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Apocalipsis 11 11 de 22 capítulos

Los dos testigos

1 Entonces me fue dada una cańa semejante a una vara de medir y se me dijo: «Levántate y mide el templo de Dios y el altar y a los que adoran en él.* Cf. Ez 40.3; Zac 2.1-2. La medición del templo debe entenderse como signo de la protección especial de Dios a su pueblo. El templo de Jerusalén ya había sido destruido en el ańo 70 d.C. por el ejército romano.2 Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles. Ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.** La ciudad santa: Jerusalén. Cf. Is 63.18; Dn 8.13; Lc 21.24.Cuarenta y dos meses: Ap 13.5; equivale a 1260 días (v. 3; Ap 12.6) o tres ańos y medio (Ap 12.14), que es la mitad de siete ańos. Así como el número siete simboliza lo perfecto y completo, la mitad simboliza lo contrario; véase Ap 1.4 nota h, y cf. Dn 7.25; 12.7.3 Y ordenaré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos con ropas ásperas».*** Los dos testigos no son identificados; sus características corresponden en parte a las del gobernante Zorobabel y el sacerdote Josué (Zac 3.1--4.14), y en parte a las de Elías y Moisés (véanse 11.6 y notas correspondientes), pero aquí parecen representar al pueblo de Dios en su condición de testigo-mártir.Mil doscientos sesenta días: Véase 11.2 nota c.Ropas ásperas: o cilicio. Los testigos estaban vestidos con ropas ásperas como símbolo de su llamado a la conversión.4 Estos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que están de pie delante del Dios de la tierra.* Alusión a Zac 4.1-3,11-14.5 Si alguno quiere dańarlos, sale fuego de la boca de ellos y devora a sus enemigos; si alguno quiere hacerles dańo, debe morir de la misma manera. 6 Estos tienen poder para cerrar el cielo a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas, para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quieran.** A fin de que no llueva...: Cf. la acción de Elías en 1 R 17.1, cuando la sequía duró un tiempo igual al que se anuncia aquí en 11.3 (cf. Lc 4.25; Stg 5.17).Para convertirlas en sangre: Cf. la acción de Moisés en Ex 7.17-24.7 Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, los vencerá y los matará.** La bestia: Cf. Ap 13.1-7; 17.8, y también Dn 7.7,21.Del abismo: Véase Ap 9.1 nota b.8 Sus cadáveres estarán en la plaza de la gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Seńor fue crucificado.* La gran ciudad... donde... nuestro Seńor fue crucificado: es decir, Jerusalén, que aquí aparece como la ciudad rebelde a Dios por excelencia. Por eso se identifica con Sodoma y con Egipto, lugares de perversión e idolatría. Cf. Is 1.10; 3.9.9 Gentes de todo pueblo, tribu, lengua y nación verán sus cadáveres por tres días y medio y no permitirán que sean sepultados. 10 Los habitantes de la tierra se regocijarán sobre ellos, se alegrarán y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra. 11 Pero después de tres días y medio el espíritu de vida enviado por Dios entró en ellos, se levantaron sobre sus pies y cayó gran temor sobre los que los vieron.* El espíritu de vida... entró en ellos, se levantaron sobre sus pies: cf. Ez 37.5,10.12 Entonces oyeron una gran voz del cielo, que les decía: «ˇSubid acá!». Y subieron al cielo en una nube, y los vieron sus enemigos.* 2 R 2.11.13 En aquella hora hubo un gran terremotoń 11.13Ap 6.12; 16.18.y la décima parte de la ciudad se derrumbó. Por el terremoto murieron siete mil hombres. Los demás se aterrorizaron y dieron gloria al Dios del cielo.* Dieron gloria al Dios del cielo: o alabaron a Dios; Ap 14.7; 15.4.14 El segundo ay pasó. He aquí que el tercer ay viene pronto.* Ap 9.12; véase 8.13 nota n.

La séptima trompeta

15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían:
«Los reinos del mundo han venido a ser
de nuestro Seńor y de su Cristo;
y él reinará
por los siglos de los siglos».
*
Ap 10.7. Cf. Dn 2.44; 7.14,27; cf. también Ex 15.18.16 Los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios,* Cf. Ap 4.9-11, donde se presenta una escena semejante a la de 11.16-18.17 diciendo:
«Te damos gracias,%Seńor Dios Todopoderoso,
el que eres, que eras y que has de venir,
porque has tomado tu gran poder
y has reinado.
18 Las naciones se airaron%y tu ira ha venido:
el tiempo de juzgar a los muertos,
de dar el galardón%a tus siervos los profetas,
a los santos y a los que temen tu nombre,
a los pequeńos y a los grandes,
y de destruir a los que destruyen la tierra».
19 El templo de Dios fue abierto en el cielo, y el Arca de su pacto se dejó ver en el templo. Hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y granizo grande.*** El Arca de su pacto simbolizaba la presencia de Dios entre su pueblo (Ex 25.10-22; cf. Ap 21.3,22).Voces: o estruendos.Ap 8.5; 16.18-21.