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Apocalipsis 9 9 de 22 capítulos

1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra. Y se le dio la llave del pozo del abismo.** Estrella: probablemente un ángel (cf. Ap 1.20; 8.10; 20.1). Cf. Is 14.12.Abismo: lugar de encierro de los espíritus malignos; cf. Ap 20.1-3.2 Abrió el pozo del abismo, y del pozo subió humo como humo de un gran horno, y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo. 3 Del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder, como el poder que tienen los escorpiones de la tierra.* Cf. la plaga de las langostas, en Ex 10.12-15, y especialmente en Jl 1--2. Aquí, sin embargo, se describen ciertos seres malignos que son como una combinación de langosta, alacrán y dragón, cuya única función es infligir dolor a la humanidad. Cf. Dt 8.15.4 Se les mandó que no dańaran la hierba de la tierra, ni cosa verde alguna ni ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuvieran el sello de Dios en sus frentes.* Sello: Véase Ap 7.3 n.5 Pero no se les permitió que los mataran, sino que los atormentaran cinco meses; y su tormento era como el tormento del escorpión cuando hiere al hombre. 6 En aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.* Jer 8.3.7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro, sus caras eran como caras humanas,* Cf. Jl 2.4.8 tenían cabello como cabello de mujer y sus dientes eran como de leones;* Cf. Jl 1.6.9 tenían corazas como corazas de hierro y el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla;* Cf. Jl 2.5.10 tenían colas como de escorpiones, y también aguijones, y en sus colas tenían poder para dańar a los hombres durante cinco meses. 11 Sobre ellos tienen como rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión.* Tanto el nombre hebreo Abadón como el griego Apolión significan Destructor.12 El primer ay pasó; pero vienen aún dos ayes después de esto.* Ap 11.14; véase 8.13 nota n. El segundo desastre corresponde a la sexta trompeta (Ap 9.13--11.14); el tercero, a la séptima (Ap 11.15).13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios,* Altar de oro: Véase Ap 8.3 n. Los altares del AT tenían en sus cuatro esquinas unas prominencias llamadas cuernos. Cf. Ex 37.25-26; 38.1-2; 1 R 1.50ss; Sal 89.18.14 la cual decía al sexto ángel que tenía la trompeta: «ˇDesata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates!».* El río Éufrates era considerado el límite oriental del imperio romano; más allá estaban las naciones enemigas (cf. Is 7.20; 8.7).15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y ańo, a fin de matar la tercera parte de los hombres. 16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era de doscientos millones. Yo oí su número. 17 Así vi en visión los caballos y sus jinetes, que tenían corazas de fuego, zafiro y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre.** Cf. la visión de las langostas en 9.2-10.El fuego, humo y azufre, además de evocar la imagen tradicional de un dragón (cf. Ap 20.2), sugieren el carácter infernal de los caballos monstruosos (cf. Ap 14.10; 19.20; 21.8).18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, 19 pues el poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas, porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con ellas dańan. 20 Los demás hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a las imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cuales no pueden ver ni oir ni andar.ń 9.20Sal 115.4-8; 135.15-18; cf. Is 44.9-20; Dn 5.23. 21 No se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos.