Consagración de los primogénitos
1 Jehová habló a Moisés y le dijo: 2 «Conságrame todo primogénito. Todo lo que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, mío es».* Esta ley se asocia a la Pascua en razón de la décima plaga, que abatió a los primogénitos de Egipto pero no afectó a los primogénitos de Israel. Esta ley se cita en Lc 2.23. Cf. además Ex 22.29-30; 34.19-20; Nm 3.13.3 Moisés dijo al pueblo: «Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis cosa leudada. 4 Vosotros salís hoy, en el mes de Abib.* Abib: Véase Ex 12.2 n.5 Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás esta celebración en este mes. 6 Siete días comerás pan sin leudar, pero el séptimo día será fiesta para Jehová. 7 Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no tendrás contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu territorio. 8 En aquel día lo explicarás a tu hijo diciendo: “Se hace esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto”. 9 Te será como una seńal en la mano y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca, por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto.* Cf. Dt 6.6-9; 11.18-20. Este precepto, entendido al pie de la letra, dio origen al uso de las filacterias, es decir, de dos correas que sujetan una cajita con textos de la ley mosaica y que se fijan en el brazo izquierdo y en la frente. Los judíos ortodoxos las usan todavía hoy.10 Por tanto, tú guardarás este rito de ańo en ańo, a su debido tiempo. 11 »Cuando Jehová te haya llevado a la tierra del cananeo, como lo ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la haya dado, 12 dedicarás a Jehová a todo aquel que abre la matriz. Asimismo, todo primer nacido de tus animales, si es macho, será de Jehová. 13 Pero todo primogénito de asno lo redimirás con un cordero; y si no lo redimes, quebrarás su cuello. También redimirás al primogénito de tus hijos.* El asno era considerado un animal inmundo, porque no es rumiante ni tiene las pezuńas partidas (Lv 11.3). Por lo tanto, no se podía ofrecer en sacrificio; y si no se lo sustituía por otro (cf. Ex 34.20), había que matarlo sin derramar su sangre.14 Y cuando el día de mańana te pregunte tu hijo: “żQué es esto?”, le dirás: “Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; 15 y cuando se endureció el faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia. Por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos. 16 Te será, pues, como una seńal en la mano y como un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte”».
La columna de nube y de fuego
17 Luego que el faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca, pues dijo Dios: «Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y regrese a Egipto».* Véase Gn 21.32-34 n. El camino que más tarde se llamó de los filisteos bordeaba el mar Mediterráneo y es todavía el más directo entre Egipto y Palestina. Estaba protegido por una serie de guarniciones con las cuales los israelitas habrían tenido que enfrentarse si, al salir de Egipto, hubieran seguido esa ruta. De estas guarniciones aún quedan algunas ruinas.18 Por eso hizo Dios que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto del Mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de Egipto armados.* Armados: traducción poco segura de un término hebreo cuya raíz podría ser la misma que la del número cinco. Por eso, algunos traducen en cinco cuerpos o secciones (vanguardia, cuerpo principal, ala derecha, ala izquierda y retaguardia), como un ejército en orden de batalla.19 Moisés tomó también consigo los huesos de José, el cual había hecho jurar a los hijos de Israel, diciéndoles: «Dios ciertamente os visitará, y entonces os llevaréis mis huesos de aquí con vosotros».* Cf. Gn 50.25; Jos 24.32.20 Partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto. 21 Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. 22 Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.* Cf. Ex 40.34-38; Nm 9.15-23.
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