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Jeremías 1 1 de 52 capítulos

1. MENSAJES CONTRA JUDÁ Y%JERUSALÉN (1.1--25.38)

Llamamiento y misión de Jeremías

1 Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que residieron en Anatot, en tierra de Benjamín.**** Las palabras: Esta expresión traduce un vocablo hebreo que en determinados contextos se refiere a sucesos o acontecimientos. El libro de Jeremías no contiene solamente palabras o dichos del profeta, sino también numerosos relatos de carácter biográfico.Hilcías, el padre de Jeremías, no es el sacerdote del mismo nombre que encontró el libro de la Ley en el templo de Jerusalén, en el ańo 622 a.C. (2 R 22.8).Anatot era una población situada a unos 5 km. al nordeste de Jerusalén y se menciona en la lista de las ciudades levíticas (Jos 21.13-18). Los sacerdotes de Anatot estaban sin duda emparentados con Abiatar, uno de los sacerdotes de David (cf. 1 S 22.20-23), que fue expulsado de Jerusalén por el rey Salomón (cf. 1 R 2.26-27). Además, los miembros de esta familia sacerdotal eran probablemente descendientes de Elí, el sacerdote del antiguo santuario de Silo. Véanse 1 S 2.33 n. e Índice de mapas. En tierra de Benjamín: Véase Jos 18.11 n.2 Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el ańo decimotercero de su reinado.* Jer 25.3. Josías reinó en Judá entre los ańos 640 y 609 a.C., de manera que el ańo decimotercero de su reinado corresponde al ańo 627 a.C. Cf. 2 R 22.1--23.30; 2 Cr 34--35.3 Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del ańo undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.** Acerca de los reyes Joacim y Sedequías, cf. 2 R 23.36--25.7, y véanse Jer 22.30 n.; 26.1 n. 27.1 nota c. Esta deportación de los habitantes de Judá a Babilonia tuvo lugar en el ańo 586 a.C. (cf. 2 R 25.8-21). Jeremías no integró la caravana de los deportados (cf. Jer 40.1-6), sino que después de la destrucción de Jerusalén siguió ejerciendo una importante actividad entre sus compatriotas que no fueron condenados al exilio. Acerca de esta última etapa de su actividad profética, cf. Jer 42--44.4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
*
Compárese el siguiente relato de vocación al profetismo con otros semejantes, como los de Ex 3--4; 1 S 3; 1 R 19.19-21; Is 6; Ez 2--3. En comparación con la solemne grandiosidad de estos dos últimos, el relato de la vocación de Jeremías se destaca por su sencillez y simplicidad.5 «Antes que te formara en el vientre, %te conocí,
y antes que nacieras, te santifiqué,
te di por profeta a las naciones».
*
Para llevar a cabo su misión, Jeremías tendrá que ocuparse de naciones distintas de Israel (cf. Jer 25.15-38; 27; 46--51), lo mismo que otros profetas, como Amós (caps. 1--2), Isaías (caps. 13--23) y Ezequiel (caps. 25--32).6 Yo dije:
«ˇAh, ah, Seńor Jehová! ˇYo no sé hablar,%porque soy un muchacho!».*
Jeremías no quiere decir, como Moisés, que él es torpe de lengua (Ex 4.10; 6.12), sino que aún no tiene la edad requerida para participar activamente en la vida pública. En el antiguo Israel, era muy apreciada la sabiduría de los ancianos y las personas de poca edad debían guardar silencio en presencia de los mayores (cf. Job 32.4,6); por eso Jeremías objeta que sus palabras, por ser todavía un muchacho, carecerían de autoridad.7 Me dijo Jehová:
«No digas: “Soy un muchacho”,
porque a todo lo que te envíe irás,
y dirás todo lo que te mande.ń 1.7 El Seńor no acepta la objeción, porque él tiene poder para hacer oir su palabra por medio de quien él quiera. Cf. Ex 4.11-12; véase Jue 6.15 n.
8 No temas delante de ellos,
porque contigo estoy para librarte,
dice Jehová».
*
Dice Jehová: Esta frase corresponde a una expresión hebrea que en otras versiones suele traducirse por oráculo del Seńor. El oráculo es una forma literaria característica de los escritos proféticos, que expresa de manera concisa, y por lo general en lenguaje poético, el mensaje que el profeta debe transmitir como portavoz de Jehová.9 Extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová:
«He puesto mis palabras en tu boca.
*
He puesto mis palabras en tu boca: Cf. Dt 18.18, donde casi con estos mismos términos el Seńor promete que nunca dejará de enviar a su pueblo profetas como Moisés. Así se pone de manifiesto que Jeremías se sitúa en la corriente profética inaugurada por el libertador de Israel (cf. Dt 34.10).10 Mira que te he puesto en este día
sobre naciones y sobre reinos,
para arrancar y destruir,
para arruinar y derribar,
para edificar y plantar».
*
Estos verbos especifican la misión que deberá cumplir Jeremías. La desproporción entre los cuatro primeros, de carácter negativo, y los dos últimos, de contenido positivo, da a entender que su misión consistirá principalmente en anunciar el juicio de Dios sobre el pueblo pecador. Pero en su mensaje habrá también anuncios de salvación (cf. caps. 30--33). Estos mismos verbos se encuentran también, total o parcialmente, en 18.7-9; 24.6; 31.28; 42.10; 45.4.11 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: «żQué ves tú, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una vara de almendro».** Dos visiones cargadas de simbolismo completan el relato de la vocación de Jeremías. La primera (v. 11-12) se refiere a la eficacia de la palabra de Dios, que el profeta debe proclamar; la segunda (v. 13-15) tiene que ver con el contenido de esa palabra, es decir, con el mensaje que ella anuncia. En ambos casos, la revelación divina llega a través de dos objetos familiares y cotidianos, como son una vara de almendro o una olla que hierve sobre el fuego.La vara de almendro es la primera que florece, anticipándose a la primavera, y por eso en hebreo se llama shaqued (vigilante). Del mismo modo, Jehová vigila (v. 12) o está atento ( shoqued ) para que su palabra no deje de cumplirse. Cf. Is 55.10-11; Ez 12.28.12 Me dijo Jehová: «Bien has visto, porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra». 13 Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo: «żQué ves tú?». Yo dije: «Veo una olla hirviendo, que se vierte desde el norte».* La olla hirviendo está inclinada y a punto de volcarse de norte a sur, es decir, en dirección a Jerusalén y Judá.14 Me dijo Jehová:
«Del norte se soltará el mal
sobre todos los moradores de esta tierra.
15 Porque yo convoco
a todas las familias%de los reinos del norte,
dice Jehová;
vendrán, y pondrá%cada uno su campamento
a la entrada de las puertas de Jerusalén,
junto a todos sus muros en derredor
y contra todas las ciudades de Judá.
*
Jer 4.6; 6.1; 13.20. Todavía no se especifica quién es el enemigo que viene del norte, pero más adelante va a quedar claro que se trata del imperio neobabilónico. Este imperio, sobre todo bajo el reinado de Nabucodonosor, dominó la política del antiguo Oriente a fines del siglo VII a.C. y a comienzos del VI. Cf. Jer 27.6-11.16 A causa de toda su maldad,
proferiré mis juicios
contra los que me abandonaron%e incensaron
a dioses extrańos,%y la obra de sus manos adoraron.
17 Tú, pues, cińe tu cintura,
levántate y háblales%todo cuanto te mande.
No te amedrentes delante de ellos,
para que yo no te amedrente%en su presencia.
18 Porque yo te he puesto en este día
como ciudad fortificada,
como columna de hierro
y como muro de bronce %contra toda esta tierra,
contra los reyes de Judá, sus príncipes,
sus sacerdotes y el pueblo de la tierra.
*
El pueblo de la tierra: Con esta expresión se designaba, antes del exilio, no tanto al conjunto de la población sino a los ciudadanos que gozaban de plenos derechos cívicos y que tenían, además, determinadas obligaciones, como la participación en los asuntos públicos (cf. 2 R 21.24; 23.30) y el servicio militar (cf. Jer 52.25). Después del exilio, la expresión va a designar a la gente de la región, es decir, a los pobladores de Palestina que no eran judíos (cf. Esd 4.4). Nótese que en este pasaje el pueblo de la tierra se distingue expresamente de los reyes, los príncipes y los sacerdotes. Véase una enumeración parecida en Ez 22.26-29.19 Pelearán contra ti, pero no te vencerán,
porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte».