Judá es librado de Senaquerib
1 Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos, se cubrió con vestiduras ásperas y entró en la casa de Jehová. 2 Y envió a Eliaquim, el mayordomo, a Sebna, el escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de ropas ásperas, a ver al profeta Isaías hijo de Amoz,* Esta es la primera vez que se menciona al profeta Isaías en el libro de Reyes, aunque venía ejerciendo su actividad profética desde mucho tiempo antes (véase Is 6.1 nota b; cf. 7.3). La consulta a los profetas, en tiempos de guerra, era una costumbre habitual en el antiguo Oriente (1 R 22.6-23; 2 R 3.11; Jer 21.1-2; cf. 2 R 6.8-12). Véase también Ez 21.21 n.3 para que le dijeran: «Así ha dicho Ezequías: “Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia, porque los hijos están a punto de nacer y la que da a luz no tiene fuerzas.** Isaías se había opuesto a la rebelión de Ezequías contra el rey de Asiria, criticando sus intentos de entrar en alianza con Egipto (Is 30.1-5; 31.1-3). Además, había anunciado que Asiria era un instrumento de Jehová para castigar a Judá por sus pecados (Is 10.5-6; cf. 7.17).La que da a luz no tiene fuerzas: Esta sugestiva imagen indica el estado de postración en que había caído Judá a causa de la invasión de Senaquerib (cf. Os 13.13).4 Quizá oirá Jehová, tu Dios, todas las palabras del copero mayor, a quien el rey de los asirios, su seńor, ha enviado para blasfemar contra el Dios viviente y para insultar con palabras, las cuales Jehová, tu Dios, ha oído. Por tanto, eleva una oración por el remanente que aún queda”». 5 Cuando los siervos del rey Ezequías llegaron a ver a Isaías, 6 este les respondió: «Así diréis a vuestro seńor: Así ha dicho Jehová: “No temas por las palabras que has oído, con las cuales han blasfemado contra mí los siervos del rey de Asiria. 7 Mira, voy a poner en él un espíritu, oirá un rumor, se volverá a su tierra y allí le haré caer a espada”».* Cf. 2 R 19.35-36.8 El copero mayor regresó y se encontró al rey de Asiria combatiendo contra Libna, pues oyó que se había ido de Laquis.* Algunos comentaristas piensan que esta sección se refiere a una segunda campańa de Senaquerib contra Judá, cerca del 688 a.C. Otros, en cambio, ponen en duda la existencia de esta segunda campańa, ya que para esa fecha el rey asirio estaba ocupado en someter a los grupos rebeldes de Babilonia.9 Allí el rey de Siria se enteró de que Tirhaca, rey de Etiopía, había salido para hacerle guerra, y volvió a enviar embajadores a Ezequías diciendo:* Tirhaca reinó en Egipto entre el 685 y el 664 a.C. En el ańo 701 a.C. aún no había ascendido al trono de Egipto, pero tenía bajo su mando las tropas egipcias que operaban en Palestina contra Senaquerib. Aquí y en Is 37.9 se habla de Tirhaca, rey de Etiopía, porque él fue el tercero y último rey de una dinastía de origen etíope.10 «Así diréis a Ezequías, rey de Judá: “Que no te engańe el Dios en quien tú confías, diciéndote: ‘Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria’. 11 Has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras que han destruido. żVas a escapar tú? 12 żAcaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, a Gozán, Harán, Resef, y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13 żDónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?”».* Véase 2 R 18.35 n.14 Ezequías tomó la carta de manos de los embajadores. Después de leerla subió a la casa de Jehová y la extendió delante de Jehová.* Delante de Jehová: es decir, ante el Arca del pacto, como parece indicarlo la mención de los querubines en el v. siguiente (cf. 2 S 7.18).15 Entonces oró Ezequías delante de Jehová diciendo: «Jehová, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste el cielo y la tierra.** Querubines: Ex 25.18-22; 1 S 4.4; Sal 80.1; Is 37.16; Ez 1.26-28.Esta confesión de fe en Jehová, Dios único y universal, se opone a la falsa idea que los asirios tenían del Seńor (cf. 2 R 18.35).16 Inclina, Jehová, tu oído y oye; abre, Jehová, tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha enviado a decirme para blasfemar contra el Dios viviente. 17 Es verdad, Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras, 18 y que han echado al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos humanas, de madera o de piedra, y por eso los destruyeron.* Obra de manos humanas, de madera o de piedra: Véase Sal 115.4-8 n.; cf. también Dt 4.28; Jer 2.27; 3.9.19 Ahora, pues, Jehová, Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de sus manos, para que sepan todos los reinos de la tierra que solo tú, Jehová, eres Dios».* Que sepan todos los reinos... eres Dios: Cf 1 R 8.60.20 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: «Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: He oído lo que me pediste acerca de Senaquerib, rey de Asiria. 21 Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él:
“La virgen, hija de Sión, %te menosprecia, se burla de ti;
a tus espaldas mueve su cabeza%la hija de Jerusalén.
22 żA quién has insultado%y contra quién has blasfemado?,
żcontra quién has alzado la voz,
y levantado altanero tus ojos?
Contra el Santo de Israel.
* El Santo de Israel: Véase Is 1.4 n.23 Por medio de tus mensajeros
has insultado a Jehová
y has dicho: ‘Con la multitud de mis carros
he subido a las alturas de los montes,
a lo más inaccesible del Líbano;
cortaré sus altos cedros,
sus cipreses más escogidos;
me alojaré en sus más remotos lugares,
en el bosque de sus feraces campos.
24 He cavado y bebido las aguas extrańas,
he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto’.ń 19.23-24Los cedros del Líbano (véanse 1 R 7.2 n.; Jer 22.6 n.) y los ríos de Egipto, es decir, el Nilo y los canales del Delta (cf. Ez 29.3), eran fuente de riqueza y motivo de orgullo para aquellos países. Cedros y cipreses: Véase Is 37.24 n.
25 żPero nunca oíste que%desde tiempos antiguos yo lo hice,
y que desde los días de la antigüedad%lo tengo ideado?
Pues ahora lo he hecho venir:
Tú causarás desolaciones,
y reducirás las ciudades fortificadas%a montones de escombros.
* Cf. Is 10.5-15.26 Sus habitantes, impotentes,
fueron acobardados y confundidos;
vinieron a ser como la hierba del campo,
como hortaliza verde,
como heno de los terrados,
que se marchita antes de madurar.
27 He conocido tu situación,
todos tus movimientos,
y tu furor contra mí.
28 Por cuanto te has airado contra mí,
por cuanto tu arrogancia%ha subido a mis oídos,
voy a poner mi garfio en tu nariz
y mi freno en tus labios,
y te haré volver por el camino%por donde viniste.
29 »Esto te daré por seńal, Ezequías:
Este ańo comeréis lo que nacerá de suyo,
y el segundo ańo lo que nacerá de suyo.
Al tercer ańo sembraréis y segaréis,
plantaréis vińas%y comeréis el fruto de ellas.
* Esto te daré por seńal: Cf. Ex 3.12; 2 R 20.8-9; Is 7.10-11.30 Lo que haya escapado,
lo que haya quedado de la casa de Judá,
volverá a echar raíces por debajo
y llevará frutos por arriba.
31 Porque de Jerusalén saldrá un resto,
y del monte Sión los que se salven.
El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
32 »Por tanto, así dice Jehová%acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad,
ni lanzará flechas en ella;
ni la enfrentará con escudo,
ni levantará contra ella un baluarte.
33 Por el mismo camino que vino, volverá,
y no entrará en esta ciudad, dice Jehová.
34 Porque yo ampararé esta ciudad%para salvarla,
por amor a mí mismo,
y por amor a David, mi siervo”». 35 Aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. A la hora de levantarse por la mańana, todo era cuerpos de muertos.* Aquella misma noche: Esta expresión evoca la noche que precedió a la salida de los israelitas de Egipto (Ex 12.12). El ángel de Jehová: Véanse Gn 16.7 n.; Ex 3.2 n.; cf. 12.23,29. El ejército asirio debió retirarse precipitadamente, tal vez a causa de una terrible epidemia (cf. 2 S 24.15).36 Entonces Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó a Nínive, donde se quedó. 37 Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo hirieron a espada y huyeron a tierra de Ararat. En su lugar reinó Esar-hadón, su hijo.* Senaquerib fue asesinado veinte ańos después, en el 681 a.C. La región de Ararat, llamada Urartu por los asirios, se encontraba en lo que hoy es Armenia.
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