1 Acuérdate de tu Creador en los días%de tu juventud,
antes que vengan los días malos,
y lleguen los ańos de los cuales digas:
«No tengo en ellos contentamiento»;
2 antes que se oscurezcan el sol y la luz,
la luna y las estrellas,
y vuelvan las nubes tras la lluvia;
3 cuando tiemblen los guardias de la casa
y se encorven los hombres fuertes;
cuando cesen de trabajar las molineras,%porque habrán disminuido,
y se queden a oscuras las que miran%por las ventanas;
4 cuando las puertas de afuera se cierren,
y se vaya apagando el ruido del molino;
cuando se escuche la voz del ave,
pero las canciones dejen de oírse;
5 cuando se tema también a las alturas,
y se llene de peligros el camino,
y florezca el almendro,
y la langosta sea una carga,
y se pierda el apetito;
porque el hombre va a su morada eterna,
y rondarán por las calles%quienes hacen duelo;
* Según algunos intérpretes, este poema sería una alegoría en la que cada metáfora corresponde a un miembro del cuerpo humano. Los guardias de la casa serían los brazos y las manos; las molineras, los dientes; las que miran por las ventanas, los ojos; las puertas de afuera, los oídos; el ruido del molino, la voz debilitada por los ańos, y así sucesivamente. Pero esta interpretación alegórica, llevada hasta el extremo, resulta demasiado artificial.6 antes que la cadena de plata se quiebre,
se rompa el cuenco de oro,
el cántaro se quiebre junto a la fuente
y la polea se rompa sobre el pozo;
7 antes que el polvo vuelva a la tierra, como era,
y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
* Según la doctrina corriente en al AT, el hombre recibe el espíritu o aliento de vida en forma provisoria (cf. Gn 2.7; 6.3). Una vez que se cumplen los contados días de su existencia, Dios toma de nuevo para sí ese aliento vital, y todo el hombre vuelve al polvo del que había sido formado (Gn 3.19; Sal 104.29; Ec 3.20-21). El autor del Eclesiastés compartía esta creencia, ya que él escribió su libro antes que surgiera en Israel la fe en la resurrección de los muertos (cf. Dn 12.1-2). Véase también Sal 6.5 n.8 «ˇVanidad de vanidades --dijo el Predicador--,
todo es vanidad!».
3. CONCLUSIÓN (12.9-14)
Resumen del deber del hombre
9 Cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseńó sabiduría al pueblo. Escuchó, escudrińó y compuso muchos proverbios. 10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables y escribir rectamente palabras de verdad. 11 Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos hincados las de los maestros de las congregaciones, pronunciadas por un pastor.* Las palabras... por un pastor: traducción probable.12 Ahora, hijo, a más de esto acepta ser amonestado. No tiene objeto escribir muchos libros; el mucho estudio es fatiga para el cuerpo.* Ahora, hijo,... amonestado: otra posible traducción: recibe además, hijo mío, esta otra advertencia, o, lo que uno saca de ellos son grandes advertencias.13 El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. 14 Pues Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, sea buena o sea mala.
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