+ AND  ·  - NOT  ·  / OR  ·  * ? wildcard  ·  "frase"

Daniel 9 9 de 12 capítulos

Oración de Daniel por su pueblo

1 «En el primer ańo de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos,* Darío... de los medos: Véase Dn 5.31 nota k.2 en el primer ańo de su reinado, yo, Daniel, miré atentamente en los libros el número de los ańos de que habló Jehová al profeta Jeremías, en los que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta ańos.* La persecución desatada contra el pueblo de Dios por Antíoco IV (cf. v. 26-27) invitaba a releer esta profecía, a fin de interpretar a la luz de ella los acontecimientos presentes.3 Volví mi rostro a Dios, el Seńor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza.* El objeto de esta oración era saber en qué momento debía cumplirse íntegramente lo anunciado por el profeta Jeremías.4 Oré a Jehová, mi Dios, e hice confesión diciendo: “Ahora, Seńor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos,* La plegaria de Daniel consta de dos partes: una confesión de los pecados colectivos del pueblo (v. 4-16) y una súplica para obtener el perdón divino, aduciendo como motivo la misericordia de Dios y no los méritos propios (v. 17-19). Cf. Neh 1.5-11; 9.6-37.5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impíamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. 6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.* No hemos obedecido... profetas: Jer 7.25-26; 25.4; 26.5.7 Tuya es, Seńor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro que en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los habitantes de Jerusalén y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. 8 Nuestra es, Jehová, la confusión de rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque contra ti pecamos. 9 De Jehová, nuestro Dios, es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado 10 y no obedecimos a la voz de Jehová, nuestro Dios, para andar en sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. 11 Todo Israel traspasó tu Ley, apartándose para no obedecer a tu voz. Por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque contra Dios pecamos.* Lv 26.14-39; Dt 28.15-68.12 Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan gran mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. 13 Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; pero no hemos implorado el favor de Jehová, nuestro Dios, y no nos hemos convertido de nuestras maldades ni entendido tu verdad. 14 Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová, nuestro Dios, en todas sus obras que ha hecho, y nosotros no obedecimos a su voz. 15 »Ahora pues, Seńor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste renombre cual lo tienes hoy, hemos pecado, hemos actuado impíamente.* Ex 20.2; Dt 6.21; Jer 32.20-21.16 Seńor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean. 17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Seńor. 18 Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.* Neh 9.17-19,27-28; Sal 51.1-4; 57.1-3; Is 54.8,10; Tit 3.5.19 ˇOye, Seńor! ˇSeńor, perdona! ˇPresta oído, Seńor, y hazlo! No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo”.

Profecía de las setenta semanas

20 »Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová, mi Dios, por el monte santo de mi Dios; 21 aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión, al principio, volando con presteza vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.* Gabriel: Véase Dn 8.16 n.22 Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. 23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseńártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.
24 »Setenta semanas están determinadas
sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad,
para terminar la prevaricación,
poner fin al pecado
y expiar la iniquidad,
para traer la justicia perdurable,
sellar la visión y la profecía
y ungir al Santo de los santos.
*
Y ungir al Santo de los santos: Algunos creen que alude a un acontecimiento que sucederá al final de los tiempos, pero a la luz del v. 27 es muy probable que se refiere a la purificación y nueva dedicación del templo de Jerusalén en tiempos de los Macabeos (165 a.C.). Para conmemorar este gran acontecimiento, Judas Macabeo instituyó la fiesta de la Dedicación (heb. hanuká) que los judíos celebran cada ańo, a lo largo de una semana. Acerca de la unción con el aceite sagrado como rito de consagración, véase Sal 2.2 n.25 Sabe, pues, y entiende
que desde la salida de la orden
para restaurar y edificar a Jerusalén
hasta el Mesías Príncipe,
habrá siete semanas%y sesenta y dos semanas;
se volverán a edificar la plaza y el muro
en tiempos angustiosos.
26 Después de las sesenta y dos semanas
se quitará la vida al Mesías,
y nada ya le quedará.
El pueblo de un príncipe que ha de venirń 9.26Un príncipe que ha de venir: el monarca helenista Antíoco IV Epífanes, que reinó entre los ańos 175 y 163 a.C. y persiguió duramente al pueblo judío u otro monarca futuro. Véase la Tabla cronológica.
destruirá la ciudad y el santuario,
su final llegará como una inundación,
y hasta el fin de la guerra
durarán las devastaciones.
27 Por otra semana más %confirmará el pacto con muchos;
a la mitad de la semana
hará cesar el sacrificio y la ofrenda.
Después, con la muchedumbre%de las abominaciones,
vendrá el desolador,%hasta que venga la consumación
y lo que está determinado
se derrame sobre el desolador”».