3. EL PACTO DE DIOS EN EL SINAÍ (19.1--24.18)
Israel en Sinaí
1 Al tercer mes de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo día, llegaron al desierto de Sinaí.* Los israelitas llegan al desierto de Sinaí y no partirán de allí hasta el momento indicado en Nm 10.11-12. La permanencia en el Sinaí abarca entonces la parte final de Éxodo, todo Levítico y el comienzo de Números.2 Habían salido de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Israel acampó allí frente al monte,* Frente al monte: Véase Ex 3.1 n.3 y Moisés subió a encontrarse con Dios. Jehová lo llamó desde el monte y le dijo: --Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: 4 “Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí.** Vosotros visteis: Cf. Dt 29.2.Sobre alas de águila: Cf. Dt 32.11.5 Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra.** Mi pacto: Un pacto o alianza puede ser un acuerdo entre dos personas o grupos de personas situados en un plano de igualdad (Gn 31.44; 1 R 15.19), o bien puede ser ofrecido o impuesto por un superior a un inferior. En este último caso, el superior exige lealtad a su aliado y se obliga, al mismo tiempo, a protegerlo, como en el pacto de Josué con los gabaonitas (Jos 9.8,15). El pacto de Jehová con Israel se asemeja a esta segunda forma. El Seńor se presenta a sí mismo como el libertador de su pueblo (v. 4) y lo invita a participar de su pacto. Israel, por su parte, reconoce el derecho de Dios a ser su soberano y se compromete a cumplir lo que el Seńor le ordena (v. 8; Ex 24.3). De este modo se cumple la promesa de Ex 6.7: Os tomaré como mi pueblo y seré vuestro Dios. Véase Gn 9.8-11 n.Mi especial tesoro: lit. mi propiedad exclusiva. El término hebreo correspondiente a esta expresión sugiere la idea de algo muy precioso que uno reserva para sí con especial carińo. Cf. Dt 7.6; 14.2; 26.18; Sal 135.4; Mal 3.17; cf. también Tit 2.14.6 Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.* Gente santa: otra posible traducción: un pueblo consagrado a mí. En el lenguaje bíblico, el adjetivo santo evoca la idea de separación del uso común y profano. Israel es un pueblo que habita confiado y no se cuenta entre las naciones (Nm 23.9), un pueblo que rinde culto al verdadero Dios. Cf. 1 P 2.9; Ap 1.6.7 Entonces regresó Moisés, llamó a los ancianos del pueblo y expuso en su presencia todas estas palabras que Jehová le había mandado. 8 Todo el pueblo respondió a una diciendo: --Haremos todo lo que Jehová ha dicho. Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo, 9 y Jehová le dijo: --Yo vendré a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y así te crean para siempre. Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová, 10 y Jehová le dijo: --Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mańana. Que laven sus vestidos 11 y estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Jehová descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. 12 Seńalarás límites alrededor del pueblo, y dirás: “Guardaos, no subáis al monte ni toquéis sus límites; cualquiera que toque el monte, de seguro morirá”. 13 No lo tocará mano alguna, porque será apedreado o muerto a flechazos; sea animal o sea hombre, no quedará con vida. Cuando resuene la bocina, subirán al monte.* Citado en Heb 12.18-20. La bocina (heb. shofar, que a veces se traduce por trompeta), tenía un carácter ceremonial y se tocaba en las grandes festividades religiosas (cf. Lv 25.9; Jos 6.4-20; Jue 6.34; 2 S 6.15; Sal 47.5). Los judíos la usan todavía en sus celebraciones religiosas.14 Descendió, pues, Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo y ellos lavaron sus vestidos. 15 Dijo al pueblo: --Estad preparados para el tercer día, y absteneos de mujer. 16 Aconteció que al tercer día, cuando vino la mańana, hubo truenos y relámpagos, una espesa nube cubrió el monte y se oyó un sonido de bocina muy fuerte. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció.* Truenos: Cf. Ap 4.5, y véase Ex 9.23 nota d.17 Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios, y ellos se detuvieron al pie del monte. 18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio del fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía violentamente.* Cf. Dt 4.11-12; 5.4.19 El sonido de la bocina se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz de trueno. 20 Descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte. Llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. 21 Jehová dijo a Moisés: --Desciende y ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. 22 Que también se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga entre ellos estrago. 23 Moisés dijo a Jehová: --El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: “Seńala límites al monte y santifícalo”. 24 Pero Jehová le dijo: --Ve, desciende, y luego subirás junto con Aarón; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir adonde está Jehová, no sea que haga entre ellos estrago. 25 Entonces Moisés descendió, y se lo dijo al pueblo.
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