David y Betsabé
1 Aconteció al ańo siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, junto a sus siervos y a todo Israel, y ellos derrotaron a los amonitas y sitiaron a Rabá, mientras David se quedó en Jerusalén.*** Joab: Véase 2 S 2.13 nota k.Rabá: capital del reino de Amón, al este del río Jordán. Cf. 2 S 12.26-31; véase Índice de mapas.1 Cr 20.1. El hecho de que David no saliera a combatir indica que su reinado ya había entrado en una nueva etapa. Ahora se trataba de consolidar el reino, y esto exigía que él no se ocupara solamente de combatir, sino de cumplir con sus funciones de gobernante.2 Un día, al caer la tarde, se levantó David de su lecho, y se paseaba sobre el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado a una mujer que se estaba bańando, la cual era muy hermosa. 3 Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: «Aquella es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el heteo».** Betsabé, hija de Eliam: Según 2 S 23.34, Ahitofel, el consejero de David y luego de Absalón (2 S 16.23), tenía un hijo llamado Eliam, que era soldado de David, al igual que Urías. No es seguro, sin embargo, que él haya sido el padre de Betsabé.Urías es un nombre hebreo, que significa Jah (abreviatura de Jehová), es mi luz. Como Jehová es el nombre propio del Dios de Israel, no es probable que el esposo de Betsabé haya sido un extranjero al servicio de David, aunque quizá pertenecía a una familia hetea radicada desde hacía tiempo en Israel. Acerca de los heteos en la época bíblica, véase Jos 1.4 n.4 Envió David mensajeros que la trajeran, y la tomó; cuando llegó, él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y regresó a su casa.* El texto no dice nada sobre la actitud o los sentimientos de Betsabé. No aclara, p.e., si fue víctima o cómplice de David, o las dos cosas a la vez. Su pasividad en aquella circunstancia contrasta con la entereza manifestada en 1 R 1.11-31.5 La mujer concibió y mandó a decir a David: «Estoy encinta». 6 Entonces David envió a decir a Joab: «Envíame a Urías, el heteo». Y Joab envió a Urías a David. 7 Cuando Urías llegó ante él, David le preguntó por la salud de Joab, por la salud del pueblo y por la marcha de la guerra. 8 Después dijo David a Urías: «Desciende a tu casa, y lava tus pies». Cuando Urías salió de la casa del rey, le enviaron un presente de la mesa real. 9 Pero Urías durmió a la puerta de la casa del rey, con todos los guardias de su seńor, y no descendió a su casa. 10 Le hicieron saber esto a David diciendo: «Urías no ha descendido a su casa». Entonces David dijo a Urías: --żAcaso no vienes de viaje? żPor qué, pues, no descendiste a tu casa? 11 Urías respondió a David: --El Arca, Israel y Judá habitan bajo tiendas; mi seńor Joab y los siervos de mi seńor, en el campo; żcómo iba yo a entrar en mi casa para comer y beber, y dormir con mi mujer? ˇPor vida tuya y por vida de tu alma, nunca haré tal cosa!*** Arca: Véase Ex 25.10-22 n. Esta es la última indicación de la presencia del Arca en el campo de batalla.Habitan bajo tiendas: otra posible traducción: están en Sucot.La pureza ritual era un requisito para combatir las guerras del Seńor (cf. Ex 19.15; Lv 15.18; Dt 23.9-14; 1 S 21.4-5).12 David dijo entonces a Urías: --Quédate aquí hoy también, y mańana te despediré. Se quedó Urías aquel día y el siguiente en Jerusalén. 13 David lo convidó a comer y a beber con él hasta embriagarlo. Por la tarde salió a dormir en su cama, junto a los guardias de su seńor; pero no descendió a su casa. 14 A la mańana siguiente, escribió David una carta a Joab, la cual envió por mano de Urías. 15 En ella decía: «Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y alejaos de él, para que sea herido y muera». 16 Así, cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17 Salieron los de la ciudad y pelearon contra Joab; cayeron algunos del ejército de los siervos de David, y murió también Urías, el heteo. 18 Entonces Joab mandó a comunicar a David todos los asuntos de la guerra. 19 Y dio esta orden al mensajero: «Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra, 20 si el rey comienza a enojarse, y te dice: “żPor qué os habéis acercado tanto a la ciudad para combatir? żNo sabíais lo que suelen tirar desde el muro? 21 żQuién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? żNo arrojó una mujer desde el muro un pedazo de rueda de molino, y murió él en Tebes? żPor qué os habéis acercado tanto al muro?”. Entonces tú le dirás: “También tu siervo Urías, el heteo, ha muerto”».** Jerobaal: Heb. Jeroboset. Véase 2 S 2.8 nota h.Molino: Cf. Jue 9.53.22 Partió el mensajero y, al llegar, contó a David todo aquello que Joab le había mandado. 23 Dijo el mensajero a David: --Pudieron más que nosotros los hombres que salieron al campo en contra nuestra, bien que les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta; 24 pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; también murió tu siervo Urías, el heteo. 25 David respondió al mensajero: --Así dirás a Joab: “No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad, hasta que la rindas”. Y tú aliéntale. 26 Al oir la mujer de Urías que su marido Urías había muerto, hizo duelo por él. 27 Pasado el luto, envió David por ella, la trajo a su casa y la hizo su mujer; ella le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová.ń 11.27Esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová: Aquí y en otras dos oportunidades (12.24; 17.14), el narrador de 2 S 11--20 introduce breves comentarios para poner de manifiesto la presencia y la acción de Dios en los hechos relatados. En realidad, es el Seńor el que conduce el curso de los acontecimientos conforme a sus designios. Pero no por eso los personajes del relato quedan privados de su responsabilidad o de su capacidad de decisión. Si así lo hubiera pensado, el autor no habría puesto tanto empeńo en narrar, con realismo y profunda sensibilidad humana, las acciones de hombres y mujeres, y las consecuencias positivas o nefastas de esas acciones.* Pasado el luto: Véase 1 S 31.13 n.
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