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Éxodo 24 24 de 40 capítulos

Moisés y los ancianos en el Monte Sinaí

1 Dijo Jehová a Moisés: --Sube ante Jehová, junto con Aarón, Nadab, Abiú y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis de lejos.* Nadab y Abiú eran hijos de Aarón (Ex 6.23); los ancianos representaban a todo el pueblo. Véase Ex 3.16 nota p.2 Pero solo Moisés se acercará a Jehová; que ellos no se acerquen ni suba el pueblo con él. 3 Moisés fue y le contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes. Y todo el pueblo respondió a una voz: --Cumpliremos todas las palabras que Jehová ha dicho.* El compromiso de fidelidad al Seńor, por parte del pueblo, es esencial para la celebración del Pacto (cf. Ex 19.8; Dt 5.27). En este v., el pueblo responde al anuncio hecho por Moisés de viva voz; en el v. 7, a la lectura del libro del pacto.4 Entonces Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mańana edificó un altar y doce columnas al pie del monte, una por cada tribu de Israel.* En el rito de celebración del pacto, el altar representa al Seńor. Las columnas son, simbólicamente, testigos y recuerdo o memorial del pacto allí celebrado. Cf. Gn 31.44-53; Jos 4.7; 24.27.5 Luego envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en tazones y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. 7 Después tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: --Obedeceremos y haremos todas las cosas que Jehová ha dicho. 8 Entonces Moisés tomó la sangre, la roció sobre el pueblo y dijo: --Esta es la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.* Cf. Mt 26.28; Mc 14.24; Lc 22.20; 1 Co 11.25; Heb 9.19-20; 10.29. La sangre rociada por partes iguales sobre el altar y sobre el pueblo (Ex 24.6,8) establece un vínculo indisoluble y una comunidad de vida entre el Seńor y su pueblo. De este modo, el pacto queda solemnemente establecido.9 Subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, junto con setenta de los ancianos de Israel, 10 y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.* El hecho de ver al Dios de Israel sin padecer ningún dańo es algo completamente inusual en el AT porque ningún ser humano puede ver a Dios y seguir viviendo (véase Ex 3.6 nota e.)11 Pero no extendió su mano contra los príncipes de los hijos de Israel: ellos vieron a Dios, comieron y bebieron.** Pero no extendió su mano: es decir, no les hizo dańo.La alianza de Isaac con Abimelec (Gn 26.26-31) y la de Jacob con Labán (Gn 31.54) son ratificadas igualmente con una comida en común.12 Entonces Jehová dijo a Moisés: --Sube a mí al monte y espera allá, y te daré tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para enseńarles. 13 Se levantó Moisés junto con Josué, su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. 14 A los ancianos les dijo: --Esperadnos aquí hasta que volvamos. Aarón y Hur estarán con vosotros; el que tenga algún asunto, acuda a ellos. 15 Entonces Moisés subió al monte. Una nube cubrió el monte, 16 y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí. La nube lo cubrió por seis días, y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. 17 La apariencia de la gloria de Jehová era, a los ojos de los hijos de Israel, como un fuego abrasador en la cumbre del monte. 18 Moisés entró en medio de la nube y subió al monte. Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.* Cf. Dt 9.9. Cuarenta: Véase Gn 7.12 n. Aquí se interrumpe este relato y continúa en Ex 32.