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Jonás 1 1 de 4 capítulos

1. JONÁS HUYE DE JEHOVÁ (1.1-16)

1 Jehová dirigió su palabra a Jonás hijo de Amitai y le dijo:* Jonás hijo de Amitai: Cf. 2 R 14.25.2 «Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí».** Aquella gran ciudad: Nínive era la capital de Asiria, el imperio que en el 721 a.C. destruyó el reino del norte (Israel) y envió al exilio a muchos israelitas (cf. 2 R 14.1-23). Los profetas Nahúm (1.14--3.19) y Sofonías (2.13-15) anunciaron su destrucción, hecho que tuvo lugar en el ańo 612 a.C. Cuando se redactó el libro de Jonás, esa ciudad era símbolo de crueldad, de violencia y de hostilidad hacia el pueblo de Dios. Cf. Nah 1.1; 2.13--3.19. Véase Índice de mapas.Su maldad ha subido hasta mí: Cf. Gn 18.20-21.3 Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, donde encontró una nave que partía para Tarsis; pagó su pasaje, y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.** Jope era el puerto del Mediterráneo más cercano a Jerusalén (cf. 2 Cr 2.16; Hch 9.36). Véase Índice de mapas.Es difícil determinar con exactitud la localización de Tarsis. Algunos estudiosos la sitúan en la costa sudoeste de Espańa; otros, en la isla de Cerdeńa. De todas maneras, aquí se trata de un sitio al que podía llegarse en barco a través del mar Mediterráneo y que representaba para los israelitas el extremo occidental del mundo entonces conocido. Véase Sal 72.10 n.4 Pero Jehová hizo soplar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.* Pero Jehová hizo...: A lo largo de todo el relato se pone en evidencia la acción de Dios, que dispone los acontecimientos conforme a sus designios. Jonás pretende ser infiel a su misión, pero el Seńor, valiéndose de su dominio sobre los fenómenos de la naturaleza, ordena los acontecimientos para que el profeta cumpla la voluntad divina y de ese modo la palabra de Dios sea anunciada a los pueblos paganos. Cf. Jon 1.17; 2.10; 3.1-2.5 Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios. Luego echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Mientras tanto, Jonás había bajado al interior de la nave y se había echado a dormir.* Se había echado a dormir: Cf. Gn 2.21.6 Entonces el patrón de la nave se le acercó y le dijo: «żQué tienes, dormilón? Levántate y clama a tu Dios. Quizá tenga compasión de nosotros y no perezcamos».* No sin ironía, el relato hace ver el contraste entre la conducta de Jonás y la de los marineros. Jonás conoce al verdadero Dios (cf. v. 9), pero huye de su presencia y no lo invoca en medio del peligro; los marineros son politeístas, pero manifiestan ser más piadosos que el profeta judío: ven en la tempestad una seńal divina, invocan cada uno a su dios y piden a Jonás que se una a sus oraciones.7 Entre tanto, cada uno decía a su compańero: «Venid y echemos suertes, para que sepamos quién es el culpable de que nos haya venido este mal». Echaron, pues, suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.* Echaron... suertes: Con este procedimiento, muy frecuente en la antigüedad, se trataba de conocer la voluntad divina a fin de tomar las decisiones correspondientes (cf. Nm 26.55-56; 1 S 10.20-21; 14.36-42; Hch 1.26).8 Entonces ellos le dijeron: --Explícanos ahora por qué nos ha venido este mal. żQué oficio tienes y de dónde vienes? żCuál es tu tierra y de qué pueblo eres? 9 Él les respondió: --Soy hebreo y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.** Soy hebreo: En el AT, este nombre aparece casi exclusivamente en labios de extranjeros, sobre todo de egipcios (Gn 40.15; 41.12; Ex 1.16) y filisteos (1 S 4.6,9; 13.3). Véase Gn 14.13 nota k. Nótese que Jonás, siendo israelita, lo usa en su diálogo con los marineros paganos.Dios de los cielos: 2 Cr 36.23; Esd 1.2; 5.11; 7.12; Neh 1.4-5; 2.4; Dn 2.18-19. Al hacer esta confesión de fe, Jonás pone de manifiesto la inconsecuencia de su conducta: por una parte, él reconoce la soberanía universal del Seńor, que hizo el mar y la tierra; pero, por otra, considera que es posible huir de su presencia (cf. Jon 1.3).10 Aquellos hombres sintieron un gran temor y le dijeron: --żPor qué has hecho esto? Pues ellos supieron que huía de la presencia de Jehová por lo que él les había contado. 11 Como el mar se embravecía cada vez más, le preguntaron: --żQué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? 12 Él les respondió: --Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará, pues sé que por mi causa os ha sobrevenido esta gran tempestad. 13 Aquellos hombres se esforzaron por hacer volver la nave a tierra, pero no pudieron, porque el mar se embravecía cada vez más contra ellos. 14 Entonces clamaron a Jehová y dijeron: «Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni nos hagas responsables de la sangre de un inocente; porque tú, Jehová, has obrado como has querido».* Ni nos hagas responsables de la sangre... inocente: Cf. Dt 21.8-9; Jer 26.15-16.15 Tomaron luego a Jonás y lo echaron al mar; y se aquietó el furor del mar. 16 Sintieron aquellos hombres gran temor por Jehová, le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.

2. ORACIÓN DE JONÁS (1.17--2.10)

17 Pero Jehová tenía dispuesto un gran pez para que se tragara a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches.ń 1.17Cf. Mt 12.38-40, donde Jesús, frente a la incredulidad de los que reclaman de él una seńal milagrosa, remite a la seńal de Jonás. Véase Introducción a Jonás; cf. también Mt 16.1-4; Lc 11.29-32.* Un gran pez: El texto no identifica la naturaleza de este gran pez; solo indica que, gracias a su intervención, Jonás se salvó de la muerte y pudo volver a tierra para dar cumplimiento a su misión.