Salida de Ezequiel en seńal de la cautividad
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 «Hijo de hombre, tú habitas en medio de una casa rebelde. Tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oir, y no oyen, porque son una casa rebelde.* Cf. Is 6.9-10; Jer 5.21; Mc 8.18.3 Por tanto tú, hijo de hombre, prepárate enseres de marcha, y parte de día a la vista de ellos. Te pasarás de tu lugar a otro lugar a la vista de ellos, por si tal vez atienden, porque son una casa rebelde. 4 Sacarás tus enseres de día a la vista de ellos, como enseres para el destierro; pero tú saldrás por la tarde a la vista de ellos, como quien sale en cautiverio. 5 Ante sus propios ojos te abrirás paso a través de la pared, y saldrás por ella. 6 Ante sus propios ojos los llevarás sobre tus hombros, de noche los sacarás; cubrirás tu rostro y no mirarás el país, porque por seńal te he dado a la casa de Israel». 7 Yo hice como se me había mandado; saqué mis enseres de día, como enseres para el destierro, y a la tarde me abrí paso a través de la pared con mi propia mano; salí de noche, y los llevé sobre los hombros a la vista de ellos. 8 Por la mańana vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 9 «Hijo de hombre, żno te ha preguntado la casa de Israel, aquella casa rebelde: “Qué haces”? 10 Diles: “Así ha dicho Jehová, el Seńor: Esta profecía se refiere al gobernante en Jerusalén y a toda la casa de Israel que está en medio de ella”. 11 Diles: “Yo soy vuestra seńal. Como yo hice, así se hará con vosotros: partiréis al destierro, en cautividad. 12 Y al gobernante que está en medio de ellos, lo llevarán a cuestas de noche, y saldrán. A través de la pared abrirán un paso para sacarlo por ella, y cubrirá su rostro para no ver con sus ojos el país.* Para no ver con sus ojos el país: otra traducción: para que nadie pueda verlo ni él pueda ver (LXX).13 Pero yo extenderé mi red sobre él y caerá preso en mi trampa, y lo haré llevar a Babilonia, a la tierra de los caldeos; pero no la verá, y allá morirá.* Cf. 2 R 25.7; Jer 52.4-11; Ez 17.18-20.14 A todos los que estén alrededor de él para ayudarlo, y a todas sus tropas, esparciré a todos los vientos, y desenvainaré la espada en pos de ellos. 15 Y sabrán que yo soy Jehová cuando los disperse entre las naciones y los esparza por la tierra. 16 Haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde lleguen. Y sabrán que yo soy Jehová”». 17 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 «Hijo de hombre, come tu pan con temblor y bebe tu agua con estremecimiento y con ansiedad. 19 Di al pueblo de la tierra que así ha dicho Jehová, el Seńor, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre la tierra de Israel: “Su pan comerán con temor, y con espanto beberán su agua, porque su tierra será despojada de su plenitud por la maldad de todos los que en ella habitan. 20 Las ciudades habitadas quedarán desiertas y la tierra será asolada. Y sabréis que yo soy Jehová”». 21 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 22 «Hijo de hombre, żqué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: “Se van prolongando los días y desaparecerá toda visión”?* Cf. 2 P 3.4.23 Diles, por tanto: “Así ha dicho Jehová, el Seńor: Haré cesar este refrán y no lo repetirán más en Israel”. Diles, pues: “Se han acercado aquellos días y el cumplimiento de toda visión. 24 Porque no habrá más visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. 25 Porque yo, Jehová, hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová, el Seńor”». 26 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 27 «Hijo de hombre, ahora los de la casa de Israel dicen: “La visión que este ve es para dentro de muchos días; para lejanos tiempos profetiza este”. 28 Diles, por tanto: “Así ha dicho Jehová, el Seńor: No se tardará más ninguna de mis palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová, el Seńor”».* La palabra que yo hable se cumplirá: El cumplimiento de las profecías es una de las seńales que permiten distinguir al verdadero profeta del falso (Dt 18.21-22).
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