo me aborrecisteis vosotros y me echasteis de la casa de mi padre? żPor qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción?
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: --Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros a pelear contra los hijos de Amón y a ser el caudillo de todos los que vivimos en Galaad.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Jefté dijo entonces a los ancianos de Galaad: --Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová los entrega delante de mí, żseré yo vuestro caudillo? 10 Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: --Jehová sea testigo entre nosotros si no hacemos como tú dices. 11 Fue, pues, Jefté con los ancianos de Galaad y el pueblo lo eligió como su caudillo y jefe. En Mizpa, Jefté repitió todas sus palabras delante de Jehová, 12 y envió mensajeros al rey de los amonitas, diciendo: --żQué tienes tú conmigo, para venir a hacer guerra contra mi tierra? 13 El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: --Por cuanto Israel, cuando subió de Egipto, tomó mi tierra, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán, devuélvela tú ahora en paz. 14 Jefté envió otros mensajeros al rey de los amonitas, 15 con el siguiente mensaje: --Jefté ha dicho esto: “Israel no tomó tierra de Moab ni tierra de los hijos de Amón. 16 Porque cuando Israel subió de Egipto y anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, llegó a Cades. 17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: ‘Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra’, pero el rey de Edom no los escuchó. También envió mensajeros al rey de Moab, el cual tampoco quiso. Israel, por tanto, se quedó en Cades. 18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab y, viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, pero no entró en territorio de Moab, porque Arnón es territorio de Moab. 19 Asimismo envió Israel mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: ‘Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar’.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Pero Sehón no se fió de Israel para darle paso por su territorio, sino que reuniendo toda su gente acampó en Jahaza y peleó contra Israel. 21 Pero Jehová, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrotó. De esta manera se apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país. 22 También se apoderó de todo el territorio del amorreo desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
Muerte de Sansón
23 Así que, żpretendes tú apoderarte de lo que Jehová, Dios de Israel, le quitó al amorreo en favor de su pueblo Israel?* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Lo que te haga poseer Quemos, tu dios, żno lo poseerías tú? Así, todo lo que Jehová, nuestro Dios, nos ha dado, nosotros lo poseeremos. 25 żEres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? żTuvo él alguna reclamación contra Israel o hizo guerra contra nosotros?* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Ya hace trescientos ańos que Israel habita en Hesbón y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que están en el territorio del Arnón, żpor qué no las habéis recobrado en todo ese tiempo? 27 Así que, yo en nada he pecado contra ti, pero tú haces mal peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón”. 28 Pero el rey de los hijos de Amón no atendió a estas razones que Jefté le había enviado. 29 Entonces el espíritu de Jehová vino sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés. De allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón. 30 Entonces Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: «Si entregas a los amonitas en mis manos, 31 cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová y lo ofreceré en holocausto».ń 11.31Jefté promete ofrecer en sacrificio una víctima humana, pensando que de ese modo realizaba un acto agradable a Dios. 32 Jefté fue a pelear contra los hijos de Amón, y Jehová los entregó en sus manos. 33 Desde Aroer y hasta llegar a Minit conquistó veinte ciudades, y hasta la Vega de las vińas los derrotó con gran estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel. 34 Cuando volvió Jefté a Mizpa, a su casa, su hija salió a recibirlo con panderos y danzas. Ella era sola, su hija única; fuera de ella no tenía hijo ni hija. 35 Cuando él la vio, rasgó sus vestidos, diciendo: --ˇAy, hija mía!, en verdad que me has afligido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor, porque le he dado mi palabra a Jehová y no podré retractarme. 36 Ella entonces le respondió: --Padre mío, si le has dado tu palabra a Jehová, haz conmigo conforme a lo que prometiste, ya que Jehová te ha permitido vengarte de tus enemigos, los hijos de Amón. 37 Y ańadió: --Concédeme esto: déjame que por dos meses vaya y descienda por los montes a llorar mi virginidad junto con mis compańeras. 38 Jefté le respondió: --Ve. La dejó por dos meses. Fue con sus compańeras y lloró su virginidad por los montes. 39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien cumplió el voto que había hecho. La hija de Jefté nunca conoció varón. 40 Por eso es costumbre en Israel que todos los ańos vayan las doncellas de Israel a llorar a la hija de Jefté, el galaadita, durante cuatro días.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Los hombres de la tribu de Efraín se reunieron, pasaron hacia el norte y dijeron a Jefté: --żPor qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? ˇQuemaremos ahora tu casa contigo dentro! 2 Jefté les respondió: --Yo y mi pueblo teníamos una gran contienda con los hijos de Amón; os llamé, pero no me defendisteis de ellos. 3 Viendo, pues, que no me defendíais, arriesgué mi vida, ataqué a los hijos de Amón, y Jehová me los entregó. żPor qué, pues, habéis subido hoy para pelear conmigo?
Sansón y Dalila
4 Entonces reunió Jefté a todos los hombres de Galaad y peleó contra Efraín. Y los de Galaad derrotaron a Efraín, porque habían dicho: «Vosotros sois fugitivos de Efraín, vosotros los galaaditas, que habitáis entre Efraín y Manasés». 5 Los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de Efraín, y cuando los fugitivos de Efraín llegaban y decían: --Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: --żEres tú efrateo? Si él respondía que no,
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 entonces le decían: --Ahora, pues, di “Shibolet”. Si decía “Sibolet”, porque no podía pronunciarlo correctamente, le echaban mano y lo degollaban junto a los vados del Jordán. Así murieron cuarenta y dos mil de los de Efraín. 7 Jefté juzgó a Israel seis ańos. Murió Jefté, el galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Después de él juzgó a Israel Ibzán, de Belén,* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 quien tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó con gente de fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos. Juzgó a Israel siete ańos. 10 Murió Ibzán y fue sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón, el zabulonita, quien juzgó a Israel diez ańos. 12 Murió Elón, el zabulonita, y fue sepultado en Ajalón, en la tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, el piratonita. 14 Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos que cabalgaban sobre setenta asnos. Juzgó a Israel ocho ańos. 15 Murió Abdón hijo de Hilel piratonita y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, y Jehová los entregó en manos de los filisteos por cuarenta ańos. 2 En Zora, de la tribu de Dan, había un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca había tenido hijos, porque era estéril. 3 A esta mujer se le apareció el ángel de Jehová y le dijo: «Tú eres estéril y nunca has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo.
Sansón y Dalila
4 Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda, 5 pues concebirás y darás a luz un hijo. No pasará navaja sobre su cabeza, porque el nińo será nazareo para Dios desde su nacimiento, y comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos».
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 La mujer fue y se lo contó a su marido, diciendo: «Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era muy temible como el de un ángel de Dios. No le pregunté de dónde venía ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Pero sí me dijo: “He aquí que tú concebirás y darás a luz un hijo; por tanto, desde ahora no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este nińo será nazareo para Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte”».
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: «Ah, Seńor mío, yo te ruego que aquel hombre de Dios que enviaste regrese ahora a nosotros y nos enseńe lo que debemos hacer con el nińo que ha de nacer».* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Dios oyó la voz de Manoa. Hallándose la mujer en el campo, el ángel de Dios vino otra vez a ella; pero Manoa, su marido, no estaba presente. 10 La mujer corrió prontamente a avisar a su marido, diciéndole: «Mira que se me ha aparecido aquel hombre que vino a mí el otro día». 11 Se levantó Manoa y fue con ella a donde estaba el hombre, y le dijo: --żEres tú el hombre que habló con mi mujer? Él respondió: --Yo soy. 12 Entonces Manoa le preguntó: --Cuando tus palabras se cumplan, żcuál debe ser la manera de vivir del nińo y qué debemos hacer con él? 13 El ángel de Jehová contestó a Manoa: --La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije: 14 No tomará nada que proceda de la vid, no beberá vino ni sidra, ni comerá cosa inmunda. Guardará todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: --Te ruego que nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito. 16 El ángel de Jehová respondió a Manoa: --Aunque me detengas, no comeré de tu pan; pero si quieres hacer un holocausto, ofrécelo a Jehová. (Manoa no sabía aún que aquel hombre era el ángel de Jehová.) 17 Entonces preguntó Manoa al ángel de Jehová: --żCuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18 El ángel de Jehová respondió: --żPor qué preguntas por mi nombre, que es un nombre admirable? 19 Tomó, pues, Manoa un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peńa a Jehová. Entonces el ángel hizo un milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.ń 13.19Se trata sin duda de una peńa destinada al culto divino, sobre la que se ofrecían sacrificios al Seńor. Cf. Jue 6.20.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Porque aconteció que cuando la llama subió del altar hacia el cielo, Manoa y su mujer vieron al ángel de Jehová subir en la llama del altar. Entonces se postraron en tierra. 21 Manoa supo entonces que era el ángel de Jehová, pues no se les volvió a aparecer ni a él ni a su mujer. 22 Y dijo Manoa a su mujer: --Ciertamente moriremos, porque hemos visto a Dios.
Muerte de Sansón
23 Su mujer le respondió: --Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 A su tiempo, la mujer dio a luz un hijo y le puso por nombre Sansón. El nińo creció y Jehová lo bendijo. 25 En los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol, el espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Descendió Sansón a Timnat y vio allí a una mujer de las hijas de los filisteos. 2 Regresó entonces y lo contó a su padre y a su madre, diciendo: --He visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Su padre y su madre le dijeron: --żNo hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Sansón respondió a su padre: --Tómame esta por mujer, porque ella me agrada.
Sansón y Dalila
4 Su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos, pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5 Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat. Cuando llegaron a las vińas de Timnat, un león joven vino rugiendo hacia él.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Entonces el espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en sus manos. Él no contó ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió, pues, y habló con la mujer; y ella agradó a Sansón.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Al volver después de algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y vio que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas y un panal de miel.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Tomándolo en sus manos, fue comiéndose la miel por el camino. Cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos para que comieran, pero no les reveló que aquella miel la había tomado del cuerpo del león. 10 Fue, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo allí un banquete, porque así solían hacer los jóvenes. 11 Aconteció que cuando los filisteos lo vieron, tomaron treinta compańeros para que estuvieran con él. 12 A estos treinta dijo Sansón: --Yo os propondré ahora un enigma; si en los siete días del banquete me lo explicáis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13 Pero si no me lo podéis descifrar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Ellos respondieron: --Propón tu enigma y lo oiremos. 14 Él les dijo:
--Del devorador salió comida,
y del fuerte salió dulzura. Ellos no pudieron descifrar el enigma en tres días. 15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: «Induce a tu marido a que nos explique este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. żAcaso nos habéis llamado aquí para despojarnos?». 16 Lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: --Solamente me aborreces, no me amas, pues no me explicas el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Él respondió: --Ni a mi padre ni a mi madre lo he explicado, ży te lo había de explicar a ti? 17 Aquella mujer lloró en presencia de Sansón los siete días que duró el banquete, pero al séptimo día él se lo declaró, porque ella lo presionaba, y la mujer se lo contó a los hijos de su pueblo. 18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiera, los de la ciudad le dijeron:
--żQué cosa es más dulce que la miel?
żY qué cosa es más fuerte que el león? Sansón les respondió:
--Si no araseis con mi novilla,
nunca habríais descubierto mi enigma. 19 El espíritu de Jehová vino sobre él; descendió Sansón a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos y, tomando sus despojos, pagó con las vestiduras a los que habían explicado el enigma. Después, encendido de enojo, regresó a la casa de su padre.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Su mujer fue dada a un compańero al que Sansón había tratado como amigo.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Aconteció después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, que Sansón visitó a su mujer con un cabrito. Al llegar dijo: --Entraré para ver a mi mujer en la alcoba. Pero el padre de ella no lo dejó entrar, 2 sino que le dijo: --Pensé que la aborrecías, y la di a tu compańero. Pero su hermana menor, żno es más hermosa que ella? Tómala, pues, en lugar de la mayor. 3 Entonces le dijo Sansón: --Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos, si les hago mal.
Sansón y Dalila
4 Fue Sansón y cazó trescientas zorras, tomó antorchas, juntó cola con cola y puso una antorcha entre cada dos colas. 5 Después, encendiendo las antorchas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos y quemó las mieses amontonadas y en pie, y las vińas y olivares.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Los filisteos preguntaron: --żQuién hizo esto? Les contestaron: --Sansón, el yerno del timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compańero. Vinieron luego los filisteos y los quemaron a ella y a su padre. 7 Entonces Sansón les dijo: --Ya que esto habéis hecho, juro que no descansaré hasta que me haya vengado de vosotros.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Y los hirió de tal manera que hizo estragos entre ellos. Después se fue a vivir a la cueva de la peńa de Etam.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Los filisteos subieron, acamparon en Judá y se extendieron por Lehi. 10 Los de Judá les preguntaron: --żPor qué habéis subido contra nosotros? Ellos respondieron: --A apresar a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho. 11 Al oir esto, vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peńa de Etam y dijeron a Sansón: --żNo sabes que los filisteos dominan sobre nosotros? żPor qué nos has hecho esto? Él les respondió: --Yo les he hecho como ellos me hicieron. 12 Entonces los de Judá le dijeron: --Nosotros hemos venido a prenderte y entregarte en manos de los filisteos. Sansón les respondió: --Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Ellos le respondieron: --No; solamente te prenderemos y te entregaremos en sus manos, pero no te mataremos. Lo ataron luego con dos cuerdas nuevas y lo hicieron salir de la peńa. 14 Cuando llegaron a Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el espíritu de Jehová vino sobre él y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego y las ataduras se cayeron de sus manos. 15 Al ver una quijada de asno, fresca aún, extendió la mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. 16 Entonces Sansón dijo:
«Con la quijada de un asno,
un montón, dos montones;
con la quijada de un asno
maté a mil hombres». 17 Al terminar de decir esto, arrojó la quijada y llamó a aquel lugar Ramat-lehi. 18 Como tenía mucha sed, clamó a Jehová: «Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo, żcómo dejarás que muera yo ahora de sed y caiga en manos de estos incircuncisos?». 19 Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi, y salió de allí agua. Sansón bebió, recobró su espíritu y se reanimó. Por esto llamó a aquel lugar (que está en Lehi hasta el día de hoy) En-hacore.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Y juzgó Sansón a Israel veinte ańos, en los días en que dominaban los filisteos.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Fue Sansón a Gaza y vio allí a una prostituta y se llegó a ella. 2 Cuando les dijeron a los de Gaza: «Sansón ha venido acá», lo rodearon y acecharon durante toda la noche a la puerta de la ciudad. Se mantuvieron callados toda aquella noche, diciéndose: «Cuando aclare el día, entonces lo mataremos». 3 Pero Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó y, tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.
Sansón y Dalila
4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer llamada Dalila, que vivía en el valle de Sorec. 5 Fueron a visitarla los príncipes de los filisteos y le dijeron: --Engáńalo y descubre en qué consiste su gran fuerza y cómo podríamos vencerlo. Así podremos atarlo y dominarlo, y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Entonces Dalila dijo a Sansón: --Yo te ruego que me digas en qué consiste tu gran fuerza y cómo hay que atarte para que seas dominado. 7 Sansón le respondió: --Si me atan con siete mimbres verdes que aún no estén secos, entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban secos, y ella lo ató con ellos.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Como ya había situado hombres al acecho en el aposento, Dalila le gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Él rompió los mimbres como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza. 10 Entonces Dalila dijo a Sansón: --Tú me has engańado, me has dicho mentiras. Descúbreme, ahora, te ruego, cómo hay que atarte. 11 Él le respondió: --Si me atan fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado, yo me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. 12 Dalila tomó cuerdas nuevas, lo ató con ellas y gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Otra vez los espías estaban en el aposento, pero él las rompió con sus brazos como un hilo. 13 Dalila dijo a Sansón: --Hasta ahora me has engańado, y me has mentido. Descúbreme, pues, ahora, cómo hay que atarte. Él entonces le indicó: --Entretejiendo siete guedejas de mi cabeza con hilo de tejer y asegurándolas con la estaca. 14 Ella las aseguró con la estaca, y luego gritó: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Despertando él de su sueńo, arrancó la estaca del telar junto con la tela. 15 Dalila se lamentó: --żCómo dices: “Yo te amo”, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engańado tres veces y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. 16 Y aconteció que, presionándolo ella cada día con sus palabras e importunándolo, el alma de Sansón fue reducida a mortal angustia. 17 Le descubrió, pues, todo su corazón y le dijo: --Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareo para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres. 18 Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: «Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón». Los principales de los filisteos vinieron a ella trayendo en sus manos el dinero. 19 Hizo ella que Sansón se durmiera sobre sus rodillas y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza. Entonces comenzó ella a afligirlo, pues su fuerza se había apartado de él.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Y gritó de nuevo: «ˇSansón, los filisteos sobre ti!». Sansón despertó de su sueńo y pensó: «Esta vez me escaparé como las otras». Pero no sabía que Jehová ya se había apartado de él. 21 Enseguida los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos, lo llevaron a Gaza y lo ataron con cadenas para que trabajara en el molino de la cárcel. 22 Pero el cabello de su cabeza comenzó a crecer después que fue rapado.
Muerte de Sansón
23 Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón, su dios, y para alegrarse. Y decían:
«Nuestro dios entregó en nuestras manos
a Sansón, nuestro enemigo».* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo:
«Nuestro dios entregó en nuestras manos%a nuestro enemigo,
al destructor de nuestra tierra,
el cual ha dado muerte%a muchos de entre nosotros». 25 Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: «Traed a Sansón para que nos divierta». Trajeron de la cárcel a Sansón y les sirvió de juguete. Luego lo pusieron entre las columnas.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Entonces Sansón dijo al joven que lo guiaba de la mano: «Acércame y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas». 27 La casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí. En el piso alto había como tres mil hombres y mujeres que estaban mirando el escarnio de Sansón. 28 Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: «Seńor Jehová, acuérdate ahora de mí y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos». 29 Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. 30 Y gritó Sansón: «ˇMuera yo con los filisteos!». Después se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida. 31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, lo tomaron, se lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte ańos.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En los montes de Efraín vivía un hombre que se llamaba Micaía, 2 el cual dijo a su madre: --Los mil cien siclos de plata que te robaron, por los cuales maldijiste y de los cuales me hablaste, están en mi poder; yo tomé ese dinero. Entonces la madre dijo: --ˇBendito seas de Jehová, hijo mío! 3 Cuando él devolvió los mil cien siclos de plata a su madre, esta dijo: --En verdad, por mi hijo he dedicado el dinero a Jehová, para hacer una imagen de talla y una de fundición; pero ahora te lo devuelvo.
Sansón y Dalila
4 Cuando él devolvió el dinero a su madre, ella tomó doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo con ellos una imagen de talla y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía. 5 Este hombre Micaía tuvo así un lugar donde adorar a sus dioses. Hizo un efod y unos terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 En aquellos días no había rey en Israel y cada cual hacía lo que bien le parecía. 7 Había un joven de Belén de Judá, el cual era levita y forastero allí.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Este hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar un lugar. En su viaje llegó a los montes de Efraín, a la casa de Micaía.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Micaía le preguntó: --żDe dónde vienes? El levita le respondió: --Soy de Belén de Judá y voy a vivir donde pueda encontrar lugar. 10 Micaía le propuso: --Quédate en mi casa, y para mí serás padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por ańo, vestidos y comida. Y el levita se quedó. 11 Le agradó, pues, al levita quedarse con aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos. 12 Micaía consagró al levita; aquel joven le sirvió de sacerdote y permaneció en casa de Micaía. 13 Entonces Micaía pensó: «Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo a un levita por sacerdote».
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En aquellos días no había rey en Israel. La tribu de Dan buscaba un territorio propio donde habitar, porque hasta entonces no había obtenido su heredad entre las tribus de Israel. 2 Por eso los hijos de Dan enviaron desde Zora y Estaol cinco hombres de su tribu, hombres valientes, para que reconocieran y exploraran bien la tierra. Y les dijeron: «Id y reconoced la tierra». Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron. 3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita y, llegándose allá, le preguntaron: --żQuién te ha traído acá? żQué haces aquí? żQué buscas tú por aquí?
Sansón y Dalila
4 Él les respondió: --De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. 5 Ellos le pidieron entonces: --Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de irnos bien en este viaje que hacemos.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 El sacerdote les respondió: --Id en paz: delante de Jehová está el camino en que andáis. 7 Salieron luego aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que el pueblo que habitaba en esa ciudad estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región los perturbara en cosa alguna, ni nadie se enseńoreara sobre ellos. Estaban lejos de los sidonios y no tenían negocios con nadie.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Cuando los cinco hombres regresaron a sus hermanos de Zora y Estaol, estos les preguntaron: --żQué hay? Ellos respondieron:* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 --Levantaos, subamos contra ellos, porque hemos explorado la región y hemos visto que es muy buena. żNo haréis vosotros nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra. 10 Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta cosa alguna que haya en la tierra. 11 Entonces salieron de Zora y de Estaol seiscientos hombres de la familia de Dan provistos de armas de guerra. 12 Fueron y acamparon en Quiriat-jearim, en Judá, por lo cual aquel lugar, que está al occidente de Quiriat-jearim, se llama hasta hoy el campamento de Dan. 13 De allí pasaron al monte de Efraín y llegaron hasta la casa de Micaía. 14 Aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron entonces a sus hermanos: «żNo sabéis que en estas casas hay un efod y terafines, una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de hacer». 15 Cuando llegaron allá, entraron a donde vivía el joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16 Los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados con sus armas de guerra a la entrada de la puerta. 17 Subiendo luego los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras se quedaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados con armas de guerra. 18 Entraron, pues, aquellos hombres en la casa de Micaía y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. El sacerdote les dijo: --żQué hacéis vosotros? 19 Ellos le respondieron: --Calla, pon la mano sobre tu boca y ven con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. żEs acaso mejor ser sacerdote en la casa de un solo hombre que serlo de una tribu y de una familia de Israel?* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Se alegró el corazón del sacerdote, quien tomó el efod, los terafines y la imagen, y se fue con el pueblo. 21 Ellos iniciaron la marcha y partieron llevando delante a los nińos, el ganado y el bagaje. 22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la de él se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.
Muerte de Sansón
23 Les gritaron, y los de Dan, volviendo sus rostros, dijeron a Micaía: --żQué tienes, que has juntado gente?* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Él respondió: --Os apoderasteis de los dioses que yo hice y de mi sacerdote. Vosotros os vais, y a mí żqué más me queda? żPor qué, pues, me preguntáis: “żQué tienes?”. 25 Los hijos de Dan contestaron: --No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y regresó a su casa. 27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, un pueblo tranquilo y confiado, hirieron a sus habitantes a filo de espada y quemaron la ciudad. 28 No hubo quien los defendiera, porque se hallaban lejos de Sidón y no tenían negocios con nadie. Lais estaba situada en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad y habitaron en ella. 29 Y pusieron a aquella ciudad el nombre de Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, aunque antes la ciudad se llamaba Lais. 30 Allí los hijos de Dan levantaron, para adorarla, la imagen de talla. Y Jonatán hijo de Gersón hijo de Moisés, y sus hijos, fueron los sacerdotes en la tribu de Dan hasta el día del cautiverio de la tierra. 31 Así, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo, tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía había hecho.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que vivía como forastero en la parte más remota de los montes de Efraín. Había tomado para sí, como concubina, a una mujer de Belén de Judá; 2 pero su concubina le fue infiel, lo abandonó y se fue a casa de su padre, en Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses. 3 Se levantó su marido y fue tras ella para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevaba consigo un criado y un par de asnos. La mujer lo hizo entrar en la casa de su padre.
Sansón y Dalila
4 Al verlo, el padre de la joven salió a recibirlo gozoso. Lo detuvo su suegro, el padre de la joven, y se quedó en su casa tres días, comiendo, bebiendo y alojándose allí. 5 Al cuarto día, cuando se levantaron de mańana, se levantó también el levita para irse, pero el padre de la joven dijo a su yerno: --Conforta tu corazón con un bocado de pan y después os iréis.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Se sentaron ellos dos juntos, comieron y bebieron. El padre de la joven pidió al hombre: --Te ruego que pases aquí la noche, y de seguro se alegrará tu corazón. 7 Se levantó el hombre para irse, pero insistió su suegro y volvió a pasar la noche allí.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Al quinto día, levantándose de mańana para irse, le dijo el padre de la joven: --Conforta ahora tu corazón y aguarda hasta que decline el día. Y ambos comieron juntos.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Luego el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: --Ya el día declina y va a anochecer; te ruego que paséis aquí la noche. Puesto que el día se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón. Mańana os levantaréis temprano y os pondréis en camino, y te irás a tu casa. 10 Pero el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se levantó y se fue. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos ensillados y su concubina. 11 Estando ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a su seńor: --Ven ahora, vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche. 12 Su seńor le respondió: --No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel, sino que seguiremos hasta Gabaa. Y ańadió: 13 --Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. 14 Así, pues, siguieron adelante, y cuando se les puso el sol estaban junto a Gabaa, ciudad de la tribu de Benjamín. 15 Entonces se apartaron del camino y entraron en Gabaa para pasar allí la noche, pero se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiera en su casa para pasar la noche. 16 Llegó entonces un hombre viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual era de los montes de Efraín y vivía como forastero en Gabaa, pues los habitantes de aquel lugar eran hijos de Benjamín. 17 Alzando el viejo los ojos vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: --żA dónde vas y de dónde vienes? 18 Él respondió: --Venimos de Belén de Judá y vamos a la parte más remota de los montes de Efraín, de donde soy. Estuve en Belén de Judá, pero ahora voy a la casa de Jehová y no hay quien me reciba en su casa. 19 Tenemos paja y forraje para nuestros asnos; también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo. No nos falta nada.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 El hombre anciano le dijo entonces: --La paz sea contigo. Tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza. 21 Los trajo a su casa y dio de comer a sus asnos; se lavaron los pies, y comieron y bebieron. 22 Pero cuando estaban gozosos, los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpearon a la puerta y le dijeron al anciano dueńo de la casa: --Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.
Muerte de Sansón
23 Salió a su encuentro el dueńo de la casa y les dijo: --No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal. Puesto que este hombre es mi huésped, no hagáis esta maldad.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Aquí está mi hija virgen y la concubina de él; yo os las sacaré ahora: humilladlas y haced con ellas como os parezca, pero no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Pero ellos no lo quisieron oir. Así que el levita tomó a su concubina y la sacó. Aquellos hombres entraron a ella, abusaron de ella toda la noche hasta la mańana y la dejaron cuando apuntaba el alba.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Cuando ya amanecía, vino la mujer y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su seńor estaba, hasta que fue de día. 27 Se levantó por la mańana su seńor, abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino, pero allí estaba su concubina tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral. 28 El levita le dijo: --Levántate y vámonos. Pero ella no respondió. Entonces aquel hombre la levantó y, echándola sobre su asno, se fue a su lugar. 29 Al llegar a su casa, tomó un cuchillo, echó mano de su concubina, la partió por sus huesos en doce partes y la envió por todo el territorio de Israel. 30 Y todo el que veía aquello decía: «Jamás se ha hecho ni visto tal cosa desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo y hablad».
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Entonces salieron todos los hijos de Israel, y delante de Jehová, en Mizpa, se reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad. 2 Los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaban presentes en la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3 Los hijos de Benjamín supieron entonces que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Preguntaron los hijos de Israel: --Decid cómo fue esta maldad.
Sansón y Dalila
4 El levita, marido de la mujer muerta, respondió: --Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina para pasar allí la noche, 5 pero se levantaron contra mí los de Gabaa, rodearon la casa donde pasaba la noche, con la idea de matarme, y a mi concubina la humillaron de tal manera que murió.
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Luego la tomé, la corté en pedazos y la envié por todo el territorio de la posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7 Puesto que todos vosotros sois hijos de Israel, dad ahora vuestro parecer y consejo.
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8 Como un solo hombre, todo el pueblo se levantó y dijo: --Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni volverá ninguno de nosotros a su casa.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Esto es ahora lo que haremos con Gabaa: contra ella subiremos por sorteo. 10 Tomaremos diez hombres de cada ciento de todas las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil, que lleven víveres para el pueblo, para que, yendo este a Gabaa de Benjamín, le hagan conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel. 11 Se juntaron, pues, todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre. 12 Y las tribus de Israel enviaron hombres por toda la tribu de Benjamín, diciendo: «żQué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? 13 Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en Gabaa, para que los matemos y quitemos el mal de Israel». Pero los de Benjamín no quisieron oir la voz de sus hermanos los hijos de Israel, 14 sino que los de Benjamín, de todas las ciudades, se juntaron en Gabaa para salir a pelear contra los hijos de Israel. 15 Fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín, de las ciudades, y eran veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin contar los setecientos hombres escogidos que vivían en Gabaa. 16 Entre toda aquella gente había setecientos hombres escogidos que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello y no erraban. 17 También se contaron los hombres de Israel, fuera de Benjamín, y sumaban cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 18 Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: --żQuién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Jehová respondió: --Judá será el primero. 19 Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la mańana, contra Gabaa.* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín, y los hombres de Israel le presentaron batalla junto a Gabaa. 21 Pero los hijos de Benjamín salieron de la ciudad y derribaron por tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22 Reanimándose el pueblo, los hombres de Israel volvieron a darles batalla en el mismo lugar donde la habían presentado el primer día,
Muerte de Sansón
23 pues los hijos de Israel habían subido y llorado delante de Jehová hasta la noche, y habían consultado a Jehová diciendo: --żVolveremos a pelear con los hijos de Benjamín, nuestros hermanos? Jehová les respondió: --Subid contra ellos.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Por lo cual se acercaron por segunda vez los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín. 25 Pero aquel segundo día salieron los de Benjamín de Gabaa contra ellos y derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.26 Entonces subieron todos los hijos de Israel, todo el pueblo, y fueron a la casa de Dios. Lloraron, se sentaron allí en presencia de Jehová, ayunaron aquel día hasta la noche y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. 27 Los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues el Arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días, 28 y Finees hijo de Eleazar hijo de Aarón ministraba delante de ella en aquellos días): --żSaldremos de nuevo contra los hijos de Benjamín, nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Jehová dijo: --Subid, porque mańana yo os los entregaré. 29 Entonces puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30 Al tercer día subieron entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín y presentaron batalla delante de Gabaa, como las otras veces. 31 Salieron a su encuentro los hijos de Benjamín, alejándose de la ciudad, y comenzaron a herir a algunos del pueblo, matándolos como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el y el otro a Gabaa. Así mataron en el campo a unos treinta hombres de Israel. 32 Los hijos de Benjamín decían: «Están vencidos ante nosotros, como la vez anterior». Pero los hijos de Israel decían: «Huiremos y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos». 33 Entonces se levantaron todos los de Israel de su lugar y se pusieron en orden de batalla en Baal-tamar. También los emboscados de Israel salieron de sus escondites en la pradera de Gabaa. 34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, lo cual hizo que la batalla arreciara; pero los de Benjamín no sabían que ya el desastre se cernía sobre ellos. 35 Jehová derrotó a Benjamín delante de Israel: aquel día mataron los hijos de Israel a veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada. 36 Los hijos de Benjamín vieron entonces que estaban siendo derrotados, y los hijos de Israel cedieron terreno a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37 Los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a Gabaa, avanzaron y pasaron a filo de espada a toda la ciudad. 38 La seńal concertada entre los hombres de Israel y las emboscadas era que hicieran subir una gran humareda de la ciudad. 39 Luego que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a herir, y mataron como a treinta hombres de Israel, por lo que decían: «Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla». 40 Pero cuando la columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los de Benjamín miraron hacia atrás, y vieron que el humo de la ciudad subía al cielo. 41 Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor, porque vieron que el desastre había caído sobre ellos. 42 Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel y huyeron hacia el camino del desierto; pero la batalla los alcanzó y los que salían de las ciudades les cortaban el paso y los mataban. 43 Así cercaron a los de Benjamín, los acosaron y atropellaron desde Menúha hasta frente a Gabaa, hacia donde nace el sol. 44 Cayeron dieciocho mil hombres de Benjamín, todos ellos hombres de guerra. 45 Los demás se volvieron y huyeron hacia el desierto, a la peńa de Rimón; pero de ellos cayeron abatidos cinco mil hombres en los caminos; después los persiguieron aun hasta Gidom y mataron de ellos a dos mil hombres.* Rimón: heb. el granado, a 9 km. al norte de Gabaa.46 Todos los que de Benjamín murieron aquel día fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 47 Pero seiscientos hombres se volvieron y huyeron al desierto, a la peńa de Rimón, y se quedaron cuatro meses en la peńa de Rimón. 48 Los hombres de Israel volvieron a atacar a los otros hijos de Benjamín y pasaron a filo de espada tanto a los hombres de cada ciudad como a las bestias y todo lo que hallaban a su paso. Asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que encontraron.
Tola y Jair juzgan a Israel
Nacimiento de Sansón
Sansón y la mujer filistea de Timnat
Sansón en Gaza
3. APÉNDICES (17.1--21.25)
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
Micaía y los hombres de Dan
El levita y su concubina
La guerra contra Benjamín
La supervivencia de la tribu de Benjamín
1 Los hombres de Israel habían hecho este juramento en Mizpa: «Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer». 2 Pero luego fue el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron allí hasta la noche en presencia de Dios. Alzando su voz, lloraron mucho: 3 «Jehová, Dios de Israel, żpor qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu?».
Sansón y Dalila
4 Al día siguiente, el pueblo se levantó de mańana; edificaron allí un altar y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz. 5 Y se preguntaban: «żQuién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión delante de Jehová?». Porque se había hecho un gran juramento contra el que no subiera a Jehová en Mizpa, diciendo: «Sufrirá la muerte».
Jefté libera a Israel de los amonitas
6 Los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín, su hermano, y decían: «Eliminada es hoy de Israel una tribu. 7 żCómo daremos mujeres a los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras hijas por mujeres».
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Y preguntaban: «żHay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en Mizpa?». Entonces se acordaron de que ninguno de Jabes-galaad había venido al campamento, para la reunión.* Jabes-galaad: ciudad de Transjordania, cuya historia estaría ligada más tarde a la tribu de Benjamín y a la persona de Saúl, el primer rey de Israel (cf. 1 S 11; 31.11-13; 2 S 2.4-7; 21.12). Galaad: Véase Dt 2.36 nota t.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Porque fue contado el pueblo y ninguno de los habitantes de Jabes-galaad respondió. 10 Así que la congregación envió allá a doce mil hombres de los más valientes, y los mandaron, diciendo: «Id y pasad a filo de espada a los que viven en Jabes-galaad, con las mujeres y los nińos. 11 Pero haréis de esta manera: mataréis a todo hombre y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón». 12 Entre los que habitaban en Jabes-galaad hallaron cuatrocientas doncellas que no habían conocido varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán. 13 Toda la congregación envió luego un mensaje a los hijos de Benjamín que estaban en la peńa de Rimón, y los llamaron en paz. 14 Volvieron entonces los de Benjamín, y ellos les dieron por mujeres las que habían traído vivas de Jabes-galaad; pero no les bastaron. 15 El pueblo tuvo compasión de Benjamín, porque Jehová había abierto una brecha entre las tribus de Israel. 16 Entonces los ancianos de la congregación se preguntaron: «żQué haremos para dar mujeres a los que han quedado?». Porque habían sido exterminadas las mujeres de Benjamín. 17 Dijeron, pues: «Tenga Benjamín herencia en los que han escapado, para que no sea exterminada una tribu de Israel. 18 Pero nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: “Maldito el que dé mujer a los benjaminitas”». 19 Y ańadieron: «Ahora bien: Cada ańo hay una fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona».* Silo: Véase Jos 18.1 nota a. Esta fiesta, en la que participaban especialmente las jóvenes con cantos y danzas, era, probablemente, un festejo que tenía lugar cada ańo, en la época de la vendimia o cosecha de las uvas.20 Mandaron, pues, a los hijos de Benjamín, diciendo: «Id, poned emboscadas en las vińas 21 y estad atentos. Cuando veáis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las vińas, arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo y luego id a tierra de Benjamín. 22 Si vienen los padres o los hermanos de ellas a demandárnoslas, nosotros les diremos: “Hacednos la merced de concedérnoslas, ya que en la guerra nosotros no tomamos mujeres para todos. Además, no sois vosotros los que se las disteis, para que ahora seáis culpados”».
Muerte de Sansón
23 Los hijos de Benjamín lo hicieron así y tomaron mujeres conforme a su número, robándolas de entre las que danzaban. Luego se fueron, volvieron a su heredad, reedificaron las ciudades y habitaron en ellas.* Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas: Después de imponerle una prueba ejemplar, el Seńor hace revivir a la tribu culpable. De este modo, el libro de Jueces, que por momentos presenta un panorama violento y sombrío, concluye con un mensaje que pone de relieve la misericordia de Dios.24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, y cada uno salió hacia su heredad. 25 En aquellos días no había rey en Israel y cada cual hacía lo que bien le parecía.* Este refrán, repetido ya varias veces (Jue 17.6; 18.1; 19.1), está como reclamando la institución de la realeza, cuyos comienzos van a relatarse a continuación, en los libros de Samuel. Antes que hubiera rey en Israel, la anarquía reinante permitía que se cometiera toda clase de abusos y abominaciones. Frente a ese estado de cosas, se esperaba que el rey viniera a poner orden.
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