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Ezequiel 9 9 de 48 capítulos

Visión de la muerte de los culpables

1 Entonces clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: «ˇLos verdugos de la ciudad han llegado y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir!». 2 Y seis hombres venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano. Al entrar, se detuvieron junto al altar de bronce.*** Seis hombres: Parecería que esta cifra deja abierta una esperanza: como el número siete representa la plenitud, el seis (siete menos uno) podría sugerir simbólicamente que el exterminio no iba a ser completo.Vestido de lino: El lino era la tela con que se hacían las vestiduras sacerdotales (Ex 28.42; Lv 16.23; 1 S 2.18; 2 S 6.14).El tintero de escribano caracteriza la misión asignada a este hombre. A diferencia de los exterminadores, él debía trazar una seńal salvadora en todos aquellos que no habían caído en la idolatría ni se habían contaminado con las cosas detestables que se cometían en Jerusalén (cf. v. 4).3 La gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, hacia el umbral de la casa. Y llamó Jehová al hombre vestido de lino que tenía a su cintura el tintero de escribano, 4 y le dijo Jehová: «Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una seńal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella».** Una seńal: lit. una taw, la última letra del alfabeto hebreo. Como la taw, en la antigua escritura hebrea, tenía forma de cruz (x o +), muchos cristianos han visto en esta seńal una referencia profética a la cruz de Cristo.En la primera noche pascual, la seńal de la sangre había librado del exterminio a los primogénitos de los israelitas (Ex 12.13). En el caso de Ezequiel, la liberación por la seńal en la frente evoca la idea del “remanente”, frecuente en los escritos proféticos. Véase Ez 5.3 n.5 A los otros dijo, oyéndolo yo: «Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no miren con piedad vuestros ojos, no tengáis compasión. 6 Matad a viejos, a jóvenes y a vírgenes, a nińos y a mujeres, hasta que no quede ninguno. Pero a todo aquel sobre el cual esté la seńal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario». Comenzaron, pues, desde los hombres ancianos que estaban delante del Templo.* Cf. Ap 7.2-3; 9.4; 14.1.7 Les dijo: «Contaminad la casa, llenad los atrios de muertos y salid». Y salieron a matar en la ciudad. 8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé diciendo: «ˇAh, Seńor Jehová!, żdestruirás a todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?».* Acerca del profeta como intercesor ante Dios en favor del pueblo, véanse Jer 15.1 notas a y b.9 Me dijo: «La maldad de la casa de Israel y de Judá es sobremanera grande, pues la tierra está llena de sangre y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: “Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve”. 10 Así, pues, haré yo: mis ojos no mirarán con piedad, no tendré compasión; haré recaer la conducta de ellos sobre sus propias cabezas». 11 Y el hombre vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: «He hecho conforme a todo lo que me mandaste».