1 Dije yo en mi corazón: «Vamos ahora, te probaré con el placer: gozarás de lo bueno». Pero he aquí, esto también era vanidad.* «Vamos ahora... gozarás de lo bueno.»: Nótese que el autor no se pregunta acerca de la bondad o maldad moral de los placeres, sino acerca de su capacidad o incapacidad para colmar las aspiraciones más profundas del corazón humano. Por supuesto, también aquí la conclusión es negativa: los grandes placeres resultan tanto más decepcionantes cuanto más se había esperado de ellos (cf. Ec 2.4-11).2 A la risa dije: «Enloqueces»; y al placer: «żDe qué sirve esto?». 3 Decidí en mi corazón agasajar mi carne con vino y, sin renunciar mi corazón a la sabiduría, entregarme a la necedad, hasta ver cuál es el bien en el que los hijos de los hombres se ocupan debajo del cielo todos los días de su vida.** Cuál es el bien en el que los hijos de los hombres se ocupan: En esta expresión se resume el objeto de la «investigación» llevada a cabo por el Predicador. Él tiene especial interés en saber qué es lo bueno (lit. cuál es el bien) para el ser humano, porque sin ese conocimiento es imposible ordenar adecuadamente la propia conducta. De sus numerosas observaciones y experiencias extrae la conclusión formulada en Ec 2.24; 3.12-13,22; 5.18; 8.15; 9.7-10.Todos los días de su vida: La brevedad de la vida es otro de los temas que atraviesan todo el libro. A pesar de los muchos sinsabores que se padecen en este mundo, es bueno ver el sol y disfrutar de la dulzura de la luz (Ec 11.7); pero los seres humanos son mortales, y cuando Dios les quita el aliento de vida, tanto el necio como el sabio vuelven al polvo del que habían sido sacados (Ec 2.15-16; 3.19-20; 9.5-6; 12.1-7).4 Acometí grandes obras, me edifiqué casas, planté vińas para mí;* 1 R 7.1-12.5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos toda clase de árboles frutales. 6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. 7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. Tuve muchas más vacas y ovejas que cuantos fueron antes de mí en Jerusalén.* 1 R 4.22-23.8 Amontoné también plata y oro, y preciados tesoros dignos de reyes y de provincias. Me hice de cantores y cantoras, y de toda clase de instrumentos musicales, y gocé de los placeres de los hijos de los hombres.,*** 1 R 9.28; 10.10-22.1 R 11.3.1 R 10.23-27; 2 Cr 9.22-27.9 Fui engrandecido y prosperé más que todos cuantos fueron antes de mí en Jerusalén. Además de esto, conservé conmigo mi sabiduría.* 1 Cr 29.25.10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni privé a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón se gozaba de todo lo que hacía. Esta fue la recompensa de todas mis fatigas. 11 Miré luego todas las obras de mis manos y el trabajo que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. 12 Después volví a considerar la sabiduría, los desvaríos y la necedad; pues żqué podrá hacer el hombre que venga después de este rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. 13 He visto que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio tiene sus ojos abiertos,
mas el necio anda en tinieblas. Pero también comprendí que lo mismo ha de acontecerle al uno como al otro.* El hecho de que el sabio y el necio tengan un mismo fin tiene aquí una interpretación distinta a la que se da en Sal 49.10. Lo que para el salmista era motivo de consuelo resulta decepcionante para el Eclesiastés. Cf. Ec 9.10.15 Entonces dije en mi corazón: «Como sucederá al necio, me sucederá a mí. żPara qué, pues, me he esforzado hasta ahora por hacerme más sabio?». Y dije en mi corazón que también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado, y lo mismo morirá el sabio que el necio. 17 Por tanto, aborrecí la vida, pues la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa, por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. 18 Asimismo aborrecí todo el trabajo que había hecho debajo del sol, y que habré de dejar a otro que vendrá después de mí. 19 Y żquién sabe si será sabio o necio el que se adueńe de todo el trabajo en que me afané y en el que ocupé mi sabiduría debajo del sol? Esto también es vanidad. 20 Volvió entonces a desilusionarse mi corazón de todo el trabajo en que me afané, y en el que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. 21 ˇQue el hombre trabaje con sabiduría, con ciencia y rectitud, y que haya de dar sus bienes a otro que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y un gran mal. 22 Porque żqué obtiene el hombre de todo su trabajo y de la fatiga de su corazón con que se afana debajo del sol? 23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias, pues ni aun de noche su corazón reposa. Esto también es vanidad.* Cf. Job 14.1.24 No hay cosa mejor para el hombre que comer y beber, y gozar del fruto de su trabajo. He visto que esto también procede de la mano de Dios.* No hay cosa mejor para el hombre...: El autor se había preguntado qué es lo bueno para el hombre (véase Ec 2.3 nota b) y ahora da su respuesta. A pesar de la necedad, la injusticia y la miseria que reinan en este mundo (cf. Ec 3.16; 4.1), hay una porción de auténtica felicidad que Dios tiene reservada a los hombres: son las pequeńas alegrías de la vida cotidiana, como el comer, el beber y la satisfacción por el trabajo bien cumplido. Las referencias al goce moderado de los bienes de este mundo se repiten como un estribillo, estableciendo una cierta correspondencia con las reiteradas alusiones a la «vanidad» de la vida. Cf. Ec 3.12-13,22; 5.18; 8.15; 9.7-10.25 Porque, żquién comerá y quién se gozará sino uno mismo?* ż...sino uno mismo?: según la versión griega (LXX). Heb. ż...sino es por mí?26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, cienciań 2.26Job 32.8; Pr 2.6.y gozo; pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para dejárselo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.* Job 27.16-17; Pr 13.22.
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