1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,* El autor cita seis ejemplos de los rudimentos de la doctrina de Cristo.2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.** La doctrina de bautismos: expresión que puede incluir los lavamientos ceremoniales judíos, considerados ya superados por el bautismo cristiano.Imposición de manos: Cf. Hch 8.17; 19.6.3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. 4 Es imposible que los que una vez fueron iluminados, gustaron del don celestial, fueron hechos partícipes del Espíritu Santo* Fueron iluminados: probable alusión a la fe.5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndolo a la burla.* Crucificando de nuevo: es decir, repudian completa y deliberadamente al Hijo de Dios. El autor considera que en realidad sus lectores no han llegado a tal extremo (v. 9). Cf. Heb 10.26-31.7 La tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida y su fin es ser quemada.* Cf. Gn 3.17-18.9 Pero en cuanto a vosotros, amados, estamos persuadidos de cosas mejores, pertenecientes a la salvación, aunque hablamos así, 10 porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndolos aún.* Heb 10.32-34.11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. 13 Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo 14 diciendo: «De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente».* Gn 22.16-17.15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. 16 Los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. 17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento, 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.** Dos cosas inmutables: la promesa de Dios y su juramento (v. 17; Heb 7.20-21,28).Nm 23.19; 1 S 15.29.19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,* Dentro del velo: en el Lugar santísimo del Tabernáculo de reunión (Lv 16.2), visto aquí como figura del templo celestial, donde Jesús ha entrado como sacerdote para permitirnos el libre acceso a Dios (v. 20; Heb 9.7 n.). Véase también Mt 27.51 n.20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.* Sumo sacerdote... según el orden de Melquisedec: Sal 110.4; véase Heb 5.6 n.
© 1995 Sociedades Bíblicas Unidas