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Éxodo 32 32 de 40 capítulos

1 Al ver el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron a Aarón y le dijeron: --Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moisés, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.* Cf. Hch 7.40.2 Aarón les dijo: --Quitad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.* Zarcillos: Véase Gn 35.4 nota c.3 Entonces todo el pueblo se quitó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas y los trajeron a Aarón. 4 Él los recibió de sus manos, le dio forma con un buril e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces ellos dijeron: --ˇIsrael, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!* Cf. Hch 7.41. Casi con estos mismos términos, el rey Jeroboam I presenta los becerros de oro que había mandado colocar en los santuarios de Bet-el y de Dan (1 R 12.28). Esta coincidencia indica que los dos relatos están emparentados.5 Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro y proclamó: --ˇMańana será un día de fiesta dedicado a Jehová!* Día de fiesta dedicado a Jehová: Esta expresión indica que los israelitas querían seguir rindiendo culto a Jehová, y no a un dios distinto del que los había liberado de la esclavitud en Egipto. Pero el hecho de asociar al Dios de Israel con la imagen del becerro, que era símbolo característico de las religiones paganas (véase Ex 32.4 nota d), resultaba incompatible con el culto que el Seńor exigía de su pueblo. Cf. Ex 20.4.6 Al día siguiente madrugaron, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz. Luego se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.* En Gn 26.8; 39.17, el verbo hebreo traducido aquí por regocijarse se refiere a prácticas de carácter sexual. Este versículo se cita en 1 Co 10.7 como un caso representativo de la infidelidad e idolatría de los israelitas en el desierto.7 Entonces Jehová dijo a Moisés: --Anda, desciende, porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. 8 Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “ˇIsrael, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!”.* Cf. Dt 9.11-12.9 Continuó diciendo Jehová a Moisés: --Yo he visto a este pueblo, que por cierto es un pueblo muy terco.* Cf. Gn 12.2; Dt 9.13-14.10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; pero de ti yo haré una nación grande. 11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová, su Dios, y dijo: --żPor qué, Jehová, se encenderá tu furor contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 żPor qué han de decir los egipcios: “Para mal los sacó, para matarlos en los montes y para exterminarlos de sobre la faz de la tierra”? Vuélvete del ardor de tu ira y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo y les has dicho: “Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y le daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que os he hablado, y ellos la poseerán como heredad para siempre”.** Cf. Gn 22.16-17; 26.3-4; 28.13-14.Cf. Gn 17.8.14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo habría de hacer a su pueblo.* Una vez más, la intercesión de Moisés obtiene del Seńor el perdón del pecado cometido por el pueblo. Cf. Nm 14.13-19; Dt 9.25-29.15 Moisés se volvió y descendió del monte, trayendo en sus manos las dos tablas del Testimonio, tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.* Cf. Dt 9.15.16 Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.* Cf. Ex 31.18. Hay un marcado contraste entre las tablas escritas por el mismo Dios y el ídolo que el pueblo se había fabricado por su propia cuenta.17 Cuando Josué oyó el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: --Hay gritos de pelea en el campamento. 18 Pero Moisés respondió: --No son voces de vencedores, ni alaridos de vencidos; oigo cánticos de coros. 19 Aconteció que cuando Moisés llegó al campamento y vio el becerro y las danzas,ń 32.19Danzas: alusión a los cantos y danzas rituales que formaban parte del culto al becerro de oro.se enfureció y arrojó de sus manos las tablas, y las quebró al pie del monte.* La ruptura de las tablas significa que Moisés declara anulado el pacto del Seńor con Israel. Sin embargo, el v. 14 indica que su oración había sido escuchada y que Dios no había rechazado a su pueblo. Es importante tener en cuenta ese versículo al leer el relato del castigo que viene a continuación. Véase 31.18--34.35 n.20 Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas y lo dio a beber a los hijos de Israel.* El hecho de beber de aquellas aguas es, al mismo tiempo, un castigo por el pecado cometido y un medio de eliminar hasta los últimos rastros del becerro de oro. Los mismos que lo mandaron fabricar deben ahora hacerse cargo de su destrucción total.21 Y dijo Moisés a Aarón: --żQué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran pecado? 22 Aarón le respondió: --No se enoje mi seńor. Tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. 23 Ellos me dijeron: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moisés, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido”. 24 Y yo les respondí: “El que tenga oro, que lo aparte”. Me lo dieron, lo eché en el fuego y salió este becerro.* Aarón se expresa como si el becerro hubiera salido del fuego por sí solo. Nótese la semejanza de su respuesta con la de Adán en Gn 3.12. Uno y otro tratan de negar su propia responsabilidad, haciendo recaer la culpa sobre otros.25 Al ver Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, pues Aarón lo había permitido, para vergüenza en medio de sus enemigos, 26 se puso a la puerta del campamento y dijo: --Quien esté de parte de Jehová, únase a mí. Y se unieron a él todos los hijos de Leví. 27 Él les dijo: --Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: “Que cada uno se cińa su espada, regrese al campamento y vaya de puerta en puerta matando cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente”. 28 Los hijos de Leví hicieron conforme a lo dicho por Moisés, y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. 29 Entonces Moisés dijo: --Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él os dé hoy la bendición.* La expresión hebrea traducida por os habéis consagrado es la que se emplea habitualmente en el AT para hablar de la consagración de los sacerdotes (cf. Ex 29.9). Según la tradición recogida en este pasaje, los levitas no son consagrados en una ceremonia ritual (Ex 29; Lv 8--9), sino que son designados para ejercer las funciones sacerdotales en razón de su apasionada lealtad al Seńor (cf. Nm 25.10-13; Dt 33.8-11).30 Aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: --Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a donde está Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. 31 Entonces volvió Moisés ante Jehová y le dijo: --Puesto que este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse dioses de oro, 32 te ruego que perdones ahora su pecado, y si no, bórrame del libro que has escrito.* Véase 32.9-14 n. Del libro que has escrito: alusión a la costumbre de anotar en un registro los nombres de los ciudadanos de una ciudad o de un país (Ez 13.9; cf. 2 S 24.2-9; Jer 22.30). De acuerdo con esta analogía, aquí se atribuye a Dios un libro en el que están escritos los nombres de las personas vivas. Ser borrado de ese libro era lo mismo que morir; de ahí el nombre de libro de la vida (Sal 69.28; Ap 3.5). Véanse Sal 56.8 nota h; 139.16 n.33 Jehová respondió a Moisés: --Al que peque contra mí, lo borraré yo de mi libro. 34 Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho. Mi ángel irá delante de ti, pero en el día del castigo, los castigaré por su pecado.* Mi ángel irá delante de ti: Aquí se vuelve a repetir la promesa de Ex 23.20. Pero el pecado del pueblo y la ruptura del pacto (cf. v. 19) han modificado radicalmente la relación de Dios con Israel (cf. v. 10). Por eso, el ángel o mensajero ya no será el signo de la presencia especial de Jehová entre los israelitas (cf. Ex 33.3), sino que pondrá una cierta distancia entre ambos. Una presencia demasiado cercana del Seńor terminaría, en efecto, por destruir al pueblo pecador (Ex 33.5).35 Y Jehová hirió al pueblo a causa del becerro que hizo Aarón.