Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac
Muerte y sepultura de Sara
1 Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham. Le dijo: --Abraham. Este respondió: --Aquí estoy. 2 Y Dios le dijo: --Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3 Abraham se levantó muy de mańana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo. Después cortó leńa para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.* Los hijos de Het: heteos, véase Jos 1.4 n.4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio de lejos el lugar.** El relato insiste en seńalar que Abraham era un extranjero y forastero en aquel país (cf. Heb 11.9,13), y como tal, no podía adquirir una propiedad sin el expreso consentimiento de los nativos del lugar.La posesión de un sepulcro familiar era un hecho de gran importancia, porque aseguraba un lugar de descanso junto a los antepasados (cf. Gn 49.29-32; 1 R 13.22; Hch 7.16).5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: --Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros. 6 Tomó Abraham la leńa del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; luego tomó en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos.* Príncipe de Dios: otra posible traducción: jefe eminente o poderoso. En tal caso, la expresión de Dios equivaldría a un superlativo (véase Gn 1.2 nota d).7 Después dijo Isaac a Abraham, su padre: --Padre mío. Él respondió: --Aquí estoy, hijo mío. Isaac le dijo: --Tenemos el fuego y la leńa, pero żdónde está el cordero para el holocausto? 8 Abraham respondió: --Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. 9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leńa, ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leńa. 10 Extendió luego Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.* La puerta de la ciudad era el sitio donde se trataban los asuntos oficiales y se realizaban las negociaciones. Véanse Rut 4.1 n. y Sal 127.5 n.11 Entonces el ángel de Jehová lo llamó desde el cielo: --ˇAbraham, Abraham! Él respondió: --Aquí estoy.* El ofrecimiento de la heredad como regalo es, en realidad, una forma cortés de proponer una venta. De hecho, Abraham así lo entiende, y por eso se muestra dispuesto a pagar el precio correspondiente. Los regateos y las excesivas muestras de cortesía eran habituales en las transacciones comerciales en el Oriente próximo.12 El ángel le dijo: --No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo. 13 Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham a aquel lugar «Jehová proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Jehová será provisto». 15 Llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,* Siclos de plata: (Véase Tabla de pesas, medidas y monedas). Las monedas no se usaron en Palestina antes del siglo VII a.C. Por tanto, lo habitual en épocas anteriores era pesar cierta cantidad de metal y utilizarla en los contratos de compraventa.16 y le dijo: --Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo, 17 de cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; tu descendencia se adueńará de las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. 19 Regresó Abraham adonde estaban sus siervos, y juntos se levantaron y se fueron a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.* En la cueva de Macpela fueron enterrados, además de Sara, el propio Abraham (Gn 25.9-10), Isaac (Gn 35.29), Rebeca, Lea y Jacob (Gn 49.31; 50.13). La tradición ha ubicado esta tumba de los patriarcas en el interior de una gran mezquita musulmana, en Hebrón.20 Después de estas cosas se anunció a Abraham: «Milca ha dado a luz hijos a tu hermano Nacor: 21 Uz, el primogénito; Buz, su hermano; Kemuel, padre de Aram; 22 Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel». 23 Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que Milca dio a luz de Nacor, hermano de Abraham. 24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.* La siguiente lista genealógica, al introducir el nombre de Rebeca, la esposa de Isaac, prepara el relato del cap. 24. En esa lista se mencionan doce hijos de Nacor (cf. Gn 11.27,29), así como otras listas mencionan doce hijos de Jacob (Gn 35.22-26) y doce hijos de Ismael (17.20; 25.12-16).
Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac
Muerte y sepultura de Sara
1 Fueron ciento veintisiete los ańos de la vida de Sara; tantos fueron los ańos de la vida de Sara. 2 Sara murió en Quiriat-arba (que es Hebrón), en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara y a llorarla. 3 Luego se levantó Abraham de delante de su muerta y habló a los hijos de Het, diciendo:* Los hijos de Het: heteos, véase Jos 1.4 n.4 --Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme en propiedad una sepultura entre vosotros para llevarme a mi muerta y sepultarla.** El relato insiste en seńalar que Abraham era un extranjero y forastero en aquel país (cf. Heb 11.9,13), y como tal, no podía adquirir una propiedad sin el expreso consentimiento de los nativos del lugar.La posesión de un sepulcro familiar era un hecho de gran importancia, porque aseguraba un lugar de descanso junto a los antepasados (cf. Gn 49.29-32; 1 R 13.22; Hch 7.16).5 Respondieron los hijos de Het a Abraham, diciendo: 6 --Óyenos, seńor nuestro. Tú eres un príncipe de Dios entre nosotros; sepulta a tu muerta en lo mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros te negará su sepulcro ni te impedirá que entierres a tu muerta.* Príncipe de Dios: otra posible traducción: jefe eminente o poderoso. En tal caso, la expresión de Dios equivaldría a un superlativo (véase Gn 1.2 nota d).7 Abraham se levantó, se inclinó ante el pueblo de aquella tierra, los hijos de Het, 8 y habló con ellos, diciendo: --Si en verdad queréis que yo me lleve y sepulte a mi muerta, oídme e interceded por mí ante Efrón hijo de Zohar, 9 para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que me la dé por su justo precio y así poseeré una sepultura en medio de vosotros. 10 Como Efrón, el heteo, estaba entre los hijos de Het, respondió a Abraham en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad:* La puerta de la ciudad era el sitio donde se trataban los asuntos oficiales y se realizaban las negociaciones. Véanse Rut 4.1 n. y Sal 127.5 n.11 --No, seńor mío, óyeme: te doy la heredad y te doy también la cueva que está en ella. En presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta a tu muerta.* El ofrecimiento de la heredad como regalo es, en realidad, una forma cortés de proponer una venta. De hecho, Abraham así lo entiende, y por eso se muestra dispuesto a pagar el precio correspondiente. Los regateos y las excesivas muestras de cortesía eran habituales en las transacciones comerciales en el Oriente próximo.12 Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra 13 y respondió a Efrón en presencia del pueblo del lugar, diciendo: --Antes, si te place, te ruego que me oigas. Yo pagaré el precio de la heredad; acéptalo y sepultaré en ella a mi muerta. 14 Respondió Efrón a Abraham: 15 --Seńor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata, pero żqué es esto entre tú y yo? Entierra, pues, a tu muerta.* Siclos de plata: (Véase Tabla de pesas, medidas y monedas). Las monedas no se usaron en Palestina antes del siglo VII a.C. Por tanto, lo habitual en épocas anteriores era pesar cierta cantidad de metal y utilizarla en los contratos de compraventa.16 Entonces Abraham aceptó la oferta de Efrón y, en presencia de los hijos de Het, pesó a Efrón el dinero que este le había pedido, cuatrocientos siclos de plata de buena ley entre mercaderes. 17 Así, pues, la heredad de Efrón que estaba en Macpela, al oriente de Mamre, la heredad, con la cueva que había en ella y con todos los árboles que había en la heredad y en todos sus contornos, 18 quedó como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. 19 Después de esto, Abraham sepultó a Sara, su mujer, en la cueva de la heredad de Macpela, al oriente de Mamre (que es Hebrón), en la tierra de Canaán.* En la cueva de Macpela fueron enterrados, además de Sara, el propio Abraham (Gn 25.9-10), Isaac (Gn 35.29), Rebeca, Lea y Jacob (Gn 49.31; 50.13). La tradición ha ubicado esta tumba de los patriarcas en el interior de una gran mezquita musulmana, en Hebrón.20 Y la heredad, con la cueva que en ella había, quedó en manos de Abraham como una posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.
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